El Renuevo o la Restauración a la Imagen de Dios

Por: Héctor E. Contreras.

Isaías 4:2 y Juan 15:15.

Cuando los discípulos de Cristo formaron el Concilio de Jerusalén, para tratar el asunto de la circuncisión, luego de la intervención de Pedro, Pablo y otros, Jacobo, uno de ellos, dijo las siguientes palabras: “Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: (Después de esto volveré Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; Y volveré a levantar, Para que el resto de los hombres busque al Señor, Y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre)”, Hechos 15:14-17. Cuando Jacobo cita las palabras del A.T., trata sobre la salvación de los gentiles. La reconstrucción y la restauración del tabernáculo de David, significa la edificación de la Iglesia, que al principio sólo estaba integrada por judíos, pero ahora incluía al los pueblos gentiles. La Iglesia es el vehículo a través del cual los gentiles podemos conocer a Dios. El profeta Amos, en su libro, habla también sobre la restauración del tabernáculo de David. Él dice: “En aquel día”, 9:11. En realidad, ¿Qué era el tabernáculo de David? Simplemente era una cabaña o choza construida con ramas de árboles. El profeta anuncia que Dios cerrará sus portillos, luego levantará sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado. Amados/as, hoy es el día ideal para ser restaurados conforme a los propósitos de Dios para cada vida. Si somos reedificados o restaurados por el poder de Dios, nuestra vida es eterna.

El mundo actual está como estaba el tabernáculo de David, en ruinas y necesita ser levantado con cimientos de fuerza consolidada por el Poder restaurador de Dios. Dios busca hombres y mujeres que estén en disposición de ser restaurados conforme a su imagen y semejanza. El verso 14 de Amós 9, dice: “Y Traeré del cautiverio a mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán, plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de ellos”. En otras palabras, Dios mismo nos dice que, su pueblo, entiéndase Israel, pero también abarca a cada persona que ha confesado a Jesucristo, plantarán sus tierras y disfrutarán de todo lo sembrado. Es el tiempo de plantar y disfrutar de toda nuestra labor.

A través del profeta Jeremías, Dios nos dice: “He aquí que vienen días, dice el Señor, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra”, Jeremías 23:5.

Vienen días, cuando mi Renuevo, es decir, Jesucristo , quien según el verso 9, citado más arriba, será nuestro Rey, también nuestro Salvador. Son las mismas palabras del versículo 2 de nuestro encabezamiento, cuando dice: “En aquel tiempo, el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel”. Es por medio de este Renuevo que seremos restaurados por el Poder de su Sangre y la comunión con el Espíritu Santo de Dios que nos fue dado por el mismo Juesucristo, cuando dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”, Juan 14:16. OTRO, del griego “allos”. Alguien que está junto a uno, otro de la misma clase. La palabra equivale a similitudes, pero de igual modo, pone también de manifiesto diversidad de funciones y ministerios. El uso que nuestro Señor Jesús hace de “ellos” para referirse a otro Consolador equivale a ¨uno junto a mí¨, además de mí, aunque exactamente igual a mí, que en mi ausencia hará lo que yo haría si estuviera físicamente presente con ustedes. La venida del Espíritu Santo asegura la continuidad de lo que Jesús hizo y enseñó.

El tabernáculo de David representa la restauración del compañerismo con Dios, que se perdió en el Edén. La analogía del renuevo, simboliza la restauración de la imagen de Dios: la santidad y el vínculo familiar con Dios, por medio de Jesucristo. Cuando el profeta Isaías, en el versículo dos del capítulo cuatro, habla del “renuevo de Jehová”, que florecerá en el futuro, se refiere a Cristo. El renuevo es Cristo, la cabeza de la verdadera Iglesia, integrada por hombres y mujeres que han recibido la salvación y el nuevo nacimiento, por la gracia a través de la fe. Jesús se identificó a sí mismo como la vid. “Yo soy la vid, y vosotros los pámpanos, el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”, Juan 15:5. Él es la vid, nosotros los pámpanos. En muchos lugares, las Escrituras denotan que, en Jesucristo, Dios restaura a su pueblo al vínculo padre-hijo, roto por la desobediencia de Adán. Todos los que en Él creen son retornados a la casa de Dios, es lo descrito por el apóstol Pablo en su carta a los Efesios, cuando escribió: ¨Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios¨, Efesios 2:19.

También somos conformados a su imagen, según Romanos 8:29, que reza así: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos”.

El tabernáculo de David fue establecido poco tiempo después de este suceder a Saúl como rey. El arca del pacto, que representa la presencia y el poder de Dios, había sido capturada por los filisteos. Tras una serie de plagas, estos la devolvieron a Quiriat-jearim, donde se la colocó en casa de Abinadab, I-Samuel 4:1-7:1. El anhelo ardiente de David era tener a su lado, y junto al pueblo de Israel, la manifiesta presencia de Dios, por lo cual hizo retornar el arca a Jerusalén, colocándola en una tienda sobre el Monte de Sion, I-Samuel 6:1. Antes de su captura, el arca estaba situada en el tabernáculo de Moisés, en su habitación más sagrada, llamado el Lugar Santísimo. Sólo el sumo sacerdote tenía acceso a este lugar, siendo el único que podía salpicar su cubierta una vez al año con la sangre de un animal sacrificado, Hebreos 9:1-7.

El pueblo podía aproximarse solamente al atrio externo del tabernáculo, para presentar sus sacrificios y adorar a Dios.

Todos estos rituales quedaron en el pasado, cuando Cristo murió, estando en la cruz del monte Calvario, la Biblia dice que el velo del templo se abrió en dos, siendo un milagro asombroso, ya que al abrirse lo hizo de arriba hacia abajo, dando a entender al mundo, a los religiosos, principalmente, que Jesucristo efectuó la transformación gloriosa para la humanidad, al entregar su vida para morir en aquel lugar de dolor. Hoy, todos podemos adorar a Dios sin tener que presentar ningún tipo de sacrificio, porque el verdadero sacrificio es Jesucristo el Señor. Cada persona puede entrar al Lugar Santísimo sin ningún temor, por medio de Jesucristo. !Bendito y alabado sea Dios!

Es un tiempo hermoso para que cada vida sea restaurada por el Poder de Dios, por medio de la Sangre del Cordero de Dios y la comunión con el Poder del Espíritu Santo de Dios. Bendigo a cada familia, a nuestro pueblo todo, en el nombre glorioso de Cristo Jesús.

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