Conquistar un Mundial es extraordinariamente difícil. Mantenerse en la élite después de hacerlo lo es todavía más. España ya sabe cómo levantar una Copa del Mundo. Lo hizo en 2010 y lo ha vuelto a conseguir en 2026. Sin embargo, la gran lección que dejó aquella generación dorada no fue únicamente cómo ganar, sino también qué errores no deben repetirse para que un ciclo vencedor no se agote antes de tiempo.
La media de edad de la España campeona del mundo en 2026 es de 25,2 años, una cifra prácticamente ideal para competir al máximo nivel. No es una excepción. Alemania conquistó el Mundial de 2014 con una media de 26,3 años, Francia hizo lo propio en 2018 con 26 años y Argentina alcanzó la gloria en Catar 2022 con una plantilla todavía más madura. Los campeones del mundo suelen encontrarse en esa franja en la que juventud y experiencia conviven en equilibrio. La edad, por tanto, nunca ha sido el problema.
El verdadero desafío llega después. España también conquistó Sudáfrica 2010 con una plantilla muy joven, llena de futbolistas que parecían destinados a dominar el fútbol internacional durante muchos años. Y, en cierto modo, así fue. Aquella generación enlazó Eurocopa, Mundial y Eurocopa entre 2008 y 2012, una hazaña irrepetible. Pero el éxito también tuvo una consecuencia peligrosa: la sensación de que aquel equipo sería eterno.
Brasil 2014 demostró que ningún campeón lo es para siempre. España cayó eliminada en la fase de grupos tras un torneo irreconocible. Evidentemente, no fue únicamente un problema de edad. También apareció el síndrome de la barriga llena, esa relajación competitiva que puede surgir después de haber ganado absolutamente todo. Pero a ello se unió otra circunstancia igual de importante: la renovación llegó demasiado tarde. Muchos futbolistas que habían marcado una época siguieron ocupando un espacio que ya reclamaban nuevas generaciones con hambre y piernas frescas.
Esa es precisamente la gran oportunidad que tiene ahora Luis de la Fuente. El seleccionador no construyó un equipo alrededor de una estrella, sino alrededor de una idea. Ese matiz cambia absolutamente todo. Cuando el protagonista es un futbolista concreto, sustituirlo resulta casi imposible. Cuando el protagonista es el sistema, las piezas pueden cambiar sin que el funcionamiento desaparezca.
España ya ha demostrado durante este Mundial que dispone de recursos suficientes para hacerlo. En el centro del campo, por ejemplo, Luis de la Fuente pudo alternar a Rodri, Fabián Ruiz y Dani Olmo con futbolistas como Pedri, Martín Zubimendi o Mikel Merino sin que el rendimiento colectivo descendiera. Muy pocas selecciones en el mundo pueden presumir de tener dos centros del campo de semejante nivel. No depende de un nombre, sino de una estructura que permite que cualquiera pueda entrar sin romper el equilibrio del equipo.
Ese será el gran secreto para que este proyecto tenga continuidad. No se trata de empezar a sustituir ahora a futbolistas como Lamine Yamal, Pau Cubarsí o Pedro Porro, todos ellos con muchísimos años de selección por delante. Sería un error tan grande como aferrarse eternamente a los campeones. La clave consiste en empezar desde hoy mismo a encontrar quiénes serán sus relevos dentro de cinco o seis años, incorporarlos poco a poco a las convocatorias y hacer que crezcan al lado de quienes hoy sostienen a la selección.
Las grandes potencias nunca esperan a necesitar un sustituto para empezar a construirlo. Cuando un jugador alcanza la élite internacional, detrás ya debe venir otro preparado para competir por ese puesto. Así es como se evita que un ciclo termine de golpe y así es como las selecciones consiguen mantenerse durante una década entre las mejores del mundo. La renovación no empieza cuando una generación se retira; empieza mientras esa generación todavía gana.
🥹 𝗥𝗲𝘀𝗮𝗰𝗮 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹.
¡OS QUEREMOS MUCHO!#VamosEspaña | #CopaMundialFIFA pic.twitter.com/KetTtgbjlE
— Selección Española Masculina de Fútbol (@SEFutbol) July 21, 2026
España acaba de volver a demostrar que posee una de las mejores generaciones de futbolistas del planeta. Sin embargo, el verdadero éxito de Luis de la Fuente no será conquistar un segundo Mundial. Será conseguir que, cuando los campeones de 2026 comiencen a despedirse, la selección siga compitiendo exactamente igual. La historia de 2014 enseñó que ningún equipo es eterno. La de 2026 ofrece la oportunidad perfecta para demostrar que las lecciones del pasado, esta vez, sí han sido aprendidas. @mundiario
