Por:Héctor E. Contreras.
Salmo 8:1 y 3-8
En el Salmo 2, Cristo se presenta como el Hijo de Jehová y como Rey rechazado y crucificado, pero que todavía ha de reinar en Sión. En el Salmo 8, aunque su deidad es reconocida de manera incuestionable, verso 1. En Mateo 22:41-46, Él se presenta especialmente como el Hijo del Hombre, versos 4-6 del Salmo 8, en otras palabras, se presenta como el “Cristo humano”. David, a quien Dios llamó ser un hombre conforme a su corazón, da inicio a este cántico exaltando la grandeza de Dios. Al hacerlo reconoce también el nombre personal de Dios cuando dice: “Oh Jehová, Señor nuestro”, 8.1 Su reconocimiento a Dios como Señor y Soberano, nos eleva a la estatura más alta que hombre alguno haya podido alcanzar, cuando el salmista pregunta: “¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria?”, 8.4 Más adelante sigue diciendo: “Le has hecho un poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y de honra”, 8. 5. La naturaleza humana nunca podrá comprender el significado de que somos un poco menor que los ángeles, además de ser coronados de gloria y de honra. Solamente la grandeza de Dios, su gran amor y misericordia puede llevarnos a alcanzar esa gloria y esa honra. Hoy es un gran día para que todos nosotros lleguemos hasta la misma presencia de Dios y buscar en Él todo cuanto nos ofrece como hombres y mujeres creados a su imagen y semejanza. ¡Oh Jehova, Señor nuestro! El salmista dedica en este salmo lo que es la verdadera naturaleza de Dios y la estatura enana del hombre/mujer. Aunque el ser humano es algo minúsculo en relación a la inmensidad del universo, de todas formas, es el pináculo de la creación, el objeto del interés y el cuidado de Dios para con toda la humanidad. Cuando David se pregunta ¿Qué es el hombre y el hijo del hombre, para que tengas de él memoria? Tiene un propósito definido para con cada persona. Cuando dice: “hijo del hombre”, en el idioma hebreo significa “enosh, ben adam”, que es igual a “hombre en la debilidad u hombre de origen”. Otro significado es: “Hombres/mujeres terrestres”. Junto a David, exaltemos el nombre de nuestro Dios y Señor.
¡Gloria sea a su nombre! ¡Aleluya!
Hijo de hombre es un nombre que está atribuido solamente a Jesucristo el Señor. Sin embargo, es bueno destacar cuando David escribió, que Dios nos ha hecho un poco menor que los ángeles, haciendo una clara diferencia entre el ser humano y los animales.
En otras palabras, todos, absolutamente todos, hombres y mujeres, hemos sido coronados de gloria y de honra por la autoridad de Dios.
Es el mismo David que nos dice: “El es el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca, de modo que te rejuvenezcas como el águila”, Salmo 103:4-5. Les invito, en el nombre que es sobre todo nombre, Jesucristo el Señor, el Unigénito del Padre, para que nos remontemos hasta las montañas más altas o picos más distantes hacia arriba que podamos alcanzar y así llegar hasta el mismo cielo, sin temor a los vientos adversos que nos puedan azotar, entendiendo que Dios siempre estará a nuestro lado. Elevemos las alas de nuestro espíritu y alcancemos las bendiciones que Dios tiene disponibles para todos los que de corazón le buscan.
El valor humano se destaca cuando David declara: “¿Qué es el hombre?”, verso 4. Esta pregunta nos da a entender que, el hombre no es solamente intrínsecamente distinto al resto de la creación, sino que se le ha dado toda autoridad sobre la tierra y cuanto exista sobre ella. El ser humano fue creado por Dios para gobernar, verso 6. Nuestra habilidad para ejercer autoridad sobre la tierra, depende de la disposición de someternos, servir y obedecer al Dios viviente, bajo cuya autoridad estamos. Servir y obedecer al superior, al maestro, al supervisor inmediato, que en ocasiones nos aprieta hasta más no poder; eso creemos, pero al final podremos cosechar y ver los frutos de esa sujeción que nos parecía arbitraria. Si somos obedientes, seremos grandemente bendecidos por Dios y también por las personas a quien servimos. Nuestra autoridad sobre la tierra nos hace responsables de ella. Los recursos naturales, tales como el agua, los minerales, el aire, vegetación y toda especie de vida animal que habitan nuestra tierra, deben ser de interés para todo gobierno y persona. ¿Debemos permitir que desaparezcan de la faz de la tierra toda vida que el Creador ha puesto bajo nuestra responsabilidad? ¿Nos atreveríamos a contaminar y corromper la creación de Dios? Es el mismo Señor Jesucristo que nos dice: “Porque a todo aquel a quien se le haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se la haya confiado, mas se le pedirá”, Lucas 12:48.
Debemos recordar que solo Dios puede sacarnos del lugar más oscuro en que podamos encontrarnos. Él es quien nos levanta del polvo, de la pobreza, de la miseria y la enfermedad. Es Él quien nos hace sentarnos con príncipes después de deambular por este mundo llenos de miseria, harapientos y hediondos por causa del pecado.
Es posible que algunas personas al leer estas últimas notas digan: “Yo nunca he deambulado por las calles, nunca he vivido en miseria, tampoco me he vestido con harapos, ni mucho menos hediondo o hedionda”. Si, es posible, pero quiero hacer énfasis en que, delante de Dios, todo hombre, toda mujer, está bajo el pecado y el pecado es lo que nos lleva a ser todo cuanto he descrito anteriormente, porque es un asunto espiritual. Con todo, recordemos que somos la máxima creación de Dios, aunque hayamos pecado; pero el pecado fue llevado a la cruz por Jesucristo su Hijo, solamente nos corresponde reconocer y confesar nuestro pecado delante de Dios en el nombre de Cristo Jesús.
Como hombres y mujeres, como lo más preciado de Dios, nuestros valores deben estar presentes en nuestra personalidad como seres humanos, manteniendo una vida de ejemplos a seguir. Los mejores valores deben estar acorde, primero con Dios y luego con nuestra propia familia, la cual nos observa cada día y debe ser nuestra mayor prioridad. Después continúa la sociedad que nos rodea y observa nuestra conducta y al mismo tiempo quien juzga nuestro actuar y vivir. Nuestro testimonio debe ser un ejemplo para toda la sociedad que nos observa, incluso, en ocasiones, nos sigue. Casi finalizando, quiero retomar el salmo 8.5 de nuestra lectura central, que dice: “Le has hecho poco menor que los ángeles Y lo coronaste de gloria y de honra”. “Honra”, del hebreo “hadar”, significa: Esplendor, honor, gloria, adorno, magnificencia y hermosura. Hadar nos habla del esplendor que pertenece a Dios, su creación, su reino y al hombre hecho a imagen de Dios. El punto de vista bíblico de los hombres es más exaltado y edificante que cualquier otro. En esta referencia, Dios corona al hombre/mujer de esplendor, a pesar de su relativa pequeñez en el universo.
Otro uso muy conocido de “hadar” se halla en la frase “hermosura de la santidad”, Salmo 96:9 y 110:3. El esplendor de la santidad es de una belleza mayor que la misma gloria de la naturaleza.
Jehová te bendiga y te guarde, Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia.




