Por :Héctor Contreras.
El Pastor Héctor Contreras ministro ordenado de la Iglesia Metodista Libre en territorio dominicano deja semanalmente en El Gran SantoDomingo .com un tema desafiante ,que nos acerca en cada ocasión al más alto pensamiento cristiano en un tiempo donde vivir para Dios nos lleva a la paz verdadera .
San Marcos 4:35-41.
“Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado, y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba”, San Marcos 4:35-37. Aunque brame el mar, sus aguas y olas inmensas sacudan nuestra barca; no importa cuanto acontezca a nuestro alrededor, nuestro Señor duerme muy tranquilo en la popa de nuestra barca zarandeada por los azotes que nos llegan de todo lado, que puede ser nuestra propia vida, que incluye la economía, relación de trabajo, familia, nuestro cuerpo de siente cansado y abatido; todo esto nos puede llevar a la deriva en un mar embravecido. Maestro, Jesús, Hijo de David, levántate, que perecemos. “Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza”, San Marcos 4:39. Al despertar de su profundo sueño, Jesús, nuestro Señor y Salvador, tranquilamente, puesto en pie, reprende los vientos y al instante el mar volvió a la calma. Las palabras que usó nuestro Señor fueron dos: “¡Calla, enmudece!”. Hoy, con la ayuda de Dios, puedes encontrar la paz que tanto necesitas, siempre en el nombre de Cristo Jesús.
El mundo, nuestro país, vive momentos tumultuosos, aunque exista un mal que abarca a todos, aún así, existe una gran indiferencia a lo que es la propia vida. Asaltos, saqueos, drogas, invasión de terrenos, hambre, desnudez, maltrato a la niñez, ultraje a la mujer, en especial si ha habido separación, porque el hombre se cree dueño de la que fue su esposa o compartió por un tiempo con una mujer. La familia se destruye, indiferencia de algunos que prestan servicio; todo esto es parte de la carga que lleva nuestra barca, y por ser tan pesada, con cualquier ola nos puede zarandear. Al Señor ordenar al viento que se detuviera, Él les hace dos preguntas a los hombres que le acompañaban en el viaje y son estas: “¿Por qué estáis amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” San Marcos 4:39. El hombre clama, la familia clama, el mundo clama; sin embargo, al llegar la paz, todos se asombran y tiemblan diciendo:
“¿Quién es este, que aún el viento le obedece? ”San Marcos 4:40. Nuestro Señor Jesucristo, contrasta el miedo con la fe, también iguala el miedo con la falta de fe. ¿Tienes miedo? ¿Cómo está tu fe en este momento? ¿Te digo algo? Tú también puedes reprender la tormenta que ahora te azota, solo debes dejar a un lado el temor y tener la fe, la certeza y la confianza de que Dios te escuchará. Si estás conmigo, dame un ¡AMÉN! bien grande en el nombre de Jesucristo.
Fe significa confianza en el poder de Dios para enfrentar una crisis; y fe es un poder que está activo en nuestro Señor Jesucristo. Tengo que citar a Jeremías, que dice: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”, Jeremías 33:3. ¿Te asombras? Claro que sí, porque en ocasiones no se espera una respuesta tan contundente y veloz como la de Dios a nuestro clamor. ¡Gloria sea a su nombre! ¡Aleluya! Es más, puedo llegar un poco más lejos diciendo: Dios puede escuchar tu propio clamor y al hacerlo, estás en la disposición de entender entonces hasta dónde llega su poder. Después de responderte, dice la Biblia que te enseñará grandes cosas y ocultas que desconoces. Por tal razón, los que iban en la barca con Jesús, al ver lo que era capaz de hacer, se llenaron de asombro, preguntando entre ellos quién era este hombre. Andaban con Él, comían con Él, pero desconocían quién era Él, porque ignoraban su gran poder y autoridad sobre la misma naturaleza. ¿Conoces a Jesús, el que fue al Monte Calvario y fue crucificado por tí? Él tiene el poder y la autoridad para quitar todas las cargas que llevas en tu barca, la cual está a la deriva por los azotes que recibes. Él se levantó con poder desde la tumba en que estaba y ascendió a los cielos, y está a la diestra del Padre e intercede por todos los que verdaderamente le buscan de corazón.
“Clama a mí y yo te responderé”. Clama, del griego “qara”, es igual a llamar a alguien, exclamar, dirigirse a otra persona. Gritar, en otras palabras, “qara” equivale a llamar la atención. Cuando clamas, regularmente eres escuchado, porque lo haces por alguna necesidad. En el caso de clamar a Dios, es diferente a la respuesta humana, porque cuando clamas a Dios tu clamor va dirigido ante el Altar de la misericordia, entonces eres escuchado y respondida tu llamada. Regularmente, tu clamor hacia Dios brota desde lo más profundo de tu ser, porque urges recibir una respuesta a tu petición-clamor ante Él. En tu caso específico, ahora mismo, cuando lees estas notas, detente por unos minutos y esa oración, esa petición o clamor que por un tiempo has presentado delante de nuestro Dios y Señor, tengo la certeza, la seguridad de que obtendrás la respuesta ahora, en el nombre de Jesucristo el Señor. ¡Aleluya! ¡Gloria al Rey! Se destaca en la cita del profeta Jeremías la palabra “ocultas”. Esta nace del hebreo “batsar”, que traducida a nuestro idioma es “aislado” o “inaccesible”. Sugiere que Dios daría a Jeremías “intuición reveladora”, al revelarle cosas que de otra manera permanecían aisladas o inaccesibles a él. Tal “intuición reveladora” siempre ha sido esencial para el claro entendimiento de una victoria espiritual. Algo parecido escribió Salomón, quien dijo: “Fíate de Dios de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas”, Proverbios 3:5-6. De tu confianza en Dios, nace la fe, la esperanza y el amor. Clama a mí, dice el Señor. Sólo debes entender, aceptar y confiar, dejando a un lado tu propia opinión, tus propios deseos y reconocer al Señor en todo lo que emprendas en el nombre de Jesucristo su Hijo. Respondió ayer; también lo hace hoy. Sólo debes dirigirte ante Él con un espíritu de humildad y de seguro recibirás la respuesta que buscas, deseas o necesitas. ¡Clama, busca, ora!
La Biblia, la Santa Palabra de Dios, es maravillosa. Casi similar al caso de nuestro Señor en su travesía, cuando la barca en que iba fue azotada por un gran ventarrón. El apóstol Pablo, cuando era trasladado hacia Roma como prisionero, en los capítulos 27 y 28 del libro de los Hechos, encontrando los siguientes versos que entiendo debe llevar a algunas personas a pensar en decidir si tratar de mantener la carga o despojarse de ella, para así preservar su propia vida. Veamos: “Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva. Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave”, Hechos 27:17-19. Aquí encontramos algunas palabras que entiendo para muchas personas que no saben su significado. Por ejemplo, “Sirte”, elevación de arena en el fondo del mar, lo cual dificulta la navegación, los viajeros tuvieron temor de quedar encallados allí. “Alijar”, significa aligerar la carga de una embarcación, descargando la misma. “Aparejos”, equipo de pesca compuesto por varios conjuntos de utilidad mientras se navega y por lo regular, es utilizado para tratar de pescar algo mientras se realiza una travesía por el mar. Todo era echado al mar, menos los pasajeros que iban a bordo. ¿Hacia dónde voy con estos detalles? Simple: En tu caso personal, debes decidirte a despojarte de todas esas cargas que llevas sobre ti, cargas que te torturan, atormentan y producen en tu vida un descontrol descomunal por no dejarlas o echarlas a un lado. ¡Deja tu carga a un lado! y confía en Dios y su gran poder.
“En cuanto a mí, a Dios clamaré; Y Jehová me salvará. Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz. Redimirá en paz mi alma de guerra contra mí, Aunque contra mí haya muchos. Echa sobre Jehová tu cara, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo”, Salmo 55:16-18 y 22. El verso final, el 22, tiene un mensaje para tí, es el siguiente: “sustentará”, llega luego de que tú hayas confiado en Él, en Dios, es entonces que llega el sustento, que es igual a mantener, nutrir, proveer alimento; cargar, sostener, proteger, apoyar, etc. En otras palabras, pon en manos de Dios sin dilación todas tus preocupaciones y problemas, que Él se hará cargo de ellos, en el nombre de Jesús. Para ir delante del Altar de la Gracia no existe tiempo, ni espacio. Dice David tarde y mañana, al mediodía clamaré y Él oirá mi voz. Es el tiempo del clamor a Dios en busca de tu respuesta. Recuerdas la actitud de los que acompañaban a Jesús; ellos le llamaron, no por el susto que en ese momento padecían y Él, tranquilamente dormía. Al despertar ni se inmutó, sino que ordenó al mar y al viento calma. Calma, es lo que necesita tu alma, tu espíritu y entonces, como llegó a la orden del Señor, así llega a tu vida ahora. ¡Bendito y alabado sea el nombre de Cristo Jesús!
Dios les bendiga rica y abundantemente ahora y siempre, mis amados del Señor.