España pasa por encima de Croacia con un 4-1 que huele a Balón de Oro

Lamine Yamal volvió a desafiar los límites de la lógica sobre el césped. El joven prodigio de la selección española firmó otra exhibición de época en la Nations League, hilvanando una actuación majestuosa que bien merece sentarse en la mesa de los más firmes aspirantes al Balón de Oro. Tal como había sucedido días atrás en la conquista de Wembley, el atacante tardó apenas unos suspiros en reventar el guion del partido, desatando la locura en las gradas de un Ramón Sánchez-Pizjuán rendido a su magia.

El inicio de la Roja rozó la perfección coreográfica frente a una Croacia que ni siquiera llegó a rozar el esférico. España hilvanó posesiones a lo ancho del campo, moviendo al bloque balcánico de lado a lado con precisión de cirujano hasta que Fermín López vio el hueco y prolongó con sutileza para la carrera del dorsal 19. Sin pensarlo dos veces, Lamine armó su prodigiosa pierna zurda y sacó un disparo con rosca milimétrica al palo largo, inalcanzable para la estirada de Dominik Livakovic. Un auténtico golazo de bandera que confirmaba su idilio con el gol tempranero y que parece todo un vaticinio de que el Balón de Oro 2026 podría estar en sus manos en breve. 

El vendaval local amenazaba con transformar la velada en un desfile triunfal, pero enfrente resistía un competidor indomable. Guiada por el orgullo incombustible de su capitán, el legendario Luka Modric, Croacia se negó en rotundo a ejercer de simple comparsa en la fiesta andaluza. Apretaron las filas, aprovecharon una desconexión en la zaga ibérica y, en el minuto 28, Dion Drena Beljo batió a Unai Simón con un remate clínico que sembró una dosis momentánea de suspense en Nervión.

Sin embargo, este equipo de Luis de la Fuente ha aprendido a no pestañear ante la adversidad. Lejos de tambalearse tras el empate, España respondió de inmediato con frialdad de campeón apenas tres minutos después. La pizarra funcionó con precisión milimétrica: Lamine jugó un córner en corto hacia la frontal con Fermín, el mediapunta se la devolvió al espacio y el extremo, esta vez con la diestra, dibujó una caricia al corazón del área para que Marc Pubill, libre de marca, se elevara con autoridad y clavara un cabezazo letal en el fondo de las mallas.

Con la ventaja restablecida, la Roja adormeció el choque a través del dominio absoluto de los tiempos y la pelota. La noche sevillana terminó siendo el enésimo homenaje al desparpajo de una camada insultantemente joven, donde Lamine Yamal ejerce ya de líder indiscutible, resolviendo partidos de máxima jerarquía continental a base de genialidades que no entienden de edades ni de jerarquías. 

Segundo tiempo: el Pizjuán fue una fiesta

El vendaval español no dio tregua a una Croacia sometida de principio a fin. Antes del descanso, el marcador rozó dimensiones de escándalo: Mikel Oyarzabal castigó un clamoroso fallo de Livakovic, aunque la bandera del asistente frustró el festejo por fuera de juego, y poco después la madera le negó la gloria a Fermín López. La jugada fue puro caviar: Pau Cubarsí se inventó un pase teledirigido entre líneas que el volante andaluz domesticó en una baldosa para girarse y estrellar su remate contra el poste.

Tras el paso por vestuarios, el encuentro bajó las revoluciones por pura inercia física, pero España jamás soltó las riendas. Con la maquinaria dosificando esfuerzos, bastó una chispa de genialidad para que saltaran de nuevo las alarmas balcánicas. A sus 19 años y al margen de los plazos del Balón de Oro, Lamine Yamal ratificó su estatus de factor diferencial: interpretó el hueco, atacó el espacio con una diagonal letal y recogió una caricia de Pedri para fusilar por el palo corto a Livakovic, colando el balón por un resquicio donde nadie más vio portería.

El Ramón Sánchez-Pizjuán entendió de inmediato la magnitud de lo presenciado. En el minuto 68, el estadio se puso en pie para regalar una despedida monumental a su nueva estrella, que abandonó el verde entre aplausos ensordecedores y con la sonrisa de quien sabe que juega a otra cosa. A partir de ahí, Nervión mutó en una fiesta coral; cada pase de la Roja bajaba desde la grada acompañado por un atronador compás de «olés», mientras Luis de la Fuente movía el banquillo con la tranquilidad del trabajo hecho.

La traca final, sin embargo, guardaba un último destello de pura dinamita. Mikel Merino oteó el horizonte y habilitó con precisión milimétrica a Nico Williams, que encaró en el costado, sentó a su marcador con una maniobra vertiginosa y reventó la escuadra con un zapatazo imparable que redondeó el festín goleador de la noche.

Sevilla clausuró una velada perfecta donde el fútbol se fundió con el tributo. Hubo tiempo para corear el reencuentro de Rodri Hernández con los terrenos de juego en los compases finales y también para la elegancia de aplaudir a Luka Modric en su salida, rindiendo honores a un rival legendario. Con la moral por las nubes y el fútbol saliendo por los poros, la caravana triunfal de la campeona continental ya apunta directamente a Oviedo para seguir prolongando el idilio. @mundiario