España sonríe mientras Italia se hunde: el abismo irreversible que ni con Guardiola se resuelve

España vive instalada desde 2008 en una época dorada sin parangón, dominando el panorama internacional con un estilo de juego reconocible y un éxito rotundo. El reciente título de La Roja en el Mundial 2026 representa la cúspide de un trabajo meticuloso que no se limita al primer equipo, sino que cimenta su estructura en unas categorías inferiores de máxima exigencia, auténtico motor donde se moldea y pulen los talentos del mañana antes de su desembarco en la élite.

En la acera opuesta se encuentra Italia, viviendo una realidad diametralmente opuesta y dolorosa. Resulta impactante constatar cómo una potencia histórica, dominadora absoluta durante las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado, ha caído en una espiral autodestructiva. La Azzurra habita en un abismo institucional y deportivo que la ha condenado al ostracismo, manteniéndola alejada de las fases finales de la Copa del Mundo desde un lejano 2014.

Aunque las comparaciones resultan incómodas, la brecha entre ambas naciones es imprescindible para diagnosticar la crisis del fútbol trasalpino. En lo que va de siglo XXI, la cosecha de títulos oficiales entre la selección absoluta y las categorías inferiores deja un balance demoledor: la Federación Española acumula 24 entorchados por apenas 7 de los italianos, evidenciando una distancia abismal en la formación y desarrollo de futbolistas.

El trasfondo de esta brecha no radica únicamente en una racha de mala suerte o en una generación estéril, sino en un colapso estructural profundo. Mientras España apostó por una filosofía unificada de cantera y posesión, el balompié italiano se quedó anclado en modelos caducos, atenazado por la falta de infraestructuras modernas y la reticencia a darle espacio y galones al talento joven en la Serie A.

Así las cosas, la distancia que separa hoy a ambas potencias refleja la victoria del método sobre la improvisación. Ni el técnico más laureado del planeta podría devolverle la gloria a Italia de la noche a la mañana, pues la reconstrucción de un gigante caído no requiere de un salvador mesiánico en el banquillo, sino de refundar las bases de un proyecto que tardará años en volver a mirar a España a los ojos.

¿Ni Guardiola salvaría a Italia?

En una entrevista exclusiva concedida al diario As, todo un referente del fútbol italiano como Demetrio Albertini dio en el clavo al analizar los factores clave para entender el éxito de España y la debacle de las selecciones transalpinas en los últimos tiempos.

El periodista Julio Ocampo recordó las palabras de Filippo Galli, exjugador del Milan que compartió vestuario con Albertini, quien afirmaba que “Italia no está preparada para alguien como Guardiola”. A esto, la respuesta del excentrocampista fue contundente: “¿Pep? No comenzaría por arriba, sino por la base”.

Ante ese escenario, Albertini expuso una realidad crucial: la falta de talento y, sobre todo, la falta de respaldo hacia los jóvenes en la Serie A, algo que contrasta fuertemente con la política de LaLiga. «Antes hablábamos del recorrido y la valorización de nuestros jóvenes. ¿Sabes cuántos campeones españoles del pasado Mundial han jugado en los filiales? Creo que 22 de 26. Si volvemos atrás, al 2010, más de veinte también. En resumen, el noventa por ciento. Rodri, por ejemplo, ¿sabes cuántos partidos disputó en el filial del Villarreal? Más de cuarenta. Eso equivale a casi dos campeonatos. Hablamos del capitán, Balón de Oro… Eso es un proceso formativo», aseguró.

Finalmente, el ganador de la Champions con los rossoneri puso el dedo en la llaga al afirmar que en la actualidad no abunda la calidad en el Calcio. «Hoy pocos futbolistas italianos llegan preparados al primer equipo para competir en Serie A. Muy pocos. Y menos aún son las entidades o clubes con la valentía para apostar por los talentos locales. Así nunca podrán madurar ni alcanzar un estatus superior. Se frena la potencialidad. En España, un talento de 17 años tiene oportunidades para demostrar quién es. Enseguida lo hacen debutar con los grandes. Le dan opciones. Una detrás de otra. Cuando yo estaba en el Barça, recuerdo a Iniesta, que entonces tenía 18 o 19 años. Desde hacía tres se hablaba de él. Le dieron tiempo para ser el Iniesta que conocimos», sentenció.

Italia necesita talento y un Luis de la Fuente

Paolo Maldini afronta una empresa monumental tras asumir la dirección técnica de la federación de su país. Reducir su cometido a la simple búsqueda de un seleccionador sería un diagnóstico erróneo y superficial. Bajo el actual escenario de sequía y estancamiento, ni figuras de la talla de Pep Guardiola o Carlo Ancelotti —el último en sumarse a la nómina de candidatos— tendrían el poder mágico de rescate para sacar a Italia del pozo.

El legendario excapitán debe enfocar su proyecto en reestructurar las cimientos del balompié trasalpino. La prioridad pasa por potenciar las categorías inferiores y garantizar que los jóvenes talentos disfruten del espacio y la continuidad necesarios en las canteras de los grandes clubes. Solo así se podrá blindar un ciclo formativo sólido, garantizando la maduración futbolística que señalaba Albertini.

A partir de esa transformación estructural dará comienzo el auténtico renacimiento del fútbol italiano. Si a esa base se le añade un gestor capaz de aglutinar y potenciar al grupo —al estilo de lo conseguido por Luis de la Fuente en España—, la posibilidad de regresar con garantías a los grandes escenarios internacionales dejará de ser una utopía para convertirse en una realidad palpable.

El éxito internacional rara vez depende del pedigrí acumulado en los banquillos de clubes, pues la dinámica de selecciones responde a reglas diferentes. La representación nacional es, ante todo, el reflejo directo de la salud del talento autóctono. Bastaría analizar la paradoja de la selección brasileña y su prolongada sequía mundialista, una crisis que no pudo revertir ni el propio Ancelotti a pesar de ostentar un palmarés impecable en los torneos continentales.

La Azzurra encarará un camino largo que exige paciencia, convicción y altura de miras. Maldini tiene en sus manos la oportunidad histórica de erradicar la cultura de la inmediatez y sentar las bases de un modelo sostenible. La gloria perdida no se recuperará mediante un golpe de efecto mediático, sino a través de un compromiso inquebrantable con el futuro del balompié transalpino. @mundiario