España vuelve este viernes a un Mundial femenino de baloncesto ocho años después de su última participación. Lo hará en Berlín, frente a la anfitriona Alemania a las 17:45 horas, y con una plantilla que explica por sí sola cuánto ha cambiado la selección durante este tiempo: once de las doce jugadoras de Miguel Méndez disputarán su primera Copa del Mundo absoluta.
Alba Torrens es la única excepción. La capitana estuvo en los Mundiales de 2010, 2014 y 2018 y consiguió medalla en los tres: bronce, plata y nuevamente bronce. Ninguna de sus once compañeras en Berlín ha jugado anteriormente el principal campeonato mundial de selecciones.
Eso no convierte a España en una selección inexperta. Buena parte del bloque ya ha competido en Europeos, Juegos Olímpicos y otros torneos internacionales, y ocho de las elegidas estuvieron en el equipo que alcanzó la final del Eurobasket de 2025. Lo nuevo no es la selección, sino el escenario al que ahora debe trasladar todo ese crecimiento.
El Mundial supone, por tanto, otro paso en el relevo generacional que España lleva varios años construyendo. Raquel Carrera, Iyana Martín, Helena Pueyo, Awa Fam o Elena Buenavida ya no llegan simplemente como proyectos de futuro. Junto a jugadoras de mayor recorrido como María Conde, Maite Cazorla, Megan Gustafson o Mariona Ortiz, forman el núcleo que debe sostener a la selección en los próximos grandes campeonatos.
El contraste con la última presencia mundialista es enorme. España terminó tercera en Tenerife 2018 después de haber enlazado tres Mundiales consecutivos en el podio: bronce en 2010, plata en 2014 y bronce en 2018. La ausencia de Sydney 2022 cortó aquella secuencia y provocó que prácticamente dos generaciones diferentes separen ambos torneos.
El estreno tampoco permitirá una adaptación progresiva. Alemania ejercerá de anfitriona y será el rival más exigente de un grupo A que completan Mali y Japón. España jugará apenas 24 horas después su segundo encuentro ante el combinado africano y cerrará la primera fase el lunes contra las japonesas.
Además, el formato aumenta la importancia de cada partido. El primero de cada grupo accederá directamente a los cuartos de final, mientras que segundo y tercero tendrán que superar una eliminatoria previa. Acabar por delante de Alemania, Mali y Japón permitiría ahorrarse un cruce y reducir considerablemente el desgaste en un torneo concentrado en apenas diez días.
España llega a Berlín como sexta selección del ranking mundial y después de recuperar en marzo el billete que perdió para la edición de 2022. Hay argumentos suficientes para competir, pero esta Copa del Mundo también servirá para medir hasta dónde ha llegado el proceso de renovación de Miguel Méndez.
Torrens conserva el vínculo con la España que convirtió los podios mundialistas en costumbre. Las otras once empiezan ahora su propia historia en esta competición. Berlín será menos una prueba para una generación nueva que el momento de comprobar si esa generación ya está preparada para asumir definitivamente el equipo. @mundiario
