Desde que arrancó a mediados del año pasado, la carrera de las primarias republicanas ha ido por dos autopistas: por una, Donald Trump en solitario, con mítines aislados pero multitudinarios, líder en las encuestas, ausente de los debates entre candidatos y feliz de comparecer en los juzgados, el combustible de su campaña; por la otra, el resto de candidatos, esforzados en una campaña de puerta a puerta, sin ser capaces de acercarse a Trump en los sondeos, despellejándose los unos a los otros en debates, en busca del premio de consolación de aparecer como alternativa. Sus rivales apenas han tocado al expresidente, sabedores de su gran base de seguidores, a la que no quieren contrariar. Estas dos autopistas se han acabado por encontrar en New Hampshire, el pequeño estado del nordeste del país que celebra sus primarias este martes: Trump y Nikki Haley, exgobernadora de Carolina del Sur y exembajadora ante la ONU, son los dos únicos candidatos con aspiraciones y por fin han tenido que sacar los guantes. Ron DeSantis, el gobernador de Florida y que un día fue favorito a suceder a Trump como líder republicano, apenas ha hecho campaña aquí y no cuenta. Noticia Relacionada estandar No Decepción para DeSantis y Haley en la primera batalla por la presidencia Javier Ansorena Tanto Desantis, gobernador de Florida, como Haley, exgobernadora de Carolina del Sur y exembajadora ante la ONU, confiaban en un buen resultado que permitiera soñar con lo que parece casi imposible New Hampshire es la segunda batalla en la elección del nominado republicano tras los ‘caucus’ de Iowa del pasado lunes, donde Trump avasalló, como se esperaba, a sus rivales. Y ha sido la gran apuesta de Haley para lanzar su candidatura: ha concentrado aquí buena parte de sus recursos con la confianza de que el alto porcentaje de votantes independientes -un 40%- le dé una victoria contra Trump que abra una mínima ventana de oportunidad a su campaña. La realidad es que incluso aquí Trump es favorito, como han indicado las encuestas en los últimos meses y como reafirmar el sondeo de la cadena CNN publicado este domingo: el expresidente cuenta con un 50% de los apoyos, frente al 39% de Haley y el 6% de DeSantis. Duros ataques contra Trump Quizá esa es la razón de que Haley, después de una campaña en la que apenas recetó algún pellizco a Trump, haya lanzado ataques duros y personales contra el expresidente centrados en su edad y en su capacidad mental. «Cuando te enfrentas a las presiones de la presidencia, no podemos tener a alguien de quien cuestionemos si está mentalmente capacitado para eso», aguijoneó Haley en un mitin en Keene (New Hampshire) el sábado. Lo hacía después de que Trump la hubiera confundido con la que fuera presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi , durante una mención en un mitin al asalto al Capitolio. «Mis padres son mayores y los quiero mucho», dijo Haley después en un encuentro con reporteros. «Pero cuando ves que llegan a cierta edad, hay un declive. Es un hecho, podéis preguntar a cualquier médico». El domingo, Haley insistió en esa misma línea en una entrevista en CBS, donde repasó otros traspiés dialécticos de Trump para dar base a sus ataques: «Ha dicho que Joe Biden nos va a meter en la Segunda Guerra Mundial. Imagino que se referir a la Tercera Guerra Mundial. Ha dicho que se enfrentó en elecciones contra el presidente Obama, y nunca lo hizo». Después, insistió en que Trump «ya no está al mismo nivel que en 2016» y que «estamos viendo ese declive». Trump respondió en un mitin: «Siento que tengo más agudeza mental que hace 25 años dijo», dijo a un público enfervorizado. «Sabéis que Biden no puede decir lo mismo». Trumo afila los cuchillos El expresidente ha afilado todavía más los cuchillos contra Haley en los últimos días, a la que da la sensación de considerar ya su única rival. Trump ha utilizado una vieja táctica: utilizar la procedencia de su exembajadora para denigrarla ante los votantes. Se ha referido a ella con motes como ‘Nimbra’ o ‘Nimrada’, en referencia a su nombre de pila: Nimarata Nikki Randhawa, aunque desde niña utilizó su segundo nombre -Nikki- y adoptó, como es mayoritario en EE.UU., el apellido de su marido, Haley. Preguntado en una entrevista en Fox News por qué utilizada esos nombres, Trump aseguró que es «un poco una derivada de su nombre» y dejó dudas sobre su procedencia: «Ya sabes, su nombre, de donde sea que ella viene». Esto forma parte de ataques de corte racista que ha propagado Trump. El expresidente ha compartido en sus redes sociales teorías infundadas de que Haley no puede optar a la presidencia por ser hija de inmigrantes de India y haber nacido cuando estos todavía no eran ciudadanos estadounidenses. Es algo similar a lo que hizo en el pasado contra rivales políticos como Barack Obama o Kamala Harris.
