¿Hay vida sin Aubameyang? Las conclusiones del Dépor tras medirse a la Real Sociedad

Cuando Pierre-Emerick Aubameyang se echó la mano al menisco frente al Betis y el parte médico dictó un obligado paso por el quirófano, en el deportivismo se encendieron todas las alarmas. El gabonés no solo acaparaba la mitad de los goles del equipo en su deslumbrante regreso a la élite, sino que encarnaba la jerarquía, la intimidación y la brújula sobre la que gravitaba todo el ataque blanquiazul. Perder a la gran estrella durante casi dos meses, sumado a las bajas simultáneas de hombres clave como Zakaria Eddahchouri y Marc Casadó, amenazaba con dejar al conjunto herculino a la intemperie en un escenario tan exigente como Anoeta.

El partido ante la Real Sociedad se presentaba como un auténtico test de supervivencia para la pizarra de Antonio Hidalgo. La narrativa previa giraba en torno a una duda lacerante: ¿había vida ofensiva más allá del veterano delantero o el equipo caería en una orfandad irresoluble? Los primeros compases del choque parecieron darle la razón a los más pesimistas, pues los errores en la zaga y la contundencia donostiarra abrieron una brecha de tres goles que amenazaba con convertir la tarde en una sangría de proporciones históricas.

Sin embargo, en el instante exacto en que la lógica invitaba a bajar los brazos y claudicar ante la superioridad txuri-urdin, el Dépor ofreció una respuesta de rebeldía colectiva que cambia por completo el prisma del debate. Lejos de resignarse, los pupilos de Hidalgo se quitaron el corsé del complejo de inferioridad y demostraron que la pegada no es una propiedad privada, sino una virtud compartida cuando la propuesta da un paso al frente. El cuadro gallego ajustó líneas, adelantó la presión y comenzó a disputar cada palmo de terreno con una intensidad renovada.

La entrada de hombres como Bil Nsongo y Mario Soriano revolucionó el ritmo del encuentro y desnudó las costuras de la retaguardia realista. El zapatazo milimétrico de Soriano ajustado a la madera no solo recortó distancias, sino que supuso una inyección de fe y oxígeno competitivo. En una sola jugada quedó evidenciado que la segunda línea herculina tiene colmillo y llegada suficiente para asumir galones en el área rival, dinamitando la pasividad defensiva local.

El crecimiento de Nsongo fue el mejor argumento para la esperanza. Fajador nato, incansable en la presión y veloz al espacio, el punta forzó la pena máxima y la expulsión de Pablo Marín que trastocó el guion de Anoeta. Su impacto confirmó que el Dépor no necesita duplicar la figura de Aubameyang para hacer daño, sino explotar un registro complementario basado en la intensidad, el desmarque y el desgaste físico constante sobre los centrales contrarios.

La madurez de Yeremay y el fondo de armario de Hidalgo

Desde los once metros emergió la frialdad de Yeremay Hernández, el portador del dorsal diez que pide la pelota cuando más quema el esférico. Su ejecución precisa selló el 3-2 y confirmó que el talento canario está madurando a pasos agigantados, asumiendo sin pestañear el liderazgo que exige la máxima categoría. Con el partido en un puño, solo las intervenciones salvadoras de Álex Remiro bajo los palos impidieron una remontada que hubiera sido de tintes épicos para el bando visitante.

Ciertamente, en el análisis reposado de Antonio Hidalgo no habrá lugar para la complacencia. Los desajustes en el balón parado y las facilidades concedidas en el repliegue antes del descanso son peajes que en Primera División no se pueden regalar. Remar contra corriente tras encajar tres goles no es un plan sostenible si el objetivo es consolidarse en la zona media de la tabla y esquivar los agobios de la zona baja.

Pero la gran noticia, la que disipa los fantasmas de la orfandad, es que la pólvora del equipo sigue seca y lista para prender fuego. El Dépor generó volumen de juego, remató a puerta con asiduidad y acumuló ocasiones claras incluso sin contar con su referencia galáctica. El ecosistema asociativo ideado por el técnico demostró que la amenaza no depende de una sola camiseta, sino de la movilidad coordinada de sus atacantes.

Hidalgo sabe ahora de primera mano que tiene fondo de armario para diseñar alternativas viables. Con Adama Traoré ganando rodaje, la versatilidad de Riki y el empuje de los jóvenes que vienen apretando desde abajo, el Deportivo ha comprobado en sus propias carnes que es capaz de poner contra las cuerdas a uno de los proyectos más consolidados de la competición. La riqueza de variantes tácticas otorga un margen de maniobra crucial para gestionar las semanas de ausencia de sus lesionados.

La derrota en San Sebastián duele por lo cerca que estuvo el empate, pero el diagnóstico de cara al futuro inmediato es esperanzador. Mientras Aubameyang avanza en su rehabilitación sobre la bicicleta de Abegondo, sus compañeros han demostrado que el escudo sabe rugir por sí mismo. Hay vida, hay juego y, sobre todo, hay gol en este Deportivo. @mundiario