Durante décadas, la Copa del Mundo ha sido considerada el mayor patrimonio deportivo del planeta. Sin embargo, ese modelo podría cambiar radicalmente si prospera el proyecto que prepara Gianni Infantino.
Según las informaciones publicadas por The Times, el presidente de la Fifa trabaja en un ambicioso plan para transformar la gestión del Mundial masculino y femenino, así como del Mundial de Clubes, mediante la creación de una nueva empresa encargada de explotar todos sus activos comerciales.
La iniciativa supondría un giro histórico. Por primera vez, parte del negocio generado por la competición más seguida del planeta podría pasar a manos de inversores privados, rompiendo un modelo que hasta ahora había permanecido bajo el control absoluto de la FIFA y de sus federaciones miembro.
La propuesta pretende acercar el funcionamiento del Mundial al de las grandes competiciones deportivas norteamericanas, donde las estructuras empresariales y la entrada de fondos de inversión forman parte del modelo habitual. El esquema contempla que una parte del accionariado permanezca en manos de la Fifa y de las federaciones nacionales, mientras que otro porcentaje sería adquirido por inversores estratégicos interesados en participar en el crecimiento económico del torneo.
La operación abriría la puerta a una inyección multimillonaria de capital destinada, según la Fifa, a reforzar el desarrollo del fútbol en todo el mundo y aumentar la financiación de programas deportivos en los distintos continentes.
Infantino, en el centro del nuevo proyecto
Uno de los aspectos que más controversia ha generado es el papel reservado para Gianni Infantino. El dirigente suizo no solo impulsaría la nueva estructura empresarial, sino que pasaría a dirigirla como máximo responsable ejecutivo una vez finalizara su etapa al frente de la Fifa.
Ese posible salto desde la presidencia del organismo regulador hasta la dirección de la futura compañía ha despertado numerosas críticas entre quienes consideran que podría generar un evidente conflicto entre la gestión institucional del fútbol y los intereses comerciales de la nueva sociedad. Las estimaciones publicadas apuntan además a que la remuneración del futuro cargo podría situarse entre las más elevadas del deporte internacional.
La iniciativa también ha llamado la atención por los actores financieros que participan en su diseño. Entre los asesores del proyecto figuran importantes entidades del mundo de la inversión, además de empresarios vinculados al entorno político estadounidense, un detalle que ha multiplicado la repercusión internacional de la noticia.
No resulta casual que la propuesta tome forma en un momento en el que Estados Unidos se ha convertido en uno de los principales centros de expansión comercial del fútbol y tras haber acogido recientemente algunas de las grandes competiciones organizadas por la Fifa. La creciente influencia del mercado norteamericano aparece como uno de los pilares sobre los que Infantino pretende construir el futuro económico del organismo.
La UEFA responde con una advertencia sin precedentes
La reacción desde Europa no se hizo esperar. La UEFA expresó públicamente su rechazo a cualquier intento de convertir el principal patrimonio del fútbol mundial en un activo susceptible de ser comercializado. El organismo considera que la gobernanza del deporte no puede quedar condicionada por intereses empresariales ni por operaciones financieras cuyo impacto, advierte, podría alterar el equilibrio competitivo y la independencia de las instituciones.
El enfrentamiento refleja una rivalidad que lleva años creciendo entre ambas organizaciones y que ahora alcanza uno de sus momentos de mayor tensión. Desde el fútbol europeo temen que este modelo refuerce todavía más el enorme poder acumulado por la Fifa durante los últimos años gracias a la expansión del Mundial de Clubes y al aumento constante de los ingresos comerciales.
Más allá del debate institucional, el verdadero motor de la operación es económico. La Fifa sostiene que la creación de la nueva empresa permitiría captar miles de millones de dólares destinados a impulsar proyectos de desarrollo futbolístico en todos los continentes. El organismo defiende que conservaría el control de las decisiones deportivas, del calendario internacional y de la regulación del fútbol, mientras que la nueva estructura se limitaría a gestionar el negocio comercial de las competiciones.
A cambio, las federaciones nacionales podrían beneficiarse de importantes recursos económicos, una perspectiva especialmente atractiva para aquellas asociaciones con presupuestos muy limitados.
¿Modernización o mercantilización del fútbol?
El proyecto ha abierto un intenso debate que va mucho más allá de una simple reorganización empresarial. Para sus defensores, la operación representa una oportunidad histórica para garantizar nuevos ingresos, profesionalizar la gestión y fortalecer el crecimiento global del fútbol.
Sus detractores, en cambio, consideran que supone un paso peligroso hacia la privatización del deporte más popular del planeta y advierten de que el Mundial corre el riesgo de dejar de ser un patrimonio colectivo para convertirse, progresivamente, en un activo financiero.
Sea cual sea el desenlace, la propuesta de Gianni Infantino ya ha conseguido algo que parecía imposible: cuestionar el modelo de propiedad del torneo más prestigioso del fútbol mundial y abrir una batalla que marcará el futuro del deporte durante la próxima década. @mundiario
