La guerra entre EE UU e Irán vuelve a desbordarse ante los vecinos del golfo Pérsico y el resto de Oriente Próximo. La Guardia Revolucionaria Islámica ha anunciado una nueva oleada de ataques contra posiciones militares estadounidenses en Jordania, Baréin, Kuwait e Irak, en represalia por los bombardeos ejecutados por Washington contra objetivos iraníes.
La secuencia de ataques dibuja un escenario especialmente peligroso porque la confrontación vuelve a alcanzar directamente a la red de bases y despliegues militares estadounidenses repartidos por Oriente Próximo. Y la respuesta de Washington puede no tardar. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha advertido de que cualquier represalia iraní contra intereses norteamericanos provocará “otro golpe mucho más duro”, al tiempo que asegura que su Administración prepara una operación todavía mayor.
La Guardia Revolucionaria ha informado de ataques con misiles y drones contra instalaciones estadounidenses situadas en cuatro países de la región. El primer episodio se produjo contra Camp Titin, una instalación estadounidense vinculada al Cuerpo de Marines en Jordania. El Ejército jordano asegura que sus defensas interceptaron diez misiles iraníes y que otros tres cayeron en áreas alejadas de núcleos habitados, sin causar víctimas.
La versión iraní es distinta. La Guardia Revolucionaria afirma haber alcanzado infraestructura militar, mientras el portavoz Ebrahim Zolfaghari sostiene que los ataques provocaron “graves daños” en instalaciones, armamento y equipos estadounidenses y un número indeterminado de muertos y heridos. No existen, por el momento, elementos independientes suficientes para confirmar esas afirmaciones iraníes.
La oleada se extendió después a Baréin, donde Irán aseguró haber empleado drones contra instalaciones militares estadounidenses. También afirmó haber lanzado misiles y drones contra posiciones estadounidenses próximas a Erbil, en el Kurdistán iraquí. En Kuwait, el Ejército comunicó que sus sistemas de defensa aérea estaban interceptando drones procedentes de Irán. Teherán está utilizando la extensa presencia militar estadounidense en la región como un mapa de objetivos potenciales, mientras los países anfitriones intentan evitar que su territorio se convierta en un campo de batalla abierto entre las dos potencias.
Explosiones en Bandar Abás y Qeshm
La ofensiva iraní llega después de que Estados Unidos confirmara el inicio de ataques contra objetivos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) dentro de Irán. El Comando Central de Estados Unidos (Centcom) comunicó que sus fuerzas comenzaron a ejecutar ataques contra objetivos del CGRI, aunque no detalló inicialmente qué instalaciones habían sido alcanzadas. Washington justificó la operación por los recientes ataques y “intentos de agresión” atribuidos a la Guardia Revolucionaria contra el transporte marítimo comercial en el estrecho de Ormuz y contra militares estadounidenses desplegados en la región.
Los primeros ataques estadounidenses provocaron explosiones en distintos puntos del suroeste iraní, según medios locales. Entre las zonas afectadas aparecen Bandar Abás, principal puerto iraní y una de las instalaciones navales más importantes de la Guardia Revolucionaria, y la isla de Qeshm, situada en una posición estratégica frente al estrecho de Ormuz.
Ambos lugares ya habían aparecido anteriormente en la secuencia de ataques estadounidenses. La Guardia Revolucionaria ha denunciado además que un bombardeo alcanzó una vivienda en Sirik, cerca del estrecho, causando varios muertos y al menos 50 heridos. Mientras Washington presenta sus operaciones como ataques contra objetivos militares y amenazas a la navegación, Teherán busca demostrar que las ofensivas estadounidenses también están provocando víctimas civiles.
La retórica entre ambos gobiernos ha escalado al mismo ritmo que las operaciones militares. Trump sostiene que los bombardeos estadounidenses responden, entre otros motivos, al intento iraní de colocar minas en el estrecho de Ormuz y al lanzamiento de ocho misiles contra una base estadounidense en Jordania. El presidente estadounidense considera sus ataques “totalmente justificados” y ha advertido a Teherán de que una nueva respuesta iraní tendrá consecuencias todavía mayores.
Trump amenaza con “el mayor ataque de todos”
Trump asegura que Estados Unidos está preparando “el mayor ataque de todos” y ha llegado a afirmar que, después de esa operación, quedaría muy poco de la República Islámica de Irán. Es una amenaza que eleva sustancialmente el riesgo de una escalada en cadena donde un ataque estadounidense desata una represalia iraní. Cada ciclo puede ampliar el número de objetivos y de países afectados.
Teherán, por su parte, ha dejado claro que considera el estrecho de Ormuz una línea roja. El presidente del Parlamento iraní y jefe negociador, Mohamad Baqer Qalibaf, ha advertido de que, si Estados Unidos intensifica el bloqueo marítimo contra buques y puertos iraníes, Irán responderá militarmente.
Las embajadas estadounidenses han comenzado a advertir a sus ciudadanos de los riesgos derivados de la nueva situación. La representación diplomática de EE UU en Jordania ha pedido extremar las precauciones y permanecer alerta ante una posible escalada imprevista. También ha advertido de posibles cancelaciones de vuelos, cierres temporales del espacio aéreo e interrupciones de los desplazamientos.
Es una señal de que la crisis militar empieza a afectar a la vida cotidiana mucho más allá de las zonas directamente atacadas. La aviación civil es uno de los primeros sectores afectados cuando aumentan los lanzamientos de misiles y drones. Los países de la región pueden cerrar temporalmente su espacio aéreo para proteger a sus ciudadanos y a las aeronaves comerciales, multiplicando los efectos económicos de la guerra. @mundiario
