James Harden, talento histórico y maldición en los playoffs de la NBA

James Harden tiene 36 años, 17 temporadas en la NBA y un currículum que lo coloca entre los grandes: más de 29.000 puntos, noveno máximo anotador de la historia, tres veces máximo anotador, dos veces líder en asistencias, 11 veces All Star y campeón olímpico y mundial. Su estilo ofensivo cambió el baloncesto, imponiendo la era de los triples y las penetraciones, eliminando la media distancia.

Pero ese mismo estilo es también su condena. Harden monopolizó el balón, ralentizó el juego y convirtió a sus equipos en dependientes de un sistema plano y repetitivo. En temporada regular funcionaba, pero en playoffs se volvía disfuncional. Sus defectos defensivos, su vida extradeportiva y su falta de evolución lo alejaron de la categoría de leyenda.

Su historial en postemporada lo demuestra. En 2018, con los Rockets, protagonizó la famosa racha de 27 triples fallados consecutivos, símbolo de un plan sin alternativas. En 17 participaciones, solo ha superado tres veces el 45% en tiros de campo y una vez el 40% en triples. Incluso ahora, con los Cavaliers, sus actuaciones en séptimos partidos han sido cuestionables: porcentajes bajos, más pérdidas que tiros anotados y un impacto defensivo negativo.

En las actuales finales del Este contra los Knicks, Harden volvió a ser señalado. Se quedó en 15 puntos con un 5/16 en tiros y fue atacado 21 veces en el último cuarto en el pick and roll, concediendo casi dos puntos por posesión. “No es ningún secreto que estamos apuntando totalmente a James Harden”, dijo Mike Brown.

La paradoja de Harden

El físico castigado, la falta de adaptación y su dependencia del triple lo convierten en un jugador que se desgasta en los momentos clave. Aunque sigue siendo un talento ofensivo histórico, su techo en playoffs es bajo porque nunca buscó nuevas formas de anotar ni mejorar sus carencias.

Su contrato refleja la paradoja: cobrará 40 millones esta temporada y tiene una player option de 42 para la próxima. Es parte de los libros de historia, pero también un jugador que en los momentos de la verdad ha sido más problema que solución.

Los Cavaliers aún tienen opciones por la debilidad del Este, pero todo pasa por resolver el “caso Harden”: ajustar sus minutos, encontrar un plan alternativo y evitar que su estilo arrastre al equipo al naufragio.

Al final, Harden es un jugador maldito: capaz de cifras históricas y highlights memorables, pero también de actuaciones desoladoras. Una estrella que pudo ser leyenda y que, en cada playoff, revive la misma historia. @mundiario