James Rodríguez y su incansable odisea por el fútbol

Pocos futbolistas de su generación representan mejor la diferencia entre rendir para un club y hacerlo con una selección que James Rodríguez. A sus 35 años, el colombiano continúa siendo una figura reconocible en cualquier parte del mundo, pero su carrera a nivel de clubes lleva mucho tiempo convertida en una sucesión de destinos breves. Su próximo capítulo podría escribirse ahora en un lugar inesperado: la segunda categoría del fútbol italiano.

El Avellino ha iniciado contactos para explorar su incorporación. De momento no existe fichaje oficial y tampoco puede darse el acuerdo por cerrado. Las conversaciones con el entorno del colombiano ya se han producido e incluso Alessandro Nesta, entrenador del conjunto italiano, habría intervenido en ellas. La incógnita está en saber si las condiciones económicas permitirán transformar ese acercamiento en un contrato.

El destino resulta particular. El Avellino regresó a la Serie B en 2025 después de casi siete años fuera de la categoría, tras haber tenido que reconstruirse desde el fútbol amateur. Ahora intenta asentarse nuevamente en el segundo escalón italiano y este verano entregó el banquillo a Nesta, contratado hasta junio de 2028. Incorporar a James supondría inevitablemente mucho más que añadir un mediapunta: pocas operaciones disponibles para un club de Segunda ofrecerían semejante repercusión internacional.

La operación puede plantearse después del cierre convencional del mercado porque James está libre. Minnesota United lo contrató en febrero únicamente hasta junio de 2026, aunque se reservó una opción para prolongar su vinculación hasta diciembre. Esa continuidad no se produjo y el colombiano vuelve a encontrarse sin equipo. La normativa italiana contempla precisamente una ventana posterior para determinados futbolistas que terminan contrato, por lo que el cierre del mercado del 1 de septiembre no impide por sí mismo la operación.

Sería solamente otro destino en una trayectoria que hace tiempo dejó de tener estabilidad. Desde que abandonó definitivamente el Real Madrid en 2020, James ha pasado por Everton, Al-Rayyan, Olympiacos, São Paulo, Rayo Vallecano, León y Minnesota United. Inglaterra, Catar, Grecia, Brasil, España, México y Estados Unidos en apenas seis años. Si finalmente firma con el Avellino, Italia se convertirá en el octavo campeonato diferente que pisa desde su salida del Bernabéu.

Su paso por Vallecas probablemente sea uno de los ejemplos más claros de esa contradicción. El Rayo lo presentó en agosto de 2024 después de que hubiera sido elegido mejor jugador de la Copa América, competición en la que repartió seis asistencias, récord de aquella edición. El fichaje parecía una oportunidad extraordinaria para un club que celebraba su centenario. Apenas unos meses después, James salió rumbo al León mexicano tras disputar solamente siete partidos oficiales con la camiseta franjirroja.

El movimiento tiene también un evidente componente mediático. James continúa siendo uno de los futbolistas colombianos más reconocibles del mundo y su llegada colocaría al Avellino en un escaparate internacional poco habitual para un club de Serie B. La incógnita vuelve a estar en lo deportivo. El colombiano arrastra desde hace años esa parsimonia en los entrenamientos y, sobre todo, una dificultad evidente para adaptarse a equipos que exigen intensidad, presión y trabajo sin balón. Ya ocurrió en São Paulo, donde su fútbol nunca terminó de encajar en un sistema que reclamaba precisamente mayor ritmo, y volvió a apreciarse en Vallecas. El Rayo de Íñigo Pérez construía buena parte de su identidad desde la presión, la velocidad y el esfuerzo colectivo, características muy alejadas del perfil actual de James. Sus apenas siete partidos oficiales fueron suficientes para comprobar que aquella unión tenía difícil recorrido.

Ni siquiera la aventura norteamericana consiguió romper la dinámica. Minnesota apostó por él en febrero con un contrato diseñado prácticamente a la medida de su preparación para el Mundial. Su participación volvió a ser reducida antes de regresar con Colombia: seis encuentros de MLS, 195 minutos, ningún gol y dos asistencias. Otra experiencia breve para un jugador cuya calidad con balón nunca ha estado demasiado en discusión, pero que lleva años sin encontrar un proyecto de clubes capaz de convertirla en continuidad.

Y entonces aparece Colombia, la gran excepción. James pasó de tener un papel residual en varios de sus clubes a ser el mejor jugador de la Copa América 2024 y siguió siendo capitán y titular en el Mundial de 2026. Disputó los cinco encuentros de una selección que alcanzó los octavos de final antes de caer por penaltis ante Suiza. Con la camiseta amarilla continúa encontrando la responsabilidad, la confianza y el contexto futbolístico que tantas veces le han faltado durante sus últimos años lejos de ella.

Una vez más vemos cómo James buscará una nueva aventura en un club muy alejado del escaparate que acompañó buena parte de su carrera. Y los que ya lo hemos visto hacer y deshacer las maletas desde que salió cedido al Bayern de Múnich en 2017, con la selección colombiana como gran excepción a esa falta de continuidad, solo estamos esperando a que llegue el próximo mercado de fichajes para verlo hacer las maletas a dios sabe dónde a hacer dios sabe qué. @mundiario