Kane hace historia en Wembley: iguala el récord de Peter Shilton y destroza a Chequia

El coliseo de Wembley fue testigo este martes de una de esas veladas destinadas a permanecer grabadas con letras doradas en los libros de historia del fútbol británico. En la antesala del compromiso frente a Chequia, la cadena pública BBC Sport consultó a los aficionados ingleses quién ostentaba la condición de mejor futbolista de la historia del país, cerrando el sondeo previo con un aplastante 58% en favor de Harry Kane. Tras presidir un recital memorable saldado con un triunfo inapelable (3-0) que deja a los Three Lions virtualmente clasificados para los cuartos de final de la Nations League, es muy probable que el mítico capitán hubiese arrasado con un porcentaje todavía más abrumador.

La jornada en la que HurriKane alcanzó las 125 internacionalidades con la camiseta de la selección absoluta —igualando la plusmarca legendaria del mítico guardameta Peter Shilton— le perteneció de principio a fin de manera exclusiva. El ariete del Bayern de Múnich se erigió en el dueño y señor del encuentro: forzó el primer tanto con un centro endiablado, culminó una excelsa combinación colectiva para sellar el 2-0 y firmó el 3-0 definitivo con un cabezazo impecable. Con este doblete estratosférico, el atacante eleva su cuenta personal hasta las 91 dianas oficiales con la elástica nacional, manteniendo al bloque de Thomas Tuchel en la segunda plaza con nueve unidades, a tres de la Selección Española.

En un compromiso donde Jude Bellingham completó una actuación discreta y sin excesivo protagonismo, Trent Alexander-Arnold recuperó la titularidad en el lateral diestro y Anthony Gordon disfrutó de descanso tras su sobreesfuerzo continental, el delantero centro volvió a ratificar por qué merece ser recordado como el mejor jugador inglés de todos los tiempos. A sus 33 años y tras una carrera intachable castigando las redes contrarias, la exhibición adquiere tintes de alegato incontestable a falta de escasas semanas para que la capital británica acoja la entrega del Balón de Oro 2026, una distinción individual que el ariete merece como pocos en el planeta fútbol.

Por si el ambiente en las gradas de Wembley no estuviese lo suficientemente rendido a la figura de su capitán, el lateral checo Vladimír Coufal también decidió rendir pleitesía al goleador, aunque de la forma más trágica y desconcertante para los intereses del combinado dirigido por Santi Denia. Aunque Inglaterra había acumulado llegadas de sobra para quebrar el empate inicial antes del minuto 27, la diana de apertura llevó la firma del zaguero visitante en propia meta, fusilando a su cancerbero al intentar despejar un centro lateral de Kane que, de no mediar remate, se hubiese marchado plácidamente por la línea de cal.

Gran parte de ese peligro inicial nació de las botas de Trent Alexander-Arnold, quien martirizó a la retaguardia centroeuropea con sus constantes incorporaciones al ataque y una precisión quirúrgica en el envío en largo. En su segunda titularidad consecutiva durante este maratoniano parón internacional, el defensor madridista acarició el gol con un sensacional lanzamiento de falta directa repelido por Antonín Horníček y sirvió varios centros envenenados al corazón del área que Bellingham no logró transformar por escasos centímetros.

La sentencia de cabeza y el dulce momento de los Three Lions

Sin embargo, el destino de la noche del 6 de octubre estaba celosamente reservado para la gloria personal de Harry Kane. El segundo tanto de los locales, materializado en el minuto 40 de la primera parte, representó una auténtica obra de arte coral que levantó al estadio de sus asientos. El cuadro de Thomas Tuchel trenzó una circulación vertiginosa a un toque por el carril central hasta que Elliot Anderson filtró un pase raso hacia Morgan Rogers, quien habilitó de primeras al capitán inglés para que este ajusticiara al guardameta con un remate cruzado de categoría mundial.

Tras el paso por vestuarios, Inglaterra mantuvo el pie en el acelerador en busca de una renta más abultada. Bellingham intentó sumarse a la fiesta con un taconazo acrobático que no encontró portería, marchándose ovacionado por la hinchada londinense al ser reemplazado a falta de 20 minutos para el final, mientras el propio Kane estrelló poco después un descomunal trallazo en el larguero tras una elegante maniobra individual nacida de las botas de Myles Lewis-Skelly.

El gol de la sentencia definitiva no tardó en llegar para coronar la fiesta del flamante plusmarquista de internacionalidades. En el minuto 57 de partido, a la salida de un saque de esquina templado hacia el segundo palo, Kane emergió con autoridad por encima de los defensores checos para conectar un testarazo certero que besó las mallas. El doblete rubricó su fiesta particular y confirmó su demoledora eficacia aérea ante el delirio de la afición británica.

El tramo final del choque sirvió para gestionar esfuerzos y blindar a las piezas más cargadas de minutos en este exigente calendario otoñal. Anthony Gordon, titular y realizador en los tres primeros encuentros de la ventana de selecciones, ni siquiera necesitó realizar ejercicios de calentamiento en la banda, descansando con la tranquilidad de ver a su equipo someter con solvencia al combinado visitante sin pasar el más mínimo apuro defensivo.

La afición de los Three Lions despidió a sus futbolistas con una cerrada ovación hasta el próximo parón del mes de noviembre, celebrando el tercer triunfo consecutivo en el torneo. Apenas diez días después del amargo tropiezo encajado frente a España (2-3), el cuadro inglés se reencontró con su mejor versión competitiva de la mano de un Harry Kane estratosférico, quien igualó a Peter Shilton con 125 batallas y ratificó que su instinto asesino en el área sigue siendo el gran tesoro del fútbol inglés. @mundiario