Por: Héctor E. Contreras.
Salmo 6:4-5 é Isaías 38:18-20.
El autor del salmo 126, pensando en lo que sería su regreso a su tierra, a su nación; a su país, soñaba cuándo llegaría ese glorioso día. El salmista escribe: “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risas, Y nuestra lengua de alabanza; entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; Estaremos alegres”, Salmo 126:1-3. Este salmo es un cántico de regocijo de un pueblo que piensa en su tierra. 70 años de cautiverio era mucho tiempo de exilio en tierra de extraños. En él encontramos tres metáforas que expresan el gozo inefable del regreso: 1-) Un sueño, verso 1, 2-) El agua refrescante de los arroyos en el área desértica meridional, verso 4 y 3-) Las festividades de la cosecha, verso 6. Los versos 5 y 6 nos dan la capacidad de Dios para restaurar la vida más allá de nuestro entendimiento. Los huesos rotos sanan. Aun la angustia no es una condición permanente. Nuestras lágrimas pueden ser semillas que produzcan una cosecha de gozo, debido a que Dios puede sacar algo bueno de una tragedia. Cuando la tristeza te abrume, debes entender que tus momentos de angustia terminarán y que una vez más encontrarás el gozo del Señor, el cual es tu fortaleza. Debes entender con paciencia cuando esperas; porque ¡Ya viene la gran cosecha del gozo del Señor! ¡Espérala y canta de su gozo!
“Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia. Porque en la muerte no hay memoria de ti; En el Seol, ¿quién te alabará?”, Salmo 6:4-5. David en este salmo, el primero de siete salmos “penitenciales” en que el autor humildemente se da cuenta del problema en que está, que en lo general es resultado del pecado. Expresa dolor por ello, y demuestra un renovado propósito de permanecer cerca de Dios. Tal Jeremías, David clama a Dios por misericordia, rogando a su Creador no enojarse en contra de él. Jeremías escribió: “Castígame, oh Jehová, mas con juicio; no con tu furor, para que no me aniquiles”, Jeremías 10:24. Jehová, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu ira, son las primeras palabras del salmo 6, de David.
Dios es Dios justo, bueno, clemente y misericordioso. Por tal razón la Biblia dice: “Claman los justos, y Jehová oye, Y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; salva a los contritos de espíritu. Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová”, Salmo 34:17-19. En ocasiones deseamos poder escapar de los problemas: el dolor de la angustia, pérdida, tristeza y fracaso, e incluso las pequeñas frustraciones diarias que constantemente nos abaten. Dios promete estar “cercano a los quebrantados de corazón”, ser nuestra fuente de poder, valor y sabiduría, para ayudarnos a pasar a través de los problemas. A veces Él decide librarnos de los mismos. Cuando los problemas te golpeen, no te decepciones de Dios. Es todo lo contrario, debes admitir que necesitas la ayuda de Dios y agradecerles por permanecer a tu lado. ¡Dios es Bueno!
Hoy, 31 de octubre, 2022, revisando una Biblia que he utilizado mucho para mis estudios, me encontré con los siguientes versos: “Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre. Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Como con un escudo lo rodearás de tu favor”, Salmo 5:11-12. Estos dos versos los leí el día 26 de diciembre del año 1969. Casi a los 53 años, mirando hacia atrás, cuando muchos de los que ahora leen estas líneas tal vez no habían nacido, salté de gozo al ver mis notas en las líneas de estos dos versos. Porque hoy, tantos años después, también puedo dar voces de júbilo por siempre, porque mi Dios y Señor me ha defendido. Me regocijo en Jehová mi Dios, porque he podido amar su nombre desde hace mucho tiempo y Él me ha rodeado con su escudo de poder. Por tal razón el título de este mensaje: “La alabanza de los justos”. ¡Bendito sea el nombre de nuestro Dios! Puedo cantar como Ana, cuando fue al templo a llevar a Samuel, su hijo que le había pedido a Dios entre lágrimas, cuando dijo: “Mi corazón se regocija en Jehová”, I-Samuel 2:1. ¡Aleluya, gloria a Dios! ¡Sea bendecido su nombre por siempre!
“Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. El que vive, el que vive, éste te dará alabanza, como yo hoy; el padre hará notoria tu verdad a los hijos. Jehová me salvará; por tanto cantaremos nuestros cánticos en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida”, Isaías 38:18-20. Ezequías se dio cuenta de que su oración trajo liberación y perdón. Sus palabras “el Seol no te exaltará”. Es posible que revelen que no estaba consciente de la bienaventuranza de la vida futura para los que confían en Dios. Ezequías reconoció el bien que surgió de su amarga experiencia. La enseñanza que debo destacar es que: La próxima vez que pases por una experiencia que no sea de bendición, tu deber es orar para que Dios produzca lo mejor de ella para tu vida. Ezequías habló del significado de transmitir el gozo del Señor de padre a hijo, de generación en generación. La herencia nos ha llegado debido a los fieles que han llevado el mensaje de Dios a lo largo de los siglos. Pero antes de toda esta declaración, notemos lo que era este hombre anteriormente, veamos: “Contaba yo hasta la mañana. Como un león molió todos mis huesos; de la mañana a la noche me acabarás. Como la grulla y como la golondrina me quejaba; gemía como la paloma; alzaba en alto mis ojos. Jehová, violencia padezco; fortaléceme. ¿Qué diré? El que me lo dijo, él mismo lo ha hecho. Andaré humildemente todos mis años, a causa de aquella amargura de mi alma”, Isaías 38:13-15.
¿Tienes algo que añadir a esta última declaración? ¿Has estado en tal situación? ¡Claro que sí! Cada cual conforme a lo que ha sido nuestra vivencia delante de Dios e inclusive delante de nuestra propia familia. Lo más importante del mensaje de Ezequías, es reconocer lo que él nos declara para con nosotros mismos. Todos aquellos que han sido llevados a la tumba de un cementerio, nunca más podrán alabar a Dios. Sólo el que vive, dará alabanzas a nuestro Señor. ¿Por qué razón? Porque hemos alcanzado vida solamente por medio de Cristo Jesús, antes éramos unos muertos en vida, como dice el refrán. La Biblia afirma que antes de Cristo, éramos muertos. “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, Romanos 6:23.
Es por medio de Jesucristo que hemos alcanzado nuestra salvación y hemos sido trasladados al Trono de la Gracia de Dios por su sacrificio en la cruz. Por lo tanto, hemos sido justificados en su muerte, para el perdón de nuestros pecados. Puedo decir en esta hora: ¡A su nombre gloria por siempre! Bendiciones, amados.




