Las primarias de Florida han confirmado una primera fotografía para las elecciones del 3 de noviembre: Byron Donalds será el candidato republicano y David Jolly el demócrata para suceder a Ron DeSantis. El aspirante a gobernador apoyado por el presidente Donald Trump se impuso con el 48 % de los votos de su partido, mientras el opositor logró un contundente 61 % entre los demócratas.
La disputa, sin embargo, trasciende el relevo en la mansión del gobernador. Florida se ha convertido en un laboratorio de la batalla política estadounidense de 2026. El Estado que durante décadas fue considerado un territorio púrpura se ha escorado tanto a la derecha que se ha convertido en un feudo republicano, pero los demócratas creen que las elecciones de mitad de mandato pueden abrir una ventana para recuperar parte del terreno perdido.
La victoria de Donalds supone, en primer lugar, una nueva demostración de la influencia de Trump dentro del Partido Republicano de Florida. El antiguo congresista por Naples recibió el respaldo de Trump antes incluso de anunciar formalmente su candidatura. Su triunfo frente a 10 aspirantes republicanos consolida una trayectoria política estrechamente vinculada al movimiento trumpista y sitúa al presidente estadounidense como un actor central en la sucesión de DeSantis.
El gobernador saliente no se decantó por ningún candidato, ni siquiera por su vicegobernador, Jay Collins, que terminó segundo con el 25 %. La ausencia de un respaldo explícito de DeSantis también representa un reajuste del poder dentro del republicanismo estatal, volcado en el respaldo a la Administración Trump. aunque los sondeos habían previsto un cierto declive, especialmente entre la comunidad hispana a raíz de la dura política de deportaciones en manos de ICE.
Donalds ha prometido mantener buena parte del rumbo conservador de Florida, con especial énfasis en impuestos, educación y coste de la vida. Su candidatura tiene además una dimensión histórica: si gana en noviembre, se convertirá en el primer gobernador negro de Florida. Además, su mensaje después de la victoria estuvo dirigido tanto a sus adversarios internos como al electorado general. Donalds pidió unidad republicana y presentó a Jolly, un republicano desertor reconvertido en demócrata, como representante de una izquierda que, según su discurso de campaña, elevaría los impuestos y el coste de vida.
Jolly intenta romper el muro republicano
Frente a Donalds estará David Jolly, un candidato con una trayectoria política poco convencional. Excongresista republicano por la zona de Tampa Bay, Jolly abandonó el Partido Republicano en 2018 y se incorporó formalmente al Partido Demócrata el año pasado. Ese perfil puede permitirle buscar un electorado que vaya más allá de la base tradicional demócrata entre los independientes, moderados y republicanos descontentos con Trump.
Su 61 % en las primarias representa un respaldo considerable y demuestra que el Partido Demócrata de Florida ha cerrado filas alrededor de una candidatura que intenta competir en un Estado que se ha desplazado claramente hacia la derecha. Jolly persigue, además, otro hito: sería el primer gobernador demócrata de Florida en más de tres décadas.
El reto es enorme. DeSantis ganó la reelección en 2022 por casi 20 puntos y Trump se impuso en Florida en las presidenciales de 2024 por 13 puntos. El mapa político actual sigue favoreciendo claramente a los republicanos, especialmente a raíz del gerrymandering que redibujó varios distritos electorales para beneficiar a los conservadores a inicios de este año. Pero la distancia no es necesariamente inamovible. Las elecciones de mitad de mandato suelen estar condicionadas por la situación del partido que ocupa la Casa Blanca y por el nivel de movilización de sus adversarios.
El nuevo mapa del Congreso cambia las reglas
La transformación política de Florida es una de las claves de esta elección. Durante años, el Estado fue uno de los grandes territorios bisagra de Estados Unidos. Republicanos y demócratas competían por cada voto y los resultados podían decidir elecciones presidenciales. Ese equilibrio ha saltado por los aires para los demócratas. El Partido Republicano controla la gobernación, domina ambas cámaras legislativas y mantiene una posición muy favorable en buena parte de la representación federal.
En Tallahassee, los republicanos disponen de 27 de los 40 senadores estatales y 83 de los 120 miembros de la Cámara de Representantes. El desplazamiento hacia la derecha también ha sido especialmente visible entre determinados sectores del electorado hispano, incluido el condado de Miami-Dade, históricamente asociado al voto demócrata. Precisamente por eso, que Jolly haya obtenido una victoria tan amplia en las primarias demócratas no significa que el cambio de color político del Estado esté cerca. Sí evidencia, en cambio, que el partido pretende disputar el territorio con una estrategia diferente.
La otra gran batalla se libra en los distritos de la Cámara de Representantes. La nueva distribución electoral aprobada por la mayoría republicana de Florida ha modificado numerosos distritos y ha obligado a varios congresistas a buscar nuevos territorios electorales. El resultado puede reforzar todavía más la representación republicana en Washington, y algunos analistas predicen que la diferencia entra ambos partidos podría ser de 24 escaños a cuatro, a favor de los conservadores.
Uno de los casos más significativos es el de Debbie Wasserman Schultz, veterana congresista demócrata y antigua presidenta del Comité Nacional Demócrata. La candidata del establishment ganó las primarias demócratas del nuevo distrito 20 y se enfrentará en noviembre al republicano Brent Andersen y al independiente Kedner Maxime. El distrito incluye comunidades mayoritariamente negras del centro y oeste del condado de Broward. Su candidatura ha generado controversia dentro del propio Partido Demócrata porque el distrito lleva décadas representado por congresistas afrodescendientes.
La izquierda desafía al establishment
En el distrito 27, que incluye Miami, la contienda también adquiere especial relevancia. El demócrata Eliott Rodríguez, antiguo presentador de CBS y de origen cubano, competirá contra la republicana María Elvira Salazar, también periodista de familia cubana, que logró superar su propia primaria. Salazar parte de una posición conocida en la política estadounidense por su firme oposición al régimen cubano y al chavismo venezolano y por su cercanía política con Trump. Al mismo tiempo, ha marcado diferencias con algunas posiciones de la Administración en materia migratoria, especialmente respecto a las deportaciones y la protección temporal de determinados colectivos. La carrera tendrá una lectura particular en el sur de Florida, donde el voto hispano se ha convertido en uno de los campos de batalla fundamentales de la política estadounidense.
Como telón de fondo, la disputa interna demócrata no se limita al enfrentamiento con los republicanos. Angie Nixon se impuso en las primarias demócratas para el Senado frente al veterano Alexander Vindman, antiguo oficial de inteligencia del Ejército y figura conocida por testificar durante el primer proceso de impeachment contra Trump.
Nixon representa el ala progresista vinculada al capítulo floridiano de los Socialistas Demócratas de América (DSA) y había partido con muchos menos recursos económicos que Vindman. Su victoria encaja en una tendencia nacional en la que candidatos situados más a la izquierda han conseguido imponerse en las primarias demócratas, con el triunfo de Abdul El-Sayed en Míchigan como pináculo del tándem electoral que suponen el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y la diputada precandidata presidencial Alexandria Ocasio-Cortez.
La congresista se enfrentará en noviembre a la republicana Ashley Moody, que ganó sin dificultades la nominación de su partido para disputar los dos años restantes del mandato del ahora secretario de Estado, Marco Rubio. Aquí los demócratas afrontan también una tarea especialmente complicada para convertir una primaria competitiva en una victoria estatal en noviembre.
El centro demócrata también resiste
La jornada, sin embargo, no fue un triunfo uniforme del ala progresista. Jared Moskowitz, demócrata centrista y congresista por Florida, derrotó a Oliver Larkin, candidato respaldado por sectores de la izquierda y defensor de propuestas como la sanidad universal y la gratuidad de las universidades públicas.
Moskowitz ha mantenido posiciones que le han permitido diferenciarse de parte de su partido, aunque también ha recibido críticas de los progresistas por su respaldo a determinadas políticas migratorias y por su posición sobre Israel. El resultado muestra que el Partido Demócrata todavía no despeja sus dudas de cara a las elecciones de noviembre, con el dilema de cómo ampliar su base electoral sin perder a los votantes moderados que necesita para competir en territorios republicanos. @mundiario
