La caída de Starmer: Por qué el laborismo británico busca un cambio desesperado

La supuesta renuncia del primer ministro británico no responde a un único acontecimiento, sino a una acumulación de factores que han ido debilitando progresivamente su liderazgo. Los malos resultados en las elecciones locales inglesas y en los comicios autonómicos de Escocia y Gales ya habían erosionado gravemente su posición. Sin embargo, el golpe definitivo habría llegado con la victoria de Andy Burnham en la elección parcial de Makerfield.

El exalcalde de Mánchester logró regresar al Parlamento con un resultado que muchos diputados laboristas interpretaron como una demostración de fuerza. Burnham consiguió imponerse ampliamente y reforzó la percepción de que es uno de los pocos dirigentes capaces de contener el avance de Reform UK, la formación liderada por Nigel Farage, que encabeza numerosos sondeos de intención de voto.

Según las informaciones publicadas por The Observer y reproducidas por buena parte de la prensa británica, Keir Starmer habría mantenido durante los últimos días intensas conversaciones con ministros, dirigentes sindicales, parlamentarios y donantes del partido. El resultado de esas consultas habría sido la conclusión de que su continuidad podría desembocar en una rebelión interna con dimisiones en cascada dentro del Gobierno.

Aunque Downing Street no ha confirmado oficialmente la noticia, algunos miembros del Ejecutivo han comenzado a reconocer públicamente la gravedad de la situación. El ministro de Negocios, Peter Kyle, admitía en la BBC que el primer ministro es plenamente consciente de las dificultades. “Además de trabajar intensamente a lo largo del fin de semana, creo que ha tenido tiempo de reflexionar sobre la realidad política, los desafíos y las oportunidades a los que debe hacer frente”.

La formulación utilizada por Kyle fue interpretada por numerosos analistas como una señal de que el discurso de resistencia mantenido hasta ahora por Starmer ha comenzado a dar paso a una estrategia orientada a una retirada ordenada.

Por su parte, la figura del antiguo alcalde de Mánchester se ha convertido en el principal elemento alrededor del cual gira la crisis laborista. Su victoria en Makerfield le permitió recuperar un escaño en Westminster, requisito imprescindible para disputar el liderazgo del partido. Burnham ya había advertido durante la campaña que el laborismo afrontaba una última oportunidad para rectificar. “No habrá una segunda oportunidad”.

La contundencia de su triunfo, con más del 55 % de los votos, ha reforzado la percepción de que puede convertirse en el dirigente capaz de reagrupar al electorado progresista y contener el crecimiento de la derecha populista.

Entre los parlamentarios laboristas existe la convicción de que Burnham dispone ya del respaldo de más de 200 diputados, una cifra superior a la mitad del grupo parlamentario. Si esa estimación es correcta, Starmer tendría enormes dificultades para garantizar ante el rey Carlos III que mantiene la confianza suficiente de la Cámara de los Comunes.

El proceso de primarias que podría cambiar Downing Street

Las normas internas del Partido Laborista exigen el apoyo del 20 % del grupo parlamentario para activar unas primarias. Con más de 400 diputados laboristas en Westminster, el aspirante necesita el respaldo de al menos 81 parlamentarios. Los partidarios de Burnham sostienen que esa cifra está ampliamente superada. Si Starmer anunciara su retirada y decidiera no concurrir a una eventual elección interna, el exalcalde podría convertirse en líder prácticamente por aclamación.

No obstante, otros sectores del partido defienden la celebración de una competición abierta que otorgue mayor legitimidad al vencedor. Entre los posibles candidatos aparece el exministro de Sanidad Wes Streeting, que ya ha expresado su intención de disputar el liderazgo. También han circulado nombres como los de Angela Rayner o Ed Miliband.

El propio Peter Kyle reconocía que una competición interna podría ser positiva, aunque subrayó la necesidad de preservar la estabilidad gubernamental.

Pese al impacto de las informaciones periodísticas, oficialmente Starmer continúa siendo primer ministro. Downing Street recordó este domingo que el líder laborista había asegurado apenas dos días antes que estaba dispuesto a combatir cualquier desafío interno. Sin embargo, dentro del partido crece la sensación de que una salida pactada sería menos traumática que una confrontación abierta.

Según diversas fuentes laboristas citadas por la prensa británica, el escenario más probable pasaría por anunciar este lunes un calendario para una retirada gradual, posiblemente durante el otoño. La eventual salida de Starmer supondría la llegada del séptimo primer ministro británico en apenas diez años, una cifra que refleja el profundo grado de volatilidad política que vive el Reino Unido desde el referéndum del Brexit de 2016.

El sucesor heredaría un escenario complejo. Las relaciones con la Unión Europea siguen marcadas por las consecuencias del divorcio comunitario, mientras la economía británica continúa enfrentándose a problemas estructurales y la cuestión migratoria se ha convertido en uno de los principales ejes del debate político.

Andy Burnham, crítico histórico con el Brexit, ha evitado convertir la relación con Bruselas en un tema central, consciente de que reabrir esa discusión podría devolver al país a años de enfrentamientos políticos.

El ascenso de Reform UK y el miedo a Nigel Farage

Detrás de la crisis laborista aparece un elemento que condiciona todas las decisiones: el crecimiento sostenido de Reform UK. La formación de Nigel Farage fue la más votada en las elecciones de mayo y encabeza numerosos sondeos nacionales. Muchos diputados laboristas consideran que el tiempo juega en contra y que la continuidad de Starmer podría facilitar un futuro triunfo de Farage en unas elecciones generales.

Incluso Donald Trump se pronunció sobre la situación británica desde Truth Social: “Keir Starmer dimitirá como Primer Ministro del Reino Unido. Fracasó estrepitosamente en dos temas cruciales: INMIGRACIÓN Y ENERGÍA (¡EXPLOTACIÓN DE PETRÓLEO EN EL MAR DEL NORTE!). ¡Le deseo lo mejor!”.

Más allá de las especulaciones y de la intensidad del debate interno, la crisis abierta en el Partido Laborista vuelve a evidenciar la fragilidad de la política británica. La supuesta dimisión inminente de Keir Starmer todavía no ha sido oficializada, pero la mera posibilidad ha bastado para situar nuevamente al Reino Unido ante un cambio de liderazgo que, de confirmarse, añadiría otro capítulo a una década marcada por la inestabilidad institucional y por una sucesión casi ininterrumpida de primeros ministros. @mundiario