Lo que Dios desea de su pueblo: “HUMILDAD”

Por Héctor E. Contreras.

Lucas 18:9-14, Miqueas 6:8.

¿Se nace siendo humilde? ¿Qué es en sí la humildad dentro del pueblo que ha confesado a Jesucristo? ¿Tenemos todos la capacidad de decir que vivimos con humildad? ¿Qué nos enseña la Biblia sobre la humildad? El profeta Miqueas tiene la respuestas a las interrogantes detalladas en principio: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti; solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”, Miqueas 6:8. Las personas han probado todas las formas posibles de agradar a Dios, pero Él dejó en claro sus deseos en cuanto a lo que podamos ser delante de su presencia: “Justo y misericordioso” y que caminemos humildemente con Él. En tus esfuerzos para complacer a Dios, te ruego examines estas áreas con regularidad: ¿Eres tú justo en tu trato con los demás? ¿Muestras misericordia con aquellos que te causan molestia? ¿Estás aprendiendo a ser humilde? Sólo los que escuchen a Dios y obedezcan, viven en una relación adecuada con Él. Te invito a dejar el enojo, el orgullo y tu pasión interna y sólo así podrás alcanzar la humildad que tanto necesitas. 

Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu”, Salmo 34.18, y es el mismo autor de este salmo, David que nos dice: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”, Salmo 51:17. En ocasiones deseamos poder escapar de los problemas: el dolor de la angustia, la pérdida, tristeza y fracaso, incluso las pequeñas frustraciones diarias que constantemente nos abaten. Dios promete estar “cercano”, si en verdad te encuentras dentro de los quebrantados de “corazón”. Debes entender algo y es lo que describe David cuando escribió: “Al corazón contrito y humillado”, Dios nunca lo desprecia. En ocasiones vivimos nuestro propio dolor por la impotencia que nos abate, llevándonos a tratar de escapar de lo que nosotros mismos hemos creado en nuestro interior. 

Es bueno saber que todos, de alguna manera, hemos vivido momentos de angustia, pérdida, fracasos, etc., sin embargo, existe a nuestra disposición un Dios de poder que ha prometido estar cercano a nosotros. “Te alabarán, oh Jehová, todos los reyes de la tierra, Porque han oído los dichos de tu boca. Y Cantarán de los caminos de Jehová, Porque la gloria de Jehová es grande, Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Más al altivo mira de lejos”, Salmo 138:4-6. Después de la descripción detallada de estos versos, podemos notar la grandeza de Dios y lo que corresponde al hombre como su máxima creación.  El salmista escribe más adelante lo siguiente: “Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos”, Salmo 138:8

Sin fijarse en la eminencia de su majestad, Dios nos brinda la oportunidad de su humildad y que ésta pueda llegar a nuestros corazones. Dios cumplirá en tí sus propósitos, los cuales, como he escrito anteriormente, son eternos. Todos soñamos y hacemos planes para el futuro. Trabajamos arduamente para ver que estos sueños y planes se cumplan y se conviertan en realidad. Entiendo que, para hacer lo mejor de esta vida, debemos incluir los planes de Dios en los nuestros. Sólo Él conoce lo mejor para nosotros. Sólo Dios puede cumplir sus propósitos en nosotros y para que ésto se cumpla, debemos llegar a la humildad total de todo nuestro ser. Cuando planifiques algo y sueñes con éstos, trata de hablar con Dios y presentarlos ante su presencia y sólo así podrás cumplir sus propósitos en tí, recordando siempre que debes ser humilde delante de Él, contigo mismo y con los demás. Deja a un lado tu propio “yo” y vuélvete a Dios como tu guía, tu ayudador incansable por medio de Cristo Jesús. 

A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno ser fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismos de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aún como este publicano, ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”, Lucas 18:9-14.

Jesús tiene mucho que decir sobre la humildad. No es de extrañar que fuese el pecado del orgullo lo que causó la caída de la humanidad. Como el nuevo Adán, Jesús fue ejemplo en este aspecto de una vida justa. La caída de la humanidad se debió a su presunción de que podía encumbrarse por encima de Dios. La restauración de su santidad exige lo contrario: que la gente se humille delante de Dios y el camino que nos lleva hasta Él. Es entonces que, el reconocimiento y la exaltación verdaderamente que da Dios vendrán a aquellos que menos lo esperan y buscan.  

Es bueno destacar aquí que, el fariseo no fue al templo a orar ante Dios, sino para anunciar a todo aquel que podía escucharle decir cuán bueno era. El publicano en cambio reconoció su pecado y pidió misericordia. Creerse justo por méritos propios es peligroso, pues conduce al orgullo, motiva despreciar a otros e impide conocer más acerca de Dios. Se hace necesario hacer nuestra la oración del publicano, porque necesitamos la misericordia de Dios todos los días. No permitas que el orgullo te impida reconocer tu necesidad de Dios. 

Plasmo a continuación las palabras pronunciadas por nuestro Dios cuando dijo: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados”, Isaías 57:15. No debe existir un lugar más acogedor que estar en una habitación junto a nuestro Dios y Creador. Te invito a buscar esa humildad de espíritu para tu vida, para que tu espíritu y corazón sean vivificados por el poder transformador de la sangre de Jesucristo su hijo.

Que el Dios de la humildad, de la gracia y la misericordia, sea con cada uno de los lectores de este mensaje. Que su amor les cubra con esa inmensa sombra que sólo Él lo hace por amor. ¡Dios es Bueno!

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