Por: Héctor E. Contreras.
Jeremías 29:11-13.
Desde que comenzamos a tener uso de razón, todos nosotros, absolutamente todos, nace en nuestra mente y corazón el deseo de ser alguien en la vida por venir. Se forjan en nuestro interior fuegos ardientes por alcanzar metas y propósitos, porque nacemos así y si creemos que podemos llegar a lograr lo que nos hemos propuesto, es posible lograr lo que, desde muy jóvenes nació en nosotros. Sin embargo, en lo concerniente a los planes y propósitos de Dios, es posible que, en el correr del tiempo nos demos cuenta que Él quiere lo mejor para cada uno de nosotros y si nos dejamos guiar por su Espíritu, podremos ver que, estar dentro de lo que Dios desea para nosotros, es mucho mejor de lo que habíamos ideado siendo adolescentes o jóvenes en el pasado. Ojalá podamos entender la magnitud de lo que es depender de Dios y no de nosotros mismos.
“Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso”, Isaías 55:10-12. La fe se apoya en la Palabra de Dios cuando las circunstancias parecen cuestionar la verdad de sus promesas. Nuestra habilidad para perseverar hasta el fin, dependerá de nuestra disposición de permitir que el Espíritu de Dios cultive en nosotros este tipo de fe. Es decidir, creer que la Palabra de Dios es la fuerza más poderosa del universo y actúa en consecuencia en nuestras vidas.
Es entender también que, las promesas y planes, cuando dice: “mi palabra” de Dios se cumplen con tanta seguridad, como sucede con la caída de la lluvia y la nieve en la naturaleza, verso 10. Estos versículos describen simbólicamente el gozo de la creación por la acción redentora de Dios.
Cumplidos en parte durante el regreso de la cautividad, estos versículos poseen, en última instancia, su significado mesiánico que nos deja la Palabra de Dios. Describen el gozo de lo creado ante el reinado de Cristo, según lo declaración de los siguientes versos: “Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”, Lucas 2:13-14. Los versículos de Lucas nos muestran que la historia del nacimiento de Jesús resuena con música, que ha servido de inspiración a los compositores durante más de dos mil años. El cántico de los ángeles aún permanece siendo favorito dentro del pueblo de Dios. En ocasiones llamado “Gloria”, es la primera palabra usada en la traducción latina de estos versos, la base de obras corales modernas. “Cantad a Jehová cántico nuevo, porque ha hecho grandes maravillas”, dice el salmista. Salmo 96:1-4.
“Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios”, II-Corintios 9:10-11. El Dios que puso en tu mano la semilla de la siembra, es quien resuelve todas tus necesidades básicas, multiplica lo sembrado, te concede abundancia para que puedas compartirla con otros, y quien te hace crecer espiritualmente con amor, gozo, paz y todos los demás frutos del Espíritu Santo, que es: “el fruto de su justicia”. ¡Cuán grande es nuestro Dios! Con él nunca nos faltará nada. ¡Bendito sea su nombre!
“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis , y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”, Jeremías 29:11-13. Aunque el pueblo del pacto sea esparcido entre las naciones, Dios promete que volverán. A todos nos alienta tener alguien que nos aliente, alguien que cree que podemos llevar a cabo la tarea que nos ha encomendado y que estará con nosotros a lo largo del camino a recorrer. Dios es esa clase de líder. Conoce el futuro y sus planes para nosotros son buenos y están llenos de esperanza ilimitada.
Esto no significa que no tendremos dolor, enfermedades y sufrimiento ocasionalmente, estrechez económica y otras dificultades; pero nuestro Dios nos ayudará a llegar a un final glorioso, porque sus planes son perfectos.
Dios nunca olvidó a su pueblo, aun cuando estaba cautivo en Babilonia. Planeó darle un nuevo inicio con un nuevo propósito: convertirlos en nuevas personas. En momentos de profundos problemas, tal vez parezca que Dios se ha olvidado de ti, pero quizás te prepara como lo hizo con el pueblo de Judá para un nuevo comienzo con Él en el centro de tu vida.
De acuerdo al plan sabio de Dios, su pueblo iba a tener esperanza y futuro. Por consiguiente, podrán clamar a Él en confianza, a pesar de que los cautivos se encontraban en un lugar y tiempos difíciles, no debían desesperarse porque tenían la promesa de Dios, el privilegio de la nación y la gracia de Dios. Podemos buscar y encontrar a Dios cuando le buscamos de todo corazón. Tierras extrañas, tristezas, frustración o problemas físicos, nunca pueden romper esa comunión con nuestro Dios y Señor.
Dios tiene un plan para cada persona que ha cruzado el umbral de la adversidad, del pecado; de la desilusión tal vez, creyendo que lo que padece es imposible de vencer. No, Dios ha prometido estar contigo hasta el final. Hay un himno muy antiguo, que su primera estrofa dice así: “Todas las promesas del Señor Jesús, son apoyo poderoso de mi fe, mientras luche aquí buscando yo su luz, siempre en sus promesas confiaré”. Te invito a que aceptes el reto de creerle a Dios mediante Jesucristo y Él cumplirá en tí todos sus planes y propósitos de tu vida.
Que la gracia de Dios nos ayude a aceptar la verdad que podamos estar viviendo en la actualidad y saber que Él está siempre por nosotros. Bendición, amados del Dios Viviente.




