La nueva ventana internacional de FIFA apenas ha necesitado una edición para encontrarse con sus primeros detractores. Cuatro partidos concentrados en un mismo bloque entre finales de septiembre y comienzos de octubre han convertido las concentraciones de las selecciones en una prueba de resistencia que cada vez convence menos a algunos de los principales entrenadores del fútbol europeo.
El cambio no es circunstancial. FIFA modificó su calendario internacional para unir las antiguas ventanas de septiembre y octubre en un único periodo de 16 días. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre de 2026, las selecciones pueden disputar un máximo de cuatro encuentros, una estructura prevista también para los próximos años hasta 2030.
Sobre el papel, la fórmula reduce el número de interrupciones del fútbol de clubes. En la práctica, obliga a concentrar cuatro partidos, entrenamientos, viajes y recuperaciones en poco más de dos semanas. Y ahí ha empezado el conflicto. Los propios seleccionadores, que deberían ser algunos de los principales beneficiados por disponer durante más tiempo de sus futbolistas, empiezan a cuestionar el modelo.
Xavi Hernández ha sido uno de los últimos en hacerlo. El seleccionador de Países Bajos aseguró que “este calendario no es bueno” y puso el foco tanto en las selecciones como en los clubes que ceden a sus jugadores. Su equipo sufrió durante la concentración las bajas de Brian Brobbey, Lutsharel Geertruida, Cody Gakpo y Jan Paul van Hecke, todos ellos obligados a regresar con sus respectivos clubes.
Para Xavi, concentrar una carga semejante apenas unos meses después del Mundial supone elevar innecesariamente el riesgo físico. Partidos, desplazamientos, sesiones de entrenamiento y procesos de recuperación se suceden prácticamente sin margen. El técnico español prefiere recuperar las ventanas de dos encuentros y considera que ese formato resultaría más beneficioso para todas las partes.
Thomas Tuchel también ha advertido del problema desde Inglaterra. El seleccionador considera que el cambio constante entre los métodos de trabajo de clubes y selecciones ya supone de por sí un riesgo para el futbolista y entiende que el nuevo calendario lo incrementa. “Este formato solo aumenta esos riesgos”, señaló el técnico alemán al valorar una concentración mucho más larga de lo habitual.
Luis de la Fuente tampoco ha escondido su rechazo. Antes incluso de que España completase los cuatro encuentros de esta ventana, el seleccionador aseguró que nadie le había consultado sobre el cambio y cuestionó abiertamente que un equipo nacional tenga que disputar cuatro partidos en diez días. “No es el formato más adecuado”, explicó al valorar la exigencia física acumulada entre encuentros y viajes.
Jürgen Klopp eligió otra forma de enfrentarse al problema en su primera concentración como seleccionador de Alemania. En lugar de utilizar prácticamente el mismo grupo durante todo el periodo, convocó a 44 futbolistas y dividió la lista en dos bloques para repartir los cuatro encuentros. No fue una crítica pública al calendario, pero sí una solución extraordinaria para una situación que hasta esta temporada tampoco existía.
El debate, por tanto, ya supera las habituales quejas de los clubes cuando sus jugadores regresan lesionados de una convocatoria internacional. Esta vez son los propios seleccionadores quienes cuestionan un sistema diseñado para sus competiciones. FIFA ha reducido las interrupciones, pero lo ha hecho a cambio de comprimir todavía más el calendario dentro de cada concentración.
Y el experimento acaba de empezar. Las siguientes ventanas de noviembre, marzo y junio recuperarán los nueve días y dos encuentros habituales, pero el gran bloque de septiembre y octubre está contemplado hasta 2030. FIFA tiene cuatro años por delante con este modelo. Xavi, Tuchel y De la Fuente ya han dejado claro que, después de probarlo sobre el césped, no están convencidos. @mundiario
