Mbappé regresa como si nada a Valdebebas

Kylian Mbappé regresó el lunes a Valdebebas como si nada hubiese ocurrido. Diez días después de lesionarse con Francia ante Turquía, el delantero reapareció en la Ciudad Real Madrid para completar una sesión individual entre gimnasio y césped. Una vuelta aparentemente normal después de unos días que vuelven a dejar una pregunta cada vez más incómoda alrededor del club blanco: ¿qué necesita hacer Mbappé para que alguien le marque un límite?

La cuestión no está en que tuviese días libres. José Mourinho había pactado cuatro jornadas de descanso durante este larguísimo parón para buena parte de los futbolistas que permanecieron en Madrid. El problema es que Mbappé no estaba descansando después de completar su calendario con el Madrid: estaba lesionado. Sufrió con Francia una hiperextensión de la cápsula posterior de la rodilla izquierda, abandonó la concentración de su selección y pasó a ser un futbolista en proceso de recuperación. Ahí debería haber terminado cualquier comparación con quienes simplemente disfrutaban de días libres.

De hecho, el propio funcionamiento del Madrid durante el parón demuestra la diferencia. Los jugadores lesionados que permanecieron en la capital no recibieron aquellas pequeñas vacaciones como si nada ocurriese. Rodrygo, Mendy, Militao y otros futbolistas con problemas físicos continuaron con sus respectivos procesos en Valdebebas. Con Mbappé, sin embargo, el club aceptó otra fórmula. El francés pasó buena parte de esos días fuera de las instalaciones madridistas y desarrolló su recuperación entre Francia y otros desplazamientos europeos antes de regresar a Madrid.

Y aquí aparece una parte fundamental del problema: Mbappé no es el único responsable. Desde el Madrid se insiste en que todo estaba autorizado y que el delantero cumplió con un plan de recuperación consensuado. Perfecto. Entonces la responsabilidad no desaparece, simplemente se reparte. Florentino Pérez, como máximo dirigente de la institución, y José Mourinho, como responsable deportivo del primer equipo, no pueden utilizar el permiso del club como eximente cuando es precisamente el club quien concede ese trato excepcional. Si Mbappé puede hacer algo porque el Madrid se lo permite, quizá haya que preguntarse por qué el Madrid se lo permite.

Durante esos días apareció en París y fue fotografiado a la salida de un local nocturno. Después publicó un vídeo montando en bicicleta mientras oficialmente continuaba lesionado. Conviene ser exactos: no puede demostrarse cuándo ni dónde se grabaron esas imágenes de la bicicleta, por lo que sería irresponsable afirmar que pedaleó lesionado por Suiza. Pero sí resulta llamativo que decidiese publicarlas precisamente entonces, apenas unos días después de que Mourinho hubiese utilizado la bicicleta como ejemplo de las actividades de riesgo que un futbolista profesional debería evitar. Como mínimo, la sensibilidad institucional brilló por su ausencia.

Todo empieza a transmitir una sensación peligrosa: que Mbappé no juega en el Real Madrid, sino en el Mbappé Fútbol Club. Entrena cuando corresponde al plan particular diseñado para él, se recupera donde se considera conveniente para él y el club termina explicando por qué todo entra dentro de la normalidad. El futbolista parece tener capacidad para moverse alrededor de unas reglas diferentes a las que afectan al resto. Y cuando una estrella comienza a parecer más grande que el equipo, el problema deja de ser exclusivamente de la estrella.

Nadie necesita negar su capacidad para marcar goles para señalarlo. Mbappé cerró la pasada temporada con 42 tantos, fue Pichichi de La Liga y máximo goleador de la Champions. Sus registros individuales son extraordinarios. El problema aparece cuando se pretende utilizar esos números como respuesta para absolutamente todo. Desde su llegada, el Real Madrid no ha ganado ni Liga, ni Champions ni Copa del Rey, y su impacto en algunos de los partidos que decidieron los grandes títulos quedó muy lejos de la dimensión de sus estadísticas. Muchos goles no convierten automáticamente a nadie en intocable.

Tampoco estamos ante el primer episodio que obliga al Madrid a explicar a Mbappé. Antes de vestir de blanco ya protagonizó el enorme desplante de 2022, cuando Florentino Pérez había convertido durante años su fichaje en una obsesión y el francés terminó renovando con el PSG. El Madrid volvió a abrirle las puertas. Desde que llegó tampoco han faltado gestos discutibles, como el episodio de las camisetas de apoyo a Ceuta, mientras el club ha tratado una y otra vez de proteger a quien considera uno de los grandes activos de su proyecto.

La condición de estrella, sin embargo, debería exigir más y no menos. Cristiano Ronaldo también tuvo un peso gigantesco dentro del Real Madrid. Lo mismo ocurrió con jugadores como Sergio Ramos o Raúl. Precisamente por eso estaban sometidos a una exigencia proporcional a su importancia. El liderazgo no consiste únicamente en marcar más goles que nadie. También consiste en entender qué representa el escudo, qué imagen proyectas sobre tus compañeros y qué mensaje envías cuando el equipo atraviesa momentos delicados.

 

Mbappé ya está otra vez en Valdebebas. Trabajó individualmente, continúa recuperándose y el Madrid espera tenerlo disponible ante el Villarreal. Deportivamente, asunto cerrado. Institucionalmente, debería ser todo lo contrario. Porque lo preocupante no es únicamente que Kylian Mbappé parezca sentirse en el salón de su casa dentro del Real Madrid. Lo verdaderamente preocupante es que, cada vez que actúa como tal, desde el club parecen apresurarse a colocarle las zapatillas y preguntarle si está cómodo. @mundiario