Madrid abre en diciembre de 2026 el túnel Castellana inteligente vigilado por IA

Madrid convertirá en diciembre de 2026 el túnel de la Castellana en el primer subterráneo de la ciudad gestionado íntegramente con inteligencia artificial. Con 675 metros de longitud, tres carriles por sentido y una red de sensores que monitoriza velocidad, emisiones e incidencias, el proyecto supone un salto cualitativo en la infraestructura urbana y un campo de pruebas para las empresas tecnológicas que aspiran a modernizar las vías de la capital.

Claves de la operación

  • Una IA que autorregula el tráfico en tiempo real. El sistema identifica vehículos, detecta infracciones y ajusta la ventilación en función de las emisiones, reduciendo la intervención humana.
  • Inversión en seguridad digital y física. Se incorporan salidas de emergencia mejoradas, cobertura wifi y un gemelo digital para simular escenarios de riesgo.
  • Un proyecto que va más allá del túnel. En superficie avanza Parque Castellana, una zona verde de 70.000 m² con paneles solares que suministrará energía limpia a la galería.

La obra conecta la M-30 con el Nudo Norte y prepara el terreno para futuras ampliaciones hacia Madrid Nuevo Norte. El segundo nivel del túnel, cuya excavación arranca este verano, quedará listo para enlazar con el barrio de Begoña cuando llegue la conexión definitiva. De momento, la prioridad es que los 675 metros del tramo principal estén operativos antes de que termine el año.

La adopción de IA en infraestructura viaria tiene precedentes en ciudades como Singapur o Ámsterdam, pero en España supone un laboratorio de primer orden. Madrid aspira a que este túnel funcione como un sistema que aprende y se anticipa a los problemas. Cuantos más datos capte —desde atascos hasta vehículos averiados—, más precisas serán sus respuestas, según el Ayuntamiento.

En el plano técnico, el túnel dispondrá de un gemelo digital para entrenar los algoritmos y simular emergencias sin interferir en el tráfico real. Esa capacidad de réplica virtual sitúa el proyecto en la vanguardia de la movilidad inteligente europea. La red de sensores se completa con cobertura wifi y sistemas de comunicación de última generación, pensados tanto para la gestión como para la asistencia a los conductores en caso de avería.

Un túnel que se autorregula: menos intervención humana, más datos y una gestión de emisiones en tiempo real.

La puesta en marcha de la IA en un entorno tan crítico no está exenta de desafíos. La interoperabilidad entre los sistemas del túnel y los centros de control de tráfico existentes —como el de la M-30— requerirá un periodo de adaptación que varias empresas tecnológicas españolas, entre ellas filiales de Indra, siguen de cerca. El Ayuntamiento no ha detallado aún qué consorcio se encargará del mantenimiento y la evolución del software, un contrato que despierta interés en el sector de las infraestructuras inteligentes.

En paralelo, la apuesta por la movilidad sostenible se refuerza con el parque en superficie. Los 1.500 árboles y la pérgola solar de 35 metros no solo compensan la huella del tráfico, sino que generan la energía necesaria para que el túnel funcione de forma casi autónoma. El alcalde, José Luis Martínez-Almeida, ha subrayado en varias comparecencias que el objetivo es minimizar el impacto ambiental y reducir al máximo el consumo eléctrico de la red.

De los túneles de la M-30 a la gestión por IA: el salto tecnológico de la capital

Madrid cuenta ya con más de 40 kilómetros de galerías subterráneas, herederas de las grandes obras de soterramiento de la M-30 hace casi veinte años. Sin embargo, el nuevo subterráneo de la Castellana introduce una capa de inteligencia que sus predecesores nunca tuvieron. La diferencia no es solo de grado: es un cambio de paradigma en la forma de entender la movilidad urbana.

Si en los túneles de la M-30 la vigilancia dependía de cámaras y operadores humanos, aquí el ojo es un algoritmo entrenado para detectar patrones. La IA permite pasar de una gestión reactiva —responder cuando ya ha ocurrido un incidente— a una proactiva, que identifique riesgos antes de que se materialicen.

La transformación se produce además en un momento en que la Comisión Europea impulsa normativas para la digitalización de las infraestructuras de transporte. Bruselas quiere estandarizar la comunicación entre vehículos y carreteras, y el proyecto de la Castellana da a Madrid la oportunidad de convertirse en referencia temprana.

Un laboratorio en tiempo real para empresas de movilidad y telecos

El interés económico del túnel no se limita a la ingeniería civil. Fabricantes de automóviles y operadoras de telecomunicaciones ven en la digitalización de la vía un banco de pruebas para sus propias tecnologías. La cobertura wifi continua y la sensorización abren la puerta a servicios de conducción conectada y a futuros desarrollos de vehículos autónomos en entornos urbanos controlados.

Además, el gemelo digital de la infraestructura podría comercializarse como servicio a otras ciudades que pretendan replicar el modelo. Varias consultoras de movilidad ya han mostrado interés en analizar los datos que genere el túnel, un activo que puede monetizarse en un mercado global de ciudades inteligentes que Gartner cifra en más de 800.000 millones de euros para 2028.

Madrid en la carrera de las ciudades inteligentes: ¿bastará con un túnel?

El proyecto de la Castellana se presenta como la gran carta de presentación de Madrid en el ámbito de la movilidad inteligente, pero la realidad es que la capital llega con cierto retraso en comparación con ciudades como Copenhague o Viena. La inversión en digitalización viaria ha sido hasta ahora fragmentada y muy dependiente de proyectos puntuales como este.

Cabe recordar que los túneles de la M-30, inaugurados en 2007, se concibieron sin apenas componentes digitales y tuvieron que actualizarse a posteriori con sistemas de vigilancia más avanzados. Aquella experiencia demuestra que la tecnología evoluciona más rápido que la obra civil y que la clave no está solo en estrenar IA, sino en diseñar una arquitectura de datos que permita incorporar las próximas olas de innovación sin necesidad de cerrar el túnel cada cinco años.

A esto se suma el riesgo de dependencia de un único proveedor tecnológico. Si el Ayuntamiento opta por un contrato cerrado con un gran integrador, Madrid podría perder la flexibilidad necesaria para adaptarse a los cambios regulatorios y de mercado. Varias fuentes del sector consultadas insisten en que la gobernanza del dato —quién accede a la información, cómo se comparte y con qué fines— será tan importante como la propia inteligencia artificial.

La reflexión final que hacemos en esta redacción es que el túnel de la Castellana sienta las bases para el futuro, pero 675 metros no transforman una ciudad. Madrid necesita una estrategia de movilidad inteligente que integre de verdad todos los modos de transporte, no solo los vehículos privados. El éxito se medirá cuando los datos de este subterráneo se crucen con los de los autobuses, el metro y los patinetes para ofrecer una imagen única y optimizada del tráfico. La tecnología está a punto: la pregunta es si la voluntad política acompañará más allá de la inauguración.

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