Mazlum Abdi, el líder de los kurdos, da por completada la integración de sus fuerzas en el Estado de Siria

Mazlum Abdi, comandante de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), ha anunciado el final del proceso de integración de la estructura kurda en el Estado sirio, casi ocho meses después del acuerdo alcanzado con las nuevas autoridades de Damasco. El anuncio, realizado en Qamishli, no supone únicamente un reajuste militar, sino que certifica el progresivo desmantelamiento de la autonomía armada que los kurdos construyeron durante más de una década en el norte y noreste del país.

Abdi presentó el momento como el comienzo de una “nueva fase”. Pero también dejó claro que la batalla política continúa. El dirigente kurdo aseguró que el objetivo ahora es conseguir que los derechos de la población kurda queden reconocidos en la futura Constitución siria, que deberá redactarse durante el periodo de transición.

El cambio es especialmente significativo porque las FDS fueron durante años uno de los principales actores militares del noreste de Siria y el socio fundamental de Estados Unidos en la lucha contra el Estado Islámico. Su desaparición como estructura militar autónoma altera un equilibrio construido durante la guerra civil y devuelve al Gobierno central una parte sustancial del control territorial.

La cuestión kurda ha sido uno de los problemas estructurales de Siria desde mucho antes de la guerra iniciada en 2011. Los kurdos representan alrededor del 15 % de la población y durante décadas denunciaron políticas de marginación, restricciones culturales y lingüísticas y, en algunos casos, la pérdida de la nacionalidad. La guerra civil cambió radicalmente ese escenario.

Mientras el régimen de Bachar el Asad combatía contra una multiplicidad de grupos rebeldes, las fuerzas kurdas consolidaron una administración autónoma en amplias zonas del norte y noreste. Las FDS, integradas por combatientes kurdos y árabes, terminaron convirtiéndose además en el principal aliado terrestre de Washington contra el Estado Islámico. La derrota territorial del grupo yihadista en 2019 convirtió a las FDS en una fuerza militar con una enorme capacidad de organización y control territorial. Ahora ese modelo llega a su fin.

Damasco recupera posiciones estratégicas

Una parte de los combatientes árabes que integraban las FDS abandonó progresivamente la organización para incorporarse a las nuevas autoridades sirias. Abdi reconoció además que miles de kurdos procedentes de otras zonas del Kurdistán —en particular de Irán, Irak y Turquía— habían acudido durante años para apoyar a las FDS y que, conforme al acuerdo, esas fuerzas han comenzado a retirarse.

El proceso de integración ya había empezado a traducirse sobre el terreno antes del anuncio de Abdi. Las fuerzas del Gobierno central han entrado en Hasaké y Qamishli, dos de las principales ciudades del noreste, mientras Damasco ha asumido el control del aeropuerto de Qamishli y de instalaciones petroleras estratégicas. La transformación también ha tenido una dimensión institucional.

El presidente sirio, Ahmed al Shara, nombró en febrero a Nour Eddine Ahmad Issa, de origen kurdo y natural de Qamishli, gobernador de Hasaké. Un mes después designó al comandante kurdo Siban Hamo como adjunto del ministro de Defensa para la región oriental. Son movimientos destinados a incorporar a representantes kurdos a la nueva arquitectura estatal, pero también a colocar bajo la autoridad de Damasco estructuras que durante años funcionaron de manera autónoma.

El cambio resulta todavía más llamativo porque las nuevas autoridades sirias proceden de las fuerzas rebeldes islamistas que derrocaron a El Asad en 2024. Al Shara intenta ahora transformar una coalición surgida de la guerra en un Estado capaz de ejercer autoridad sobre un territorio fragmentado.

Un reconocimiento histórico para los kurdos

La integración militar tiene una contrapartida política que los kurdos consideran esencial. Durante los enfrentamientos que precedieron al acuerdo, Al Shara decretó  el kurdo como idioma nacional y otorgó un reconocimiento oficial a esta minoría, algo que los kurdos consideran inédito desde la independencia siria en 1946.

Ahora Abdi quiere que ese reconocimiento no dependa exclusivamente de decisiones del Ejecutivo, sino que quede protegido por la Constitución. “Nuestra lucha continuará”, sostuvo el dirigente kurdo, en referencia a la necesidad de garantizar los derechos de su pueblo. La cuestión constitucional será, por tanto, el siguiente campo de batalla político. El Parlamento deberá elaborar una nueva Carta Magna durante un periodo de transición previsto para cinco años. La incógnita es hasta dónde llegará el reconocimiento de la identidad kurda y qué grado de descentralización aceptará finalmente Damasco.

La desaparición de las FDS como fuerza autónoma también tiene consecuencias para Estados Unidos. Durante años, Washington convirtió a las fuerzas kurdas en su principal socio terrestre contra el Estado Islámico. La alianza permitió derrotar territorialmente al califato y mantener una presencia estadounidense en el noreste sirio. La llegada de Al Shara al poder modificó ese tablero.

La Casa Blanca pasó rápidamente a respaldar al nuevo presidente sirio en su intento de reconstruir un Estado unificado después de casi 14 años de guerra civil. Para los kurdos, ese cambio de prioridades ha reducido considerablemente el margen de maniobra que tenían durante la etapa anterior. @mundiario