Hay encuentros que nadie espera que sean cómodos y este tiene todos los ingredientes para convertirse en uno de los momentos más comentados del funeral de Harald V. La reina Mette-Marit y Stéphanie de Luxemburgo volverán a coincidir en Oslo, catorce años después de la boda de la gran duquesa que terminó protagonizando, de forma inesperada, uno de los episodios más incómodos de la actual crisis de la Casa Real noruega.
El escenario tampoco podría ser más solemne. El funeral de Estado del antiguo monarca noruego se celebrará el 9 de septiembre en la catedral de Oslo y contará con representantes de las principales casas reales europeas. Entre ellos estarán Guillermo y Stéphanie, actuales grandes duques de Luxemburgo, mientras Mette-Marit acudirá como esposa del nuevo rey Haakon VIII y, por tanto, como nueva reina consorte.
Y ahí aparece el pequeño gran problema: una boda real que ocurrió en 2012 ha regresado al presente justo cuando las protagonistas vuelven a encontrarse.
La boda que acabó convertida en un secreto demasiado público
Stéphanie de Lannoy y Guillermo de Luxemburgo se casaron en octubre de 2012, primero por lo civil y después en una espectacular ceremonia religiosa en la catedral de Notre-Dame de Luxemburgo. Fue uno de los grandes acontecimientos de la realeza europea de aquel año, con representantes de numerosas familias reales y una enorme atención mediática.
Mette-Marit asistió como entonces princesa heredera de Noruega. Lo que nadie podía imaginar era que, mientras participaba en aquel acontecimiento, mantenía conversaciones privadas con Jeffrey Epstein que terminarían saliendo a la luz años después.
En uno de esos mensajes, la entonces princesa heredera se quejaba del ambiente de la boda y decía que estaba muriéndose de aburrimiento. También describía el escenario como un lugar lleno de personas mayores y lo comparaba con una película antigua. El contenido volvió a circular públicamente tras la publicación de documentos relacionados con Epstein.
La situación tiene ahora un punto casi surrealista: la mujer que se quejó en privado de aquella boda tendrá que compartir espacio con la novia a la que se referían aquellos comentarios.
De comentario privado a incómodo reencuentro
El asunto habría quedado probablemente como una anécdota de hace más de una década si aquellas conversaciones no hubieran adquirido una dimensión mucho mayor al aparecer en los documentos relacionados con Epstein. La controversia no solo volvió a poner el foco sobre las palabras de Mette-Marit, sino también sobre su relación con el financiero condenado por delitos sexuales, una cuestión por la que la actual reina noruega ha expresado públicamente su arrepentimiento.
La propia royal pidió disculpas por aquella relación y reconoció que algunos de los mensajes conocidos no representan la persona que quiere ser. El escándalo adquirió todavía más peso por el momento en que reapareció: coincidió con la complicada situación personal y familiar que atraviesa la nueva soberana.
Por eso, el funeral de Harald no será únicamente una cita de protocolo. También será uno de esos escenarios en los que la realeza demuestra hasta qué punto sus protagonistas pueden quedar atrapados por episodios del pasado.
El funeral donde todo el mundo mirará los gestos
En una ceremonia de estas características, las palabras importan, pero también las miradas, los saludos y hasta dónde se sientan los invitados. Mette-Marit y Stéphanie estarán rodeadas de reyes, reinas, príncipes y representantes de distintas monarquías europeas, por lo que cualquier gesto entre ambas puede acabar convertido en la fotografía más comentada de la jornada.
No hay constancia pública de que exista una enemistad entre las dos. Tampoco de cómo será exactamente su encuentro. Lo que sí existe es un antecedente que resulta imposible ignorar: unas opiniones privadas sobre aquella boda que nunca estuvieron destinadas a convertirse en parte de la conversación pública.
Y quizá ahí esté precisamente el atractivo de este inesperado duelo de protocolo. En un funeral no hay lugar para dramas, reproches ni viejas cuentas pendientes. Solo sonrisas contenidas, saludos oficiales y una regla de oro que las monarquías conocen mejor que nadie: hay cosas que pueden olvidarse, pero internet tiene una memoria extraordinaria. @mundiario


