Nuestra esperanza

Por: Héctor E. Contreras.

Romanos 5:1-5.

Llevo en mi mente lo que éramos en los años  2020-21, existía incertidumbre en todo el pueblo, en las familias; en la sociedad toda. Eran días difíciles, muy difíciles; sin embargo, los días, semanas y meses van pasando desde entonces y aún hoy, podemos decir que nuestra esperanza no se ha perdido, porque Dios nos ha ayudado a sobreponernos a todo lo que fue el flagelo del Covid-19. ¿Hemos perdido familiares, amigos, gente conocida en general? Si , pero podemos decir como Samuel, el hombre fiel a su Señor:Hasta aquí nos ayudó el Señor”, I-Samuel 7:12. Les invito, mis amados del Señor, a no desmayar, sino fijar toda nuestra esperanza en Jesús, nuestro Señor y Salvador. Porque, como le dijo Dios a Elías, “Largo camino te espera”. Confía y espera en Dios, porque Él guía tus pasos. 

Ciertamente como una sombra es el hombre; Ciertamente en vano se afana; Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá. Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti”, Salmo 39:6-7. Pensar en el dolor y en las injusticias de la vida, a veces provoca indignación, es lo que indica el verso 3 de este mismo salmo, cuando dice: “Se enardeció mi corazón dentro de mí; En mi meditación se encendió fuego, Y así proferí mi lengua, se endureció mi corazón”, y cuando esto nos lleva al borde de la muerte, nos damos cuenta de cuán efímera es la vida, verso 5. En verdad, como dice David: “Ciertamente como una sombra es el hombre”. Mucho se afana, lucha hasta alcanzar lo que se propone, y en la medida que pasa el tiempo, ciertamente se desvanece la misma vida,  convirtiéndose así en sombra, que pasa rápidamente; sin embargo, esto no nos debe llevar al desmayo, al abandono, sino a luchar con la esperanza de que con Dios podemos salir adelante, porque Él es nuestra esperanza. ¡Bendito sea su nombre para siempre! Y añado: ¡Aleluya!

Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza. Él solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. En Dios está mi salvación y mi gloria; En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio”, Salmo 62:5-6

Tan seguro y confiado estaba David cuando escribió este salmo de la justicia de Dios, que repite cinco veces la palabra “solamente”. David expresó sus sentimientos a Dios y luego reafirmó su fe en Él. La oración puede liberar nuestras tensiones en momentos difíciles. Confiar en Dios como nuestra roca, salvación, fortaleza y esperanza, cambiará por completo nuestra visión de la vida. Ya no es esclavizada al resentimiento hacia otros cuando nos dañen. Cuando descansamos en la fortaleza y esperanza en Dios, nada nos podrá conmover, porque estamos más firmes en la fe que es en Cristo Jesús. Y como dijo Pablo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?Romanos 5:35.

Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara”, Romanos 4:18-19. La fe de Abraham de que Dios cumpliría su promesa, estaba basada en la confianza en el poder divino, el cual se demostró en la resurrección y en la creación, basándonos en las palabras de los siguientes versos: “Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido”, Romanos 4:20-21. “Fortalecidos en fe”: A la espera cerca de diez años que se cumpliera una promesa de realización aparentemente imposible, en lugar de debilitarse, la fe de Abraham creció, mientras seguía dándole gloria a Dios. ¿Es fácil esperar para una persona de casi cien años? No, pero si se puede esperar con esperanza, sabiendo que Dios cumplirá su promesa y propósitos en tí.

“Justificados, pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”, Romanos 5:1-5. Toda la vida cristiana es el fruto de la gracia de Dios, en la cual estamos firmes: su favor y provisión en Cristo que no merecemos, llega a nosotros por su gracia y amor. La gloria de Dios es una manifestación externa de su esencia interior. Al regreso del Señor se revelará esta gloria en toda su plenitud y los creyentes en Cristo Jesús se regocijarán por la perspectiva de contemplarlo tal cual es y compartir su gloria. El verso 5, después de las palabras “la esperanza no avergüenza”, destaca “amor”. “Amor”, ágape: Una palabra a la que el cristianismo  le dio un nuevo significado. Fuera del NT, raramente se usa en los manuscritos griegos existentes de la época. Ágape denota una invencible benevolencia y una irreductible buena voluntad, que siempre busca el bienestar más alto de la otra persona, no importando lo que esta haga. Es el amor que nace del sacrificio que da libremente sin pedir nada a cambio y no se para a considerar el valor de su objeto. Ágape es un amor que se ofrece conscientemente, mientras que “philos” depende de circunstancias involuntarias; y tiene que ver con voluntad más que con la emoción. Ágape describe el amor incondicional de Dios por el mundo. Sabemos que la esperanza de grandes bendiciones futuras no será vana, porque el Espíritu Santo da testimonio en nuestros corazones del inmenso amor de Dios. 

Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos, Romanos 5:24-25. Es natural que los hijos confíen en sus padres a pesar de que estos algunas veces fallan al cumplir con sus promesas. Nuestro Padre celestial, sin embargo, nunca promete algo que después no cumpla. No obstante, su plan puede demorar más de lo que esperábamos. En lugar de actuar como niños impacientes mientras esperamos que se revele el propósito de Dios, debiéramos confiar en la bondad y sabiduría del Señor. En su carta a los Romanos, Pablo presenta la idea de que la salvación es pasado, presente y futuro. Es pasado porque fuimos salvos en el momento en que creímos en Jesucristo como Señor y Salvador, Romanos 3:21-26

Nuestra vida nueva, vida eterna, comenzó en ese momento. Es presente porque estamos salvado; en otras palabras, estamos en proceso de santificación. 

Pero al mismo tiempo recibimos por completo los beneficios y bendiciones de la salvación que recibiremos cuando el reino de Cristo se establezca definitivamente. Esa será nuestra salvación futura. Aunque estamos seguros de nuestra salvación, seguimos mirando con esperanza y confianza de aquel cambio completo de cuerpo y personalidad que nos espera más allá de esta vida, cuando seamos como Él es. “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos como él es”, I-Juan 3:2.

La vida cristiana es un proceso que consiste en ser cada vez más semejante a Cristo. Ese proceso no será completo hasta que lo veamos cara a cara; pero saber que es nuestra meta final, debe motivarnos a purificarnos más y más cada día. Purificar significa guardarnos en lo moral, libres de la corrupción del pecado. Dios también nos purifica, pero hay algo que debemos hacer para permanecer moralmente idóneos, según la siguiente declaración: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones”, Santiago 4:8

Hoy es un hermoso día para tu vida, porque Dios te ha dado la oportunidad de tener un día más. Has sufrido en el transcurso de los años, has llorado incansablemente, te has sentido desfallecer, casi al borde de la muerte, pero te digo, en el nombre de Cristo Jesús, que es tiempo de levantarte y dejar de estar viviendo como el que no tiene esperanza. Te digo en esta hora como Dios a su pueblo: “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti”, Isaías 60:1. Dios está por tí, por tu familia, por tu empresa o negocio. Sólo debes creer y esperar con esperanza, confiando en que Él cumplirá sus propósitos en tí. 

Que la gracia de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo more en cada vida, en cada familia de nuestra Nación y mucho más allá. ¡Bendiciones

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here