Nuestra lucha

Por: Héctor E. Contreras.

Génesis 32:22-28.

El político y novelista francés André Malraux dijo: “El verdadero combate empieza cuando uno debe luchar contra una parte de sí mismo, pero solo puede convertirse en un verdadero hombre o mujer, cuando supera estos combates”. Tal vez nuestra lucha en este tiempo no sea tan fuerte y tan agotadora como cuando nos enfrentamos a alguien. Esta lucha puede ser contra el tiempo que vuela como un cometa; no hay tiempo en ocasiones ni para detenerse a tomar un vaso de agua, porque pensamos que no tenemos “tiempo”. Debemos hacer una parada y escuchar, algo difícil hoy, saber escuchar. Sin embargo, existe un tiempo para todo, según lo declara Salomón en el libro de Eclesiastés y por ello les invito a prestar atención y oídos a la voz de Dios, cuando nos dice: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas cuál  sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma”, Jeremías 6:16. Párate, detente y observa hacia donde vas. Es un tiempo precioso para tu vida. 

Este verso nos lleva a que reflexionemos sobre nuestra propia vida, sobre nuestra relación con Dios, relación de familia, de trabajo y estudios; inclusive entre las mismas parejas. Sobre parejas, debo declarar lo siguiente: Por ejemplo, he observado a hombres dejando sola a su esposa en momentos cuando es apremiante una mano de su parte. He visto personas en la clínica, especialmente mujer, cuando ésta tiene la necesidad de levantarse de su asiento y el marido se muestra indiferente a su estado. Aprovecho estas líneas para decirte que te detengas por un momento y le brindes la mano que necesita tu esposa, compañera de luchas y desvelos,  madre de tus hijos. Vas muy deprisa en tu andar y hasta has olvidado lo más preciado que te ha dado Dios, tu esposa. Amala, respétala, ayúdala y sobre todo, recuerda que es la madre de lo más preciado que te ha dado Dios; tus hijos. Lucha por tu esposa e hijos, que es tu preciosa familia, legado de Dios para tu vida.

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”, Efesios 6:10-13. Para poder superar los embates que nos acarrea la vida, debemos centrarnos en lo que nos dice la Palabra de Dios, y es fortalecernos en el poder de su fuerza, vestir las armaduras que Él nos ofrece y así podremos resistir con firmeza todo cuanto llegue a nosotros por parte del enemigo de nuestra almas. Entender que nuestra lucha no es contra un enemigo común, visible, que podemos ver y enfrentar. No es así, mis amados, es un enemigo invisible, que no podemos verle y es por esto que la Biblia dice, que no es contra sangre y carne, sino contra principados, potestades y gobernadores de las tinieblas. Es una lucha espiritual, nunca carnal.

¿Por qué luchamos? Génesis 32:22-28. La lucha de Jacob contra el enviado de Dios, pudo haber sido una lucha contra la vida y la muerte. Cuando luchamos de esa forma, todo nuestro cuerpo, desde la mente, el corazón y todos nuestros sentidos se unifican y se esfuerzan para vencer. Es una lucha casi sin reglas, es como el gladiador que se esmera por alcanzar la victoria. Jacob se enfrentó a un ser superior a él, en medio de la oscuridad y nunca pudo saber contra quien luchaba. Hoy, en el mundo, todos luchamos por alcanzar  metas y propósitos, pero se hace necesario saber escuchar la voz de Dios. 

Toda lucha conlleva un cambio, esté en la mayoría de los casos, nos deja alguna señal que se mantiene en nosotros para que recordemos el porqué hemos luchado. En su lucha contra el enviado de Dios, éste le pregunta a Jacob: ¿cuál es tu nombre? Y Jacob le responde: Jacob es mi nombre. En hebreo, el significado de este nombre, Jacob, es engañador, ladrón, embaucador, porque este hombre, desde que se encontraba en el vientre de su madre, siempre quiso ser el primero. Sin embargo, es bueno destacar que Jacob fue un formador desde su niñez, porque todo cuanto se proponía alcanzar, lo lograba. 

En su lucha, Jacob no medía reglas, porque el engaño era su primera arma, por igual la traición, porque siempre buscaba la forma de obtener lo que se proponía. Ahora se encuentra en medio de la noche más oscura y no sabe contra quien se enfrenta. Luego de contestar la pregunta y responder con Jacob es mi nombre, el enviado de Dios le dice: Tu nombre no será más Jacob, tu nombre a partir de esta misma noche es ISRAEL, porque has luchado con Dios y has salido vencedor. ¿Luchar contra Dios y salir victorioso? Sólo se obtiene cuando Dios está por tí. Si crees de todo corazón que Jesucristo es tu Salvador, entonces en tus luchas saldrás más que vencedor, porque Dios está por ti.

A Jacob se le dio un nombre nuevo, es posible que él no entendiera el significado del cambio de nombre. Cuando venimos al Señor son muchas las cosas que nos asombran y en nuestro asombro nos encontramos cubiertos bajo una sombra  por toda la eternidad. Nuestras luchas tal vez no sean feroces y duras como esta última de Jacob contra el ángel de Dios; pero tal Jacob, debemos aferrarnos con fuerza a Dios y al final alcanzar la bendición de Él. Aunque nuestros cuerpos sufran una transformación directamente de Dios. “El verdadero combate empieza cuando uno debe luchar contra una parte de sí mismo”, escribí al principio. Te invito a que dejes de luchar contra tí mismo, creyendo que podrás salir vencedor y aférrate a Dios, tal Jacob cuando luchó con el varón hasta que rayaba el alba y al ver que este hombre no le soltaba, porque aunque era un ángel, dice el verso 25 que no podía con Jacob y entonces tocó el encaje de su muslo y se descoyuntó el muslo de Jacob y nunca más pudo caminar derecho, porque su lucha de esa noche tenía un precio que pagar. “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido”. Esta promesa también va para ti en este tiempo. 

Al final, en medio de la lucha, Jacob pregunta el nombre de su oponente y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar “Peniel”; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. Salido el sol y saliendo de aquel lugar, fue cuando notó que cojeaba de su cadera, versos 28-31.  

Dios bendiga grandemente a cada persona que lea estas líneas hoy.

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