Por: Héctor E. Contreras.
Efesios 2:1-5.
La vida en Cristo, es una vida para siempre, es eterna juntamente con Dios y se inicia cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador. En ese momento se inicia la nueva vida para nosotros y constituye una obra total. Es lo que describe el apóstol Pablo en el siguiente verso: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, II-Corintios 5:17. Esto nos indica que los creyentes en Cristo son una nueva creación desde su interior. El Espíritu Santo les da vida nueva y ya no serán los mismos nunca más. No hemos sido reformados, rehabilitados o reeducados, sino somos una nueva creación, viviendo juntamente con Cristo Jesús. Convertirse al evangelio de Jesucristo no es meramente dar vuelta a una página nueva de un libro, sino empezar una vida nueva bajo la dirección de un Maestro, esto es, El poder de Dios obrando en cada vida por medio del Espíritu Santo. ¡Gloria a Dios! Porque por Él llegamos a una vida nueva.
“Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesus es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”, Juan 20:30-31. Antes, en el verso 29 de este mismo capítulo, Jesús, hablando con uno de sus discípulos le dijo: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron”. “No vieron y creyeron”; ahí entramos todos los que hemos confesado su nombre y hemos creído en Él, en Cristo, porque nunca lo hemos visto, pero por fe le hemos conocido. En la enseñanza de Juan 20:30- 31, nos da a entender que, para comprender la misión de Jesús con mayor amplitud, todo lo que tenemos que hacer es estudiar los Evangelios. Juan nos dice que en su Evangelio hay solo algunas de las muchas señales que hizo Jesús en la tierra. Pero lo que está escrito es todo cuanto nos hace falta saber para creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, por medio del cual recibimos vida eterna. ¡Sea magnificado el nombre de Cristo!
Durante su conversación con uno de los principales entre los fariseos, Nicodemo, nuestro Señor le dijo a éste: “De cierto, de cierto te digo; que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”, Juan 3:3.
¿Qué sabía Nicodemo acerca del Reino? Por las escrituras sabía que Dios lo regiría, que lo restauraría en la tierra y que pertenecería al pueblo de Dios. Jesús reveló a su devoto fariseo que el Reino sería para todo el mundo, según el verso 16 de este mismo capítulo, cuando aparecen las palabras: “Para que todo aquel que Él crea”. En otras palabras, la salvación no era solo para los judíos, y que Nicodemo podía pertenecer a él si personalmente nacía de nuevo, vero 5, que dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”. Esto era un concepto revolucionario: el Reino de Dios está en el corazón de los creyentes, mediante la presencia del Espíritu Santo. Su pleno cumplimiento será cuando Jesús regrese a juzgar al mundo y destruya para siempre al maligno. La vida en Cristo comienza con una relación con Él y consiste en un nuevo nacimiento conforme a lo dicho por el mismo Señor a Nicodemo sobre este tema. Te invito, amado amigo lector, si es que aún no te has decidido por Cristo, a que te acerque con confianza a Él y así se cumplirá en tí, en tu vida, lo escrito por Pablo en la cita de II-Corintios 5:17, plasmada más arriba, cuando dijo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es”. Si ya estás en el Camino, el cual es el mismo Cristo, entonces debes reafirmar tu andar y vivir en Él.
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)”, Efesios 2:1-5. Hace mucho tiempo, y cuando escribo “hace mucho tiempo”, es debido a que el lenguaje que en la actualidad utilizamos para referimos a algunas cosas, no es el mismo de algunos años atrás.
Sin embargo, por mucho tiempo fueron utilizadas las palabras siguientes: “Ese hombre es un muerto en vida”. Tenían razón los que así se pronunciaban; sin darse cuenta que tenían razón, ¿Por qué?, porque la Biblia dice lo siguiente: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”, Romanos 3:23. Antes de que Cristo llegara a nuestras vidas, éramos unos “muertos en vida”. Nunca nadie alcanzará por sí mismo las normas divinas de absoluta perfección moral, para merecer la gloria eterna de Dios. Por lo tanto, si va haber alguna salvación, debe venir por otra vía y es esta: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús”, Romanos 3:24. En este verso aparece la palabra “redención”, del griego “apolutrosis”, que equivale a una liberación asegurada por el pago de un rescate. Liberación, dejar en libertad. La palabra, en el griego secular, describía a un conquistador soltando a los prisioneros, un amo rendimiento a un esclavo. En el NT, la palabra designa la liberación del mal y de la condenación del pecado por medio de Cristo. El precio que se pagó, para la compra de esa liberación, fue su sangre derramada en la cruz del calvario.
Cuando el apóstol Pablo escribe: “Y él os dio vida a vosotros”, Efesios 2:1, significa que en ese tiempo estábamos bajo la dirección del príncipe de la potestad del aire, Satanás y sus fuerzas espirituales de maldad que habitaban entre la tierra y el cielo, ejerciendo un dominio sobre los hombres sin Cristo. El hecho de que todas las personas, sin excepción, cometemos pecado, prueba que tenemos la misma naturaleza pecaminosa. Estamos perdidos en el pecado y no podemos salvarnos por nuestra propia cuenta, ¿Significa esto que solo los cristianos hacen cosas buenas? Claro que no, es una escala relativa , muchos son morales, bondadosos, respetan las leyes, etc.
En los versículos previos, Pablo se ocupa de nuestra antigua naturaleza pecaminosa, Romanos 2:1-3; aquí el apóstol enfatiza que ya no necesitamos vivir bajo el poder del pecado. Cristo destruyó en la cruz la paga del pecado y su poder sobre nuestras vidas. La fe en Cristo nos declara absueltos o “no culpables” delante de Dios, Romanos 3:21-22, que dicen: “Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas, la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia”. Bendecidos sean, amados.




