Nuestro testimonio

Por: Héctor E. Contreras.

I-Juan 1:1-3.

Acerca del testimonio, se dice que es una declaración que hace una persona para demostrar o asegurar la veracidad de un hecho por haber sido testigo de él. Es una prueba que sirve para confirmar la verdad o la existencia de algo. El testimonio nos enseña que las palabras de una persona, cuando son aceptadas por haber participado o por haber visto algo, que más tarde podría ser relevante para aclarar una verdad. Jesús, nuestro Señor y Salvador, antes de partir hacia el cielo, pronunció estas palabras: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”, Hechos 1:8. En otras palabras, estamos en el mundo para ser testigos de lo que Dios ha hecho en nosotros, por medio de Cristo Jesús. 

Las palabras de nuestro Salvador, en el verso 8, del capítulo 1 del libro de los Hechos, estaban dirigidas a sus discípulos. Ser testigos, es la tarea primordial de la Iglesia de Cristo Jesús en el mundo. Ser testigos de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo su Hijo. “Edifiquemos ahora un altar, no para holocausto ni para sacrificio, sino para que sea testimonio entre nosotros y vosotros y entre los que vendrán después de nosotros”. Josué 22:26 y 27b.  Al levantar este altar, se estaba modelando el altar de Jehová y debía servir para recordar a las personas que todos adoraban al mismo Dios. Muchas veces nos tienen que hacer recordar la fe de nuestros padres y estos recuerdos perduran por el testimonio que podamos dar a conocer a los demás. “Testigo” en hebreo significa: “decir vez tras vez”. En otras palabras, un testigo es una persona que vive de una forma tal que aquellos que están a su alrededor sean forzados a pensar acerca de Dios. El apóstol Pedro nos recuerda lo siguiente: “Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable”, I-Pedro 2:9. Esa es nuestra razón de ser en el mundo. 

Fuimos redimidos por la sangre de Cristo y constituidos como nación santa, apartada para Dios, para que anunciemos al mundo lo que Él ha hecho por nosotros. ¡Nos salvó

Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros ojos su majestad”, II-Pedro 1:16. Esta declaración del apóstol Pedro, es una afirmación rotunda de la inspiración de las Escrituras. No es una fábula, no es un cuento. La Biblia no es una colección de fábulas ni conceptos humanos acerca de Dios. Es una realidad, la Palabra de Dios dada por medio de las personas para las personas. Tú y yo somos testigos vivientes del poder que emana la Palabra de Dios. Sólo así, testificando de lo que Dios ha hecho en nosotros,  podremos brindar una ayuda para transformar al hombre pecador por uno que proclame que Jesucristo es su Señor. ¡Demos a conocer su poder transformador!

Cuando los discípulos dieron a conocer a Tomás de que habían visto al Señor, éste les dijo: “Si no viere en sus maños la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”, Juan 20:25. Con esta actitud, Tomás daba a entender que él debía formar parte de ser un testigo real de lo que antes habían dicho sus compañeros. Jesús, ya transformado y conociendo a cada uno de ellos, se hace presente una semana más tarde, dándose a conocer a Tomás. “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”, Juan 20:27-29. En estos versos encontramos las palabras “creyente” y “los que no vieron y creyeron”. Tengo que añadir aquí la palabra ¡Aleluya! ¡Bendito sea Dios! También. ¿Por qué? Tal vez algunos se preguntan, por que para ser un verdadero testigo, es necesario ser un verdadero “creyente” en Cristo Jesús. Y “los que no vieron y creyeron”, van de la mano con la primera, “creyente”; porque hoy, todo aquel que ha confesado a Jesucristo como su Señor y Salvador, lo ha hecho por fe, porque en realidad, físicamente, personalmente, nunca hemos visto a Jesucristo cara a cara. 

Tal Tomás, Somos privilegiados, somos bienaventurados, como dijo el mismo Jesús, “bienaventurados los que no vieron, y creyeron”. ¡Gloria a Dios! Me erizo al escribir estas notas, porque yo también formo parte de los bienaventurados de Jesús el Cristo y soy un testigo fiel de lo que Él ha hecho en mí. Su poder transformador por medio de su sangre, llegó a mi vida y soy un hombre nuevo. 

Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros, y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo”, I-Juan 1:1-3. Como testigo del ministerio de Jesús, Juan estaba en condiciones para enseñar la verdad acerca de Él. Los lectores de esta carta de Juan, no habían visto ni oído a Jesús; nosotros tampoco hoy, pero los creyentes del entonces y los de hoy, podemos confiar en que lo que Juan escribió, fue cierto. 

Debemos testificar acerca de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas por medio de Jesucristo su Hijo. Cuando Juan escribe acerca de tener comunión con otros creyentes, nos enseña tres pasos que han de seguirse para lograr una comunión cristiana verdadera. 1-)  Debemos estar cimentados en el testimonio de la Palabra de Dios. Sin esa fortaleza fundamental, es imposible la unidad. 2-) Es mutuo, y depende de la unidad de los creyentes y 3-)  Debe renovarse cada día por medio del poder del Espíritu Santo. La verdadera comunión combina lo social y lo espiritual, y se logra solo mediante una relación viva con Cristo Jesús. 

Stanislao Marino, cantautor cristiano venezolano, en una de sus muchas grabaciones dice: “Yo soy testigo del poder de Dios, por los milagros que Él ha hecho en mí, yo era ciego y ahora puedo ver la luz, la luz gloriosa que me dio Jesús”. Nosotros también debemos convertirnos en verdaderos testigos del poder transformador de Cristo en nuestras vidas. Testifiquemos, hablemos, cantemos de todo cuánto nuestro Dios ha hecho con nosotros. ¡Alabado sea Dios!  Que la gracia del Dios Omnipotente esté en cada vida por siempre. 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here