PRESERVANDO NUESTRA HONESTIDAD

Filipenses 4:8.

Por: Héctor E. Contreras.

hector.contreras26@gmail.com

La honestidad es sinónimo de dignidad y ésta, la dignidad, es una cualidad que se hace valer como persona, su comportamiento y responsabilidades. Esto incluye seriedad y respeto hacia sí misma y hacia los demás. Una persona honesta desprecia toda forma de situación que la conduzca a realizar cualquier acto que desprestigie su nombre, su familia, incluso, su empresa o labor que realice. La honestidad nace y crece con el amor a Dios. Cuando se ama a Dios, todo lo que nos llega o presenta, lo analizamos a luz de Él, porque tememos hacer lo incorrecto delante de su presencia, conociendo hacia donde nos lleva hacer lo malo delante de su presencia. Inclusive, cuando se es deshonesto, la sociedad toda nos juzga y, sinceramente, debemos esforzarnos cada día por ser hombres y mujeres íntegros delante de nuestro Dios. 

Buscad lo bueno, y no lo malo, para que viváis, porque así Jehová Dios de los ejércitos estará con vosotros, como decís. Aborreced el mal, y amad el bien, y estableced la justicia en juicio; quizá Jehová Dios de los ejércitos tendrá piedad del remanente de José”, Amós 5:14-15. Es el mismo Dios que nos amonesta a que busquemos lo que es bueno y si así lo hacemos, entonces aborreceremos todo lo que nos conduzca a hacer lo malo delante de su presencia. 742 A.C. el profeta Miqueas escribió: “Oíd ahora esto, jefes de la casa de Jacob, capitanes de la casa de Israel, que abomináis el juicio, y pervertís todo el derecho, que edificáis a Sion con sangre, y a Jerusalén con injusticia. Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero, y se apoyan en Jehová, diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros?”, Miqueas 3:9-11

El apóstol Pablo reafirma las citas anteriores con la siguiente declaración: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él”, Colosenses 3:17. Las enseñanzas del apóstol van dirigidas a que todo cuanto hagamos, sea en honor a Cristo Jesús. 

Nuestro diario vivir debe ser un ejemplo vivo de lo que verdaderamente somos a la luz de la Palabra de Dios, porque al confesar a Jesucristo como nuestro Salvador, somos representantes del Reino de Dios aquí en la tierra y nuestro testimonio debe estar limpio, tanto delante de Dios como nuestro creador, así como delante de toda la sociedad. ¿Cuál es la impresión de la gente cuando nos ven y hablan con nosotros en cuanto a la vida que profesamos delante de ellas? Dispongamos todo nuestro ser en este tiempo para que seamos tomados en consideración y ejemplo en todo lo que somos delante de Dios y los hombres. 

Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce”, Santiago 3:11-12. En ocasiones, nuestro lenguaje no es el correcto. Hay ocasiones en que agrada a Dios, pero en otras es violento, destructivo, mentiroso, egoísta, incluso con palabras adulteradas, descompuestas, llenas de engaño. De toda esta declaración, ¿con qué nos identificamos? La lengua nos da una idea fundamental de nuestra naturaleza humana. Cada persona debe recordar que fuimos creados a la imagen de Dios; pero que también hemos cometido pecado delante de Él. Al caer en el pecado, esto no nos permite ver y ser lo que debemos ser en cuanto a nuestro comportamiento como verdaderos creyentes en Jesucristo el Señor. ¿Cuál es tu fuente hoy, amarga o dulce? En su sermón del monte, Jesucristo nos dice: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?”, Mateo 7:16. El verso 15 de este mismo capítulo nos manda a que nos guardemos de los falsos profetas, porque llegan disfrazados totalmente. Como en los tiempos de Cristo, también hoy el mundo está lleno de engañadores, hombres y mujeres que se visten con la vestidura del cristianismo, pero viven una vida totalmente apartada de lo que es ser un verdadero creyente en Jesucristo. 

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”, Filipenses 4:8. Lo que dejamos entrar en nuestras mentes, determina lo que expresamos con las palabras y acciones. 

Pablo nos dice claramente que llenemos nuestras mentes con pensamientos verdaderos, honestos, justos, puros, amables, de buen nombre, virtud, dignidad y alabanza. ¿Tienes problemas con pensamientos impuros y sueños ilusorios? Examina detenidamente lo que estés dejando entrar en tu mente y en tu corazón. Esto puede ser a través del televisor, internet, libros o conversaciones. Las películas y algunas revistas también pueden influir en tu vida, en tu espíritu interior. Te invito a que trates de reemplazar los materiales que te pueden dañar con materiales útiles para tu vida espiritual. Sobre todo esto, es recomendable para tí leer detenidamente la Palabra de Dios; requiere práctica, pero puedes lograrlo con la ayuda del Espíritu Santo. También puedo recomendarte pedirle la ayuda a Dios de lo que necesites para alcanzar la plenitud de una vida llena de la presencia de Él, lo cual te conducirá a ser una persona honesta, sincera y dispuesta a ser un ejemplo en cualquier situación que se te presente. En el verso citado aparecen tres palabras y son estas: “de buen nombre”. Estas nacen del griego “euphemos”, que es comparable con “eufemismo”, “un decir”. Es un discurso agradable, propicio, digno de alabanza y agradable al oído. Incluye evitar palabras de mal gusto. Su contraparte en el AT es Proverbios 16:24, que dice: “Panal de miel son los dichos suaves, suavidad al alma y medicina para los huesos”. 

El carácter y la conducta empiezan en la mente. Nuestros actos se ven afectados por aquellas cosas a las que damos cabida en nuestros pensamientos y luego se anidan en el corazón. Pablo recomienda a sus lectores concentrarse en aquello que traerá consigo una vida digna y la paz de Dios. El consejo final es que, adoptemos en consagrarnos a Cristo en obediencia, permitiendo que la salvación  nos lleve a la humildad y la obediencia. También determinar que nuestra vida interior sea una vida plena, honesta y capaz de dejar de lado todo lo que no nos edifica en cuanto a la honestidad. 

Hace todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado”, Filipenses 2:14-16. ¿Por qué es tan dañino lamentarse y discutir? 

Si la gente se entera de que los miembros de una sociedad cualquiera discuten, se lamentan y murmuran, obtendrán una impresión falsa  de ellos. La creencia en Cristo debe unir a todos aquellos que confían en Él. Nuestras vidas deben caracterizarse por su pureza y pacificación, de tal manera que resplandezcan como “luminares” en un mundo de tinieblas y depravación. Cristo demanda de cada creyente una vida transformada a la luz de su Palabra, que es eficaz. Que vivamos un testimonio efectivo del poder de la Palabra de Dios. ¿Brilla tu luz o está opacada por la discusión y el lamento? Mi invitación es que, ¡Resplandezcas en Dios hoy!

Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará”, Proverbios 20:6. ¿Cuál es tu bondad, honestidad a la luz de Dios? Dios busca hombres y mujeres de verdad, que muestren lo que verdaderamente son; tanto para sí mismos, como  para los que les rodean y principalmente, para Él. 

Que la paz de Dios gobierne cada vida, cada corazón, cada hogar y cada familia, en el nombre de Cristo Jesús. ¡Bendición, amados

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