Lucas 18:9-14.
Por el Pastor: Héctor E. Contreras.
El hombre tenía graves problemas de miopía, al mismo tiempo se consideraba un experto en evaluación de arte. Un día, junto a su esposa y algunos amigos, visitó una galería, pero se le olvidaron sus lentes en el hogar, por lo cual tenía problemas al fijarse en las obras; sin embargo, con todo y no poseer sus lentes, nunca se detuvo en ventilar sus fuertes críticas u opiniones en cuanto a todo lo que veía. Al detenerse ante lo que él pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó su crítica despectiva con aire de superioridad y conocedor de lo que estaba delante de sus ojos y con ese orgullo de ser el mejor, dijo: “El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre está vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa. En realidad el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato, es una falta de respeto”. El hombre siguió su parloteo en un monólogo de su saber sin parar, hasta que su esposa, que escuchaba sus palabras, rompiendo brazos entre la gente presente, logró llegar hasta él y lo apartó discretamente para decirle en voz baja: “Querido, querido, estás mirando un espejo”.
A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola. “Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano, ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano”, Lucas 18:9-12. Regularmente, en ese tiempo, las personas que vivían cerca de Jerusalén, iban al templo a orar. El templo era el centro de adoración al Señor. El fariseo no fue al templo a orar a Dios, sino para anunciar con toda su voz y lleno de orgullo todo cuanto él entendía era en lo personal.
¿Qué es la humildad en el ser humano? Según Google, es lo siguiente:
“La humildad es un valor contrario a la soberbia que posee el ser humano en reconocer sus habilidades, cualidades y capacidades, y aprovecharlas en obrar en bien de los demás, sin decirlo”. La humildad tampoco es sinónimo de pobreza, sino es calidad de vida en la persona.
El cuadro del fariseo en el templo, es el mismo del hombre miope en la galería de arte; lleno de orgullo de lo que entendía que con su conocimiento se encontraba por encima de todos los demás.
“El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría; Y la honra precede la humildad”, Proverbios 15:33. Si temes a Dios, este temor se convierte en sabiduría para tu vida y humildad en tu corazón, para llevarte a ser una persona en disposición de agradar a Dios en todo tiempo. Debes reconocer que, el temor a Dios no es un temor de terror para tí, sino que este se convierte en hacer todo para honrar su nombre, siempre con un espíritu de humildad y al hacer esto, es entonces que temerás a Dios al llegar el momento cuando se te presenta la oportunidad, tal vez muy buena, esta puede ser económica, de amor o social, lo cual también, en ocasiones, se convierten en tentación para tu vida, el tiempo y el momento cuando debes temer al Señor, porque entenderás lo que es agradable a los ojos de Él. “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”, Proverbios 1:7. El temor de Jehová, expresado de diversas maneras, es el tema que se repite a lo largo de todo el texto como la clave, el medio, el secreto, para alcanzar la verdadera sabiduría. No es el terror que suscita un tirano, sino ese tipo de temor o respeto que te lleva a obedecer al ser más sabio del universo; nuestro Dios y Señor.
“Yo, la sabiduría, habito con la cordura, Y hallo la ciencia de los consejos. El temor de Jehová es aborrecer el mal; La soberbia y la arrogancia, el mal camino, Y la boca perversa. Conmigo está el consejo y el buen juicio; Yo soy la inteligencia; mío es el poder.”, Proverbios 8:12-14. Es el tiempo perfecto para que tú des inicio de priorizar la sabiduría, alimentar tus sentimientos internos de comprensión y aceptar que el conocimiento sin sabiduría y comprensión, no vale nada. Mantente en el temor del Señor, su disciplina, instrucción, consejo y humildad. Aplica tu corazón, todo tu ser y atiende, prestando oídos a la sabiduría y la compresión que viene de Dios.
El conocimiento en Proverbios es más que información, datos o imágenes que nos llegan a través de los sentidos. Es todo lo contrario, es el conocimiento que empieza con el temor del Señor y por ende, es el conocimiento que siempre agrada a Dios como el factor principal. “Riquezas, honra y vida, Son la remuneración de la humildad y del temor a Jehová”, Proverbios 22:4. Te invito a buscar toda la remuneración que viene de Dios. ¡Sé humilde!
Aunque el texto que trataré ahora está dirigido a los jóvenes de ese tiempo, no es menos cierto que la Palabra de Dios está escrita para todos los tiempos y edades. Entendiendo que el mismo se aplica a todo lo tratado anteriormente, por tanto, mis amados, veamos lo que tiene nuestro Dios: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”, I-Pedro 5:5-7. Cuando el apóstol Pedro escribe la palabra “igualmente”, marca una transición al dirigirse a las personas, al tratar relaciones interpersonales sobre la humildad, las cuales deben ser establecidas bajo la poderosa mano de Dios. Él, Dios, es quien exalta al humilde cuando fuere tiempo; no cuando tratamos de ser lo que no somos, solo por el orgullo, la pasión y la soberbia que marca nuestro existir. Para muchas personas, es difícil someterse a la autoridad, sin embargo, debo decir lo siguiente: “Toda autoridad legítima procede de Dios; por tanto, someterse a la autoridad, honra a Dios”. La sumisión es un acto de fe, el cual se basa en la suprema autoridad de Dios, ya sea en relación con el gobierno, la iglesia, el centro de trabajo o el hogar. A mayor autoridad, mayor responsabilidad ante Dios. Respeta y sométete a toda autoridad. Nunca uses tu libertad en Cristo como una excusa para pecar al desobedecer a tu superior. Obedece y respeta a quien está por encima de tí en tu lugar de trabajo. Si te humillas delante de Dios y también de los que te dirigen, de seguro serás promovido conforme a los propósitos de Dios para con tu vida. ¿Estás de acuerdo? Te invito a que, aun en tu interior, digas un ¡Amén!
“Más el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador”, Lucas 18:13.
La oración de este hombre, su expresión “a mí, pecador”, revela de forma dramática los sentimientos internos de culpabilidad que invadía todo su ser. Es por ello las palabras del Señor Jesús al declarar: “Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”, Lucas 18:14. La actitud del publicano, debe ser la de cualquier persona que quiera alcanzar y preservar su humildad. La humildad nos permite ser personas dignas de confianza, flexibles y adaptables. En la medida en que alcanzamos la humildad, adquirimos grandeza de corazón ante los demás. Dios nos ayude a vestirnos con la vestidura de la humildad. Alguien dijo y escribió lo siguiente: “La humildad es la virtud más sobresaliente que nos abre a los valores y a la riqueza de la realidad”. Te invito, en nombre de Cristo Jesús a que luches hasta lograr alcanzarla, porque solo así podrás ser un ente de vida abundante para los demás.
Que la gracia de Dios el Padre, del Hijo y del Espíritu Santo esté en cada vida.




