La diplomacia entre Estados Unidos y Rusia vuelve a girar en torno a una apuesta de alto riesgo: ofrecer incentivos económicos para desbloquear una guerra que lleva años alterando la seguridad europea. Donald Trump y Vladímir Putin mantuvieron este martes una conversación telefónica de aproximadamente una hora, en la que abordaron las negociaciones impulsadas por Washington y las condiciones necesarias para detener los combates en Ucrania.
El Kremlin asegura que Putin negó cualquier intención de emprender una ofensiva contra Europa. Moscú sostiene que las advertencias sobre una eventual amenaza rusa están siendo utilizadas por la Unión Europea para justificar un mayor gasto militar y mantener el respaldo a Kiev.
La declaración llega en un momento especialmente delicado para los países europeos. Alemania investiga un supuesto intento de ataque con drones cargados de explosivos en el aeropuerto de Leipzig, mientras sus servicios de inteligencia apuntan a dos ciudadanos rusos como sospechosos.
También Moldavia ha denunciado una nueva incursión de un dron Shahed en su espacio aéreo. El incidente obligó incluso a restringir temporalmente las operaciones en el aeropuerto de Chisináu, aumentando la preocupación en un país que aspira a incorporarse a la Unión Europea y que lleva años sometido a una fuerte presión rusa.
La contradicción resulta evidente: mientras el Kremlin rechaza cualquier plan de agresión contra Europa, los Gobiernos occidentales afrontan una sucesión de incidentes que consideran parte de una estrategia de presión por debajo del umbral de una guerra convencional.
Trump apuesta por el beneficio económico
En este escenario, la Casa Blanca parece confiar en que el dinero pueda abrir una puerta que la presión militar y las sanciones no han conseguido desbloquear.
Según el Kremlin, Trump planteó que el final de la guerra permitiría recuperar las relaciones económicas entre Washington y Moscú y generaría importantes beneficios para ambos países. El presidente estadounidense estaría especialmente interesado en alcanzar avances durante su mandato.
La conversación también sirvió para revisar las gestiones realizadas en Moscú y Kiev por los emisarios estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner. Washington considera que ese canal debe continuar abierto, aunque Moscú no ha revelado qué propuestas concretas puso Putin sobre la mesa.
Un acuerdo todavía muy lejos
El principal obstáculo continúa siendo el precio territorial y político de la paz. Rusia ha reclamado el abandono del apoyo occidental a Ucrania, el desarme de Kiev, la entrega de todo el Donbás y un poder político ucraniano alejado de Occidente.
Mientras tanto, la situación militar tampoco ofrece una salida sencilla. Rusia mantiene la presión en el frente, aunque sus avances son costosos, mientras Ucrania ha intensificado los ataques contra refinerías y centros logísticos rusos.
A esto se suma otro elemento de incertidumbre: Kiev denuncia que la propuesta estadounidense de paz habría endurecido algunas condiciones y podría incluir ahora exigencias territoriales y modificaciones constitucionales.
El resultado es un escenario en el que Trump intenta seducir a Putin con la promesa de grandes negocios, mientras Europa observa con cautela y Ucrania afronta el temor de que una negociación rápida termine trasladando buena parte del coste de la paz a su propio territorio. @mundiario
