El Balón de Oro retrata la paradoja del fútbol español

Las nominaciones al Balón de Oro han dejado una fotografía difícil de ignorar. Cuatro de los cinco candidatos al premio al mejor técnico masculino son de nuestro país: Mikel Arteta, Luis de la Fuente, Unai Emery y Luis Enrique. El único que rompe el pleno es el belga Vincent Kompany. Una mayoría abrumadora que contrasta con otra lista: ningún equipo de La Liga aparece entre los cinco aspirantes a mejor club masculino del año.

Los méritos explican semejante dominio en los banquillos. De la Fuente condujo a España hasta su segundo Mundial; Luis Enrique volvió a conquistar la Champions con el PSG; Arteta devolvió la Premier al Arsenal 22 años después de su último título; y Emery levantó la Europa League con el Aston Villa. Entre los cuatro españoles reúnen el Mundial y tres de los principales trofeos de la temporada europea.

Hay, sin embargo, un denominador común que convierte esas nominaciones en algo más que una celebración del entrenador español. Ninguno trabaja en La Liga. Arteta dirige al Arsenal, Emery al Aston Villa y Luis Enrique al PSG, mientras De la Fuente ocupa el banquillo de la selección. España conserva una extraordinaria capacidad para producir técnicos de máximo nivel, pero sus mayores éxitos de esta temporada se han construido lejos de sus clubes.

La otra mitad de la fotografía aparece en los candidatos a mejor club masculino. Arsenal, Bayern de Múnich, Bodø/Glimt, Flamengo y PSG forman la lista. No hay Real Madrid, Barcelona, Atlético ni ningún otro representante de La Liga. El contraste resulta todavía mayor cuando tres de esos cinco proyectos están dirigidos por entrenadores nominados: Arteta en Londres, Kompany en Múnich y Luis Enrique en París.

Eso no significa que los equipos españoles hayan desaparecido de Europa. El Atlético alcanzó las semifinales de la Champions, mientras Real Madrid y Barcelona llegaron hasta cuartos. Celta y Betis estuvieron entre los ocho mejores de la Europa League y el Rayo Vallecano alcanzó la final de la Conference, que perdió por 1-0 ante el Crystal Palace. España terminó además segunda en el coeficiente UEFA de la temporada 2025/26, únicamente por detrás de Inglaterra. El problema no ha sido competir, sino transformar esa presencia en títulos.

Ahí sí aparece un cambio evidente. Ningún club español ganó Champions, Europa League o Conference durante las dos últimas temporadas. En 2024/25 los títulos fueron para PSG, Tottenham y Chelsea; un año después quedaron en manos de PSG, Aston Villa y Crystal Palace. Seis trofeos europeos consecutivos sin vencedor español dibujan una realidad muy diferente a la que dominó el continente durante buena parte de la pasada década.

Entre 2013/14 y 2017/18, Real Madrid, Barcelona, Sevilla y Atlético ganaron nueve de las diez Champions y Europa League disputadas. Solo el Manchester United, campeón de la segunda competición continental en 2017, consiguió romper aquella hegemonía. La comparación ayuda a entender la dimensión del cambio: España continúa colocando equipos entre los mejores, pero ya no monopoliza los últimos escalones como hizo durante aquel ciclo.

La economía ayuda a explicar una parte de esa transformación. La Premier generó en 2024/25 unos ingresos cercanos a los 8.000 millones de euros, prácticamente el doble de los aproximadamente 4.100 millones de La Liga. Además, el negocio español está mucho más concentrado: Real Madrid y Barcelona sumaron alrededor de 2.175 millones y representaron el 52% de los ingresos de toda la competición. En Inglaterra existe una capacidad económica mucho más extendida entre clubes que permite sostener más proyectos capaces de atraer jugadores y entrenadores de primer nivel.

 

El último mercado refuerza esa diferencia. Los clubes ingleses gastaron en traspasos internacionales durante el periodo de verano de 2026 más de tres veces lo desembolsado por los españoles. El dinero no explica por sí solo que Madrid, Barcelona o Atlético no hayan levantado un título europeo en estos dos años, pero sí amplía el número de equipos extranjeros capaces de construir plantillas competitivas y mantener proyectos ambiciosos durante varias temporadas.

El Balón de Oro termina así retratando una paradoja del fútbol actual. España sigue aportando conocimiento, metodología y entrenadores capaces de conquistar los mayores títulos, mientras sus clubes han perdido el protagonismo que tuvieron hace apenas una década. La contradicción es todavía mayor cuando se observan los grandes banquillos de La Liga: el Real Madrid está dirigido por el portugués José Mourinho, el Barcelona por el alemán Hansi Flick y el Atlético de Madrid por el argentino Diego Pablo Simeone. Cuatro de los cinco candidatos a mejor entrenador son españoles, pero ninguno dirige a uno de los tres grandes del país. El talento de los banquillos continúa siendo español pero, cada vez con más frecuencia, los proyectos que lo aprovechan están fuera de nuestras fronteras. @mundiario