Pastor Andrés Martínez.
“Contra ti y solo contra ti he pecado; he hecho lo que es malo ante tus ojos. Quedará demostrado que tienes razón en lo que dices y que tu juicio contra mí es justo.” Salmos 51:4 (NTV)
¿Alguna vez has sentido que no mereces perdón? Este sentimiento puede destruirte y condenarte de por vida, quizás porque hiciste lo que nunca pensaste hacer. Tenemos un Dios lleno de amor y misericordia que perdona a quién se arrepiente y cambia. Pero, ¿Qué pasa cuando debemos perdonarnos a nosotros mismos? A veces esto se transforma en una verdadera batalla, ya que nos invaden pensamientos que una y otra vez nos acusan, junto a las consecuencias de nuestras malas decisiones que nos recuerdan lo que hicimos. Por eso, hoy te animo a que así como has recibido el perdón de Dios, puedas perdonarte a ti mismo, para recibir paz y ser libre de toda culpa.
Del orgullo a la reconciliación.
“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.” Romanos 5:10 (RVR1960)
¿Cuántas veces nos enojamos con nuestros hermanos, amigos o parientes cercanos? Seguro nos faltarían dedos en las manos para contabilizar las veces que nos enfadamos con ellos, quizá fuimos culpables o no, pero el hecho es que hubo algo que separó nuestra relación y que ahora no ha sido fácil volverla a restaurar.
La Biblia cuenta de una experiencia similar ¿Recuerdas a Jacob y Esaú? Hermanos de sangre que por su egoísmo, ambición y malas decisiones se separaron a tal punto de que uno deseó terminar con la vida del otro. Puede que no hayas llegado a pensar de la misma forma pero, quizá de tus labios haya salido la típica frase: “No quiero verlo ni en pintura”, ¿Crees que es lo correcto?
En el transcurso de mi vida he tratado con todo tipo de personas, estoy segura que tú también lo hiciste, es posible que me des la razón si te digo que no es fácil coincidir con todos y menos agradarles con nuestra forma de pensar o actuar por lo diferentes que podemos ser uno del otro, así como Jacob y Esaú aun siendo mellizos tenían diferencias, cuanto más nosotros lo somos con nuestros amigos y parientes. Y aunque esa podría ser una de las razones por las que surgen pleitos, no podemos negar que cada uno de nosotros utilizamos ciertos escudos para cubrir y mantener nuestra postura y uno de los peores es el orgullo.
¿De dónde viene el orgullo?
El orgullo viene desde que satanás pecó y su corazón se enalteció; fue este mal que Dios no aceptó y lo expulsó del paraíso para su destrucción. Desde ese entonces, nuestra lucha diaria es con el orgullo y que lamentablemente nos lleva a no querer reconocer nuestros errores en medio de los conflictos.
Quizá en estos días has pasado por ciertos problemas con personas cercanas a ti, de las cuales te cuesta entender su proceder y hasta te ha sido difícil perdonar.
Sin importar el problema, déjame preguntarte, ¿Realmente valió la pena terminar con tu amistad? ¿En verdad fue productivo el guardar distancia con tu hermano de sangre?
La Biblia dice en Efesios 4:26 “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”, Lo que quiere decir es que no permitamos que un día se termine sin haber arreglado nuestras diferencias con los demás, no vayamos a dormir sin antes haber perdonado o pedir perdón.
Hoy quiero invitarte a dejar a un lado aquel orgullo que no te permite reconocer tus faltas y al mismo tiempo disponer tu corazón para que Dios pueda obrar en tu vida como lo ha querido hacer desde hace mucho tiempo. No permitas que el orgullo te prohíba disfrutar de las buenas relaciones que podrías conseguir con los tuyos y principalmente con Dios.
¿Cómo perdonar a quien te hizo daño?
Hay situaciones en las que es más fácil pensar en la venganza que en el perdón. Si alguien nos lastima tanto, que esto impacta en el rumbo de nuestra vida, es probable que no pensemos en el perdón como una opción viable. Sin embargo, cuando hemos sido heridos y llevamos esa carga por mucho tiempo, ésta se convierte en una cadena que impide el desarrollo de toda nuestra existencia. Aunque parezca impensable, en este caso, perdonar es la única solución.
Perdonar no significa olvidar.
Si bien hay casos en los cuales algunas personas adquieren amnesia producto de un fuerte shock emocional, por un accidente o problema de salud; son muy bajas las posibilidades de que olvides aquello que te hizo daño. Cuando uno perdona no quiere decir que el doloroso recuerdo se borrará de nuestra memoria, sino que cuando lo hagamos, esos recuerdos no pondrán causarnos más angustia.
El perdón implica aceptar que el hecho pasó y quedó allí. Perdonar quiere decir que estás consciente de que lo que hizo la otra persona está mal, pero que tú te sientes libre porque esos malos recuerdos no te producen sentimientos negativos.
Perdona como Dios te perdona.
Si llevas la cuenta de las veces que has pecado durante todo este día, ¿Cuántas crees que fueron? Nadie está libre de pecar. Incluso si piensas que no haces mal a nadie, el guardar rencor contra alguien ya es pecado. Sin embargo, cuando nos arrepentimos y “confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1 Juan 1:9, NBD). Dios nos da la opción de ser libres y nos perdona sin limitaciones. Si él hace eso con nosotros, ¿Por qué no tenemos que hacerlo con otros? «Porque si ustedes perdonan a los demás el mal que les hagan, su Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si ustedes no los perdonan, su Padre tampoco los perdonará a ustedes.” Mateo 6:14-15 (PDT).
Sin importar lo que te hayan hecho, nunca asumas una posición de juez. El único que es capaz de juzgar y tiene potestad sobre todo y todos es Dios. Si decides no perdonar, tampoco tendrás el derecho de pedir perdón cuando seas tú el que incurra en una falta.
El perdón no es automático.
Vivimos en una cultura automatizada y queremos que todo tenga un resultado inmediato; no obstante, con el perdón no funciona de la misma forma. Debes entender que el perdón es un proceso que requiere tiempo. Es un camino que debes transitar un paso a la vez. Habrá días en los que sientes que esa persona no se merece tu perdón, pero es allí cuando debes pedirle a Dios que te dé la fortaleza de amar a quienes te hicieron daño.
Perdonar también implica dejar de recordar. Anteriormente mencionaba que puede ser que los malos recuerdos nunca se vayan, pero eso no significa que debes acordarte siempre de lo que ocurrió. Con el tiempo, Dios te dará la paz necesaria para sanar tus heridas y no sentirte dolido por esos hechos del pasado. Recuerda que si eliges perdonar, serás libre. Pero, si escoges vivir con tu dolor, caerás en una tumba que tú mismo excavaste.
Perdona para ser perdonado.
Mateo 6:12: “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”.
“Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti”, Mateo 6:14 (NTV)
¡Qué difícil es perdonar! A muchos nos cuesta, especialmente cuando las heridas fueron causadas por personas que amamos. Por eso, todos necesitamos la ayuda de Dios de manera que seamos inundados de su amor para ser movidos a perdonar. Recuerda que es una decisión, no una opción, por la cual liberamos a quien nos lastimó, más allá de lo que sentimos hacerlo o no. Es importante traer a memoria las innumerables veces en que le hemos fallado a Dios y aun así, él nos ha perdonado. ¿Por qué no debiéramos hacer lo mismo con nuestro prójimo? No sigas viviendo herido por guardar en tu corazón rencor y amargura. Decide perdonar y recuerda, que para recibir el perdón de Dios, tú también debes hacerlo con tu prójimo.
Él borrará tus pecados. “Yo, sí, yo solo, borraré tus pecados por amor a mí mismo y nunca volveré a pensar en ellos.” Isaías 43:25 (NTV).
Si tuvieras la oportunidad de volver al pasado ¿Qué te gustaría cambiar? Tal vez mucho o tal vez poco. Pero lo cierto es que a lo largo de nuestras vidas hemos cometido errores que tarde o temprano debemos asumirlos. Si hoy vives atormentado por los recuerdos de tu mal proceder, confiesa tus pecados y ten la certeza de que Dios te perdonará. Ya no vivas atado a tu pasado y permite que el experto transforme las cosas malas en buenas y verás cómo todo lo dañado comenzará una nueva vida con él.




