Revolución en Colombia: De la Espriella dinamita el protocolo y busca cambiar su investidura

Abelardo de la Espriella todavía no ha jurado el cargo, pero ya ha dejado claro que pretende inaugurar una nueva etapa política marcada por la ruptura con buena parte de las convenciones diplomáticas e institucionales que han guiado a Colombia durante las últimas décadas. El presidente electo, que asumirá el poder el próximo 7 de agosto, ha anunciado una batería de decisiones que afectan tanto a la política exterior como a los símbolos del Estado y que anticipan un mandato dispuesto a romper con el legado de Gustavo Petro.

La transformación comienza por la diplomacia. El nuevo Gobierno ha confirmado el cierre de embajadas en 14 países, dentro de un plan que presenta como una profunda reorganización del servicio exterior para reducir costes y concentrar recursos en destinos considerados estratégicos. La decisión afecta tanto a representaciones abiertas durante la Administración de Petro como a otras con décadas de funcionamiento. Entre los cierres figuran las embajadas en Senegal, Etiopía, Ghana, Sudáfrica, Argelia, Azerbaiyán, Hungría, República Checa, Rumanía, Malasia, Haití y Barbados. Sin embargo, el cambio más significativo tiene un marcado contenido político: Colombia romperá relaciones diplomáticas con Cuba y Nicaragua.

De la Espriella ha justificado esta decisión con un mensaje de fuerte carga ideológica. “En mi Gobierno no habrá vínculo alguno con tiranías”, afirmó al anunciar que ambas legaciones desaparecerán y que dejarán de existir relaciones diplomáticas con La Habana y Managua.

La medida supone un cambio de enorme calado en la política exterior colombiana. Cuba desempeñó un papel decisivo como país garante de las negociaciones de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC que desembocaron en el histórico acuerdo firmado en 2016. Nicaragua, por su parte, mantiene con Colombia una larga historia de litigios territoriales en torno al archipiélago de San Andrés y Providencia, resueltos en gran parte por la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

El futuro Ejecutivo también paralizará definitivamente la apertura de una embajada en Palestina —proyecto impulsado por Petro— y, en sentido contrario, reabrirá la representación diplomática en Israel, cerrada por el actual Gobierno tras el deterioro de las relaciones bilaterales. Además, prevé fusionar las dos embajadas que Colombia mantiene en París y las dos existentes en Roma para unificar la representación diplomática ante Francia, la Unesco, Italia y la FAO bajo un único embajador.

 

Una diplomacia al servicio de los “intereses nacionales”

El presidente electo sostiene que la reforma responde a criterios de eficiencia y austeridad. Según su planteamiento, Colombia necesita una política exterior “moderna, eficiente y al servicio de los intereses nacionales”, alejándose —afirma— de una estructura burocrática utilizada durante años para repartir cargos políticos. También ha anunciado la creación de un puesto de “gerente espacial” para Bogotá para subsanar, a su juicio, los agravios del Gobierno de Petro a la capital, aunque la capital del país ya tiene a un alcalde elegido en las urnas como el resto de municipios colombianos.

Aunque insiste en que la mayoría de cierres no implican romper relaciones diplomáticas, sino atender esos países mediante embajadas concurrentes, la reforma altera de forma significativa el mapa diplomático colombiano, especialmente en África, donde Petro había impulsado una intensa estrategia de acercamiento al denominado Sur Global a  través de su vicepresidenta afrodescendiente, Francia Márquez. Tras la reorganización únicamente permanecerán abiertas las embajadas en Marruecos, Egipto y Kenia, mientras que el nuevo Ejecutivo prevé abrir una nueva delegación en Nigeria.

El viceministro de Asuntos Multilaterales, Mauricio Jaramillo Jassir, calificó el plan de “demagógico” y acusó al futuro Gobierno de desconocer el funcionamiento de la diplomacia internacional. Según el Ministerio de Exteriores, el ahorro económico será reducido y las principales consecuencias recaerán sobre los colombianos residentes en el extranjero, que verán dificultados numerosos trámites consulares y electorales.

Desde el oficialismo también se cuestiona el abandono de la estrategia de diversificación internacional impulsada durante los últimos cuatro años. Varios dirigentes del Pacto Histórico sostienen que el presupuesto destinado al servicio exterior representa una parte mínima del gasto público y consideran que el verdadero objetivo de la reforma es reorientar completamente la política internacional hacia posiciones mucho más próximas a EE UU e Israel.

Una investidura alejada del Congreso

La voluntad de romper con las tradiciones también alcanza a la propia toma de posesión presidencial. Después de semanas defendiendo que quería jurar el cargo en un cantón militar de Popayán como homenaje a las Fuerzas Armadas, De la Espriella ha rectificado parcialmente y ha solicitado al Congreso trasladar la ceremonia a Cali. La explicación oficial alude a las dificultades logísticas derivadas de la actividad del volcán Puracé, aunque la decisión mantiene un fuerte contenido político.

Cali simboliza algunos de los episodios más relevantes del conflicto armado colombiano. La capital del Valle del Cauca fue epicentro del estallido social de 2021 y también uno de los primeros escenarios donde el presidente electo inició su campaña, a pesar de que es uno de los bastiones progresistas del país. Tras la ceremonia, además, pretende celebrar allí su primer Consejo de Seguridad, previsiblemente en la base militar Marco Fidel Suárez, objetivo de un atentado el pasado año.

Las novedades institucionales no terminan ahí. De la Espriella ha anunciado que no despachará habitualmente desde el Palacio de Nariño, sede histórica de la Presidencia, sino desde el Palacio de San Carlos, actual sede de la Cancillería y antigua residencia presidencial durante buena parte del siglo XX. Su intención es convertir el actual despacho en un museo abierto al público. @mundiario