Rusia bombardea los servicios secretos de Ucrania en plena guerra intestina de los espías

El ataque llegó en el peor momento posible para el aparato de seguridad ucraniano. Un dron ruso impactó este viernes contra la sede central del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) en pleno centro de Kiev, en la calle Volodymyrska, frente a la catedral de Santa Sofía. El objetivo era especialmente sensible: la oficina del jefe del servicio, Oleksandr Poklad. El dirigente salió ileso, pero el ataque dejó al menos 12 heridos, según el alcalde de la capital, Vitali Klitschko.

El golpe llega cuando el sistema de inteligencia ucraniano atraviesa una grave crisis interna que ha obligado al presidente Volodímir Zelenski a ordenar investigaciones sobre un enfrentamiento armado entre dos de sus principales servicios de seguridad. El SBU no es un organismo administrativo al uso. Es el principal servicio de inteligencia y seguridad interior de Ucrania, responsable de contrainteligencia, lucha antiterrorista, investigaciones sobre espionaje y operaciones contra Rusia. Desde el comienzo de la invasión a gran escala se ha convertido también en una pieza esencial de las operaciones clandestinas ucranianas contra objetivos rusos.

Por eso, que un dron consiga alcanzar su sede central se siente como una losa sobre el Estado, cuyos despachos oficiales han sido dejados de lado en las ofensivas del Kremlin, más centradas en las infraestructuras críticas y núcleos residenciales. Zelenski confirmó el ataque y prometió una respuesta “adecuada y tangible” contra Rusia, incluso “de forma simétrica” al golpe recibido. El presidente ha situado la represalia bajo la responsabilidad de Poklad y ha vuelto a expresar su respaldo a las Fuerzas Armadas.

El ataque se produce además después de más de una semana de intensificación de los bombardeos rusos sobre Kiev. Los nuevos drones utilizados por Rusia serían más rápidos que los modelos Shahed convencionales y presentan mayores dificultades para las defensas antiaéreas ucranianas.

Pero la presión no se limita a los centros de seguridad. Durante la misma oleada, un ataque alcanzó uno de los principales almacenes humanitarios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la región de Kiev. Allí se almacenaban medicamentos y material sanitario destinados a zonas especialmente castigadas por la guerra. No hubo víctimas entre el personal, pero el organismo confirmó la destrucción del almacén y señaló que tres de sus instalaciones de almacenamiento humanitario han sido destruidas en Ucrania en los últimos tres meses.

La guerra llega al despacho de los espías

El ataque ruso coincide con una situación extraordinariamente delicada dentro del propio aparato de seguridad ucraniano. El miércoles, agentes de una unidad de élite del SBU se enfrentaron a tiros con militares de la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa, conocida como GUR o HUR. El incidente se produjo durante un registro relacionado con Stepán Kaplunov, miembro del Cuerpo de Voluntarios Rusos, una formación de combatientes rusos que combate junto a Ucrania y mantiene vínculos operativos con la inteligencia militar.

Tres militares del GUR resultaron heridos en el tiroteo. La gravedad del episodio obligó a Zelenski a intervenir personalmente y ordenar una investigación sobre la actuación de ambos organismos. Sin embargo, no se trata de dos servicios equivalentes. El SBU responde esencialmente a las tareas de seguridad interior y contrainteligencia, mientras que el GUR es la inteligencia militar ucraniana, subordinada al Ministerio de Defensa y centrada en las operaciones contra las fuerzas rusas.

La rivalidad entre ambos no es nueva. La guerra ha multiplicado el peso, el presupuesto y la autonomía operativa de los servicios de inteligencia ucranianos, al tiempo que ha hecho crecer la importancia de las operaciones encubiertas. El episodio de esta semana ha mostrado, sin embargo, hasta qué punto las líneas entre las distintas estructuras pueden llegar a tensarse.

Versiones enfrentadas sobre el tiroteo

El origen del enfrentamiento continúa sin estar completamente esclarecido. La primera explicación ofrecida por el SBU sostiene que sus agentes actuaban para impedir una operación del servicio secreto ruso, el FSB, destinada a asesinar a Kaplunov. Otras fuentes vinculadas a ambos organismos han difundido una versión diferente, los servicios rusos habrían contactado con el combatiente para utilizarlo contra autoridades ucranianas y su detención por el SBU habría desencadenado el enfrentamiento con el GUR. El abogado de Kaplunov rechaza ambas hipótesis y sostiene que su cliente fue detenido irregularmente por el SBU. Según su versión, posteriormente fue liberado, aunque su paradero no está claro.

La disparidad de relatos explica la intervención de Zelenski. El presidente calificó el episodio de “absolutamente vergonzoso” y reclamó una investigación que permita determinar qué ocurrió y por qué dos organismos fundamentales para la defensa del país terminaron intercambiando disparos. El jefe de la Oficina Presidencial, Kirilo Budánov, antiguo responsable del GUR, también ha pedido una investigación exhaustiva e imparcial.

El contexto político añade otra capa al conflicto. Budánov abandonó la dirección de la inteligencia militar para incorporarse al entorno directo de Zelenski, lo que le convirtió en una figura central de la estructura presidencial. La evolución de los servicios secretos ucranianos tiene, por tanto, una importancia que supera la disputa burocrática. Durante la guerra, el SBU y el GUR han desarrollado operaciones de gran alcance contra Rusia, incluidas acciones clandestinas y ataques a infraestructuras militares.

El propio SBU ha protagonizado algunas de las operaciones más espectaculares de la guerra, como el ataque contra el puente de Crimea de 2022 o la operación de 2025 contra bombarderos estratégicos rusos. Que esas estructuras entren ahora en conflicto abierto supone un problema para Kiev precisamente cuando Rusia está aumentando la presión sobre la capital. @mundiario