Como estaba previsto, Rusia ejerció ayer su derecho de veto para evitar una resolución en su contra del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre su invasión en Ucrania. La resolución impulsada por EE.UU. y Albania, buscaba condenar la agresión rusa y exigir un repliegue inmediato de las tropas. Y, pese al veto, buscaba el mayor apoyo posible. Lo consiguió hasta cierto punto. De los quince miembros, once votaron a favor y solo uno -Rusia- en contra. A la misma hora que las bombas de la artillería rusa caían sobre Kiev una noche más y las fuerzas rusas acorralaban la capital ucraniana, otros tres países decidían no unirse a la resolución y optaban por la abstención.
El más decisivo, China, aliado clave de Rusia, justificaba que la resolución suponía «echar gasolina al fuego» y defendía las «legítimas aspiraciones de seguridad» de Rusia y que Ucrania debe ser «un puente entre el Oeste y el Este», no una «avanzadilla para la confrontación». También se abstuvieron India y Emiratos Árabes Unidos. Rusia acusó a la resolución de buscar «inflar la crisis en Ucrania».

