Por: Héctor E. Contreras.
San Juan 1:5-9.
¿Qué significado tiene la luz para tu vida? ¿Cómo la percibes y la vives? Yo la comparo con el extracto del testimonio del señor Olaiya Muyiwa Benralplh, del Terr. de la Capital Federal, Nigeria. Su testimonio es como sigue: “De niño tenía mucho miedo a la oscuridad. Una noche se cortó la energía eléctrica. La oscuridad invadió mi cuarto y sentí que algo malo me sofocaba. Grité hasta que mi madre corrió en mi auxilio. En el momento en que la luz de su linterna iluminó la habitación, ¡desapareció la oscuridad! Estamos en tiento de adviento, de Navidad y tanto uno como el otro, nos motiva a la espera. ¡desapareció la oscuridad!” gritó Olaiya, siendo aún niño. Hoy, la luz que es la luz, Cristo, quiere entrar a tu vida y cambiar esa vida de oscuridad por la luz que es él mismo. Yo soy la luz del mundo, proclamó él y esa luz puede hacer la gran diferencia entre la oscuridad en que ahora te encuentras y permitir que su luz alumbre la oscuridad de tu habitación interna. ¿Qué te parece?
“Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”, Hechos 26:16-18. Esta es la declaración de Saulo, luego Pablo, ante el rey Agripa, donde testifica acerca de su conversión al Señor y la forma en que fue escogido para el servicio de la obra de Dios. Estas promesas no aparecen en otros relatos de la conversión de Pablo. En el verso 17 Jesús promete su protección personal a Pablo y ella se cumple. También a ti, en este tiempo y hora, el Señor te dice: “Levántate, y ponte sobre tus pies, porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro”, añadiendo luego: “Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios”. ¡Gloria al que vive!
Tú puedes ser ese hombre, esa mujer, que Dios te dice que te levantes hoy para que testifiques acerca de la luz. Para que conduzcas a mucha gente a la conversión de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios. ¿Qué te parece esta bella y hermosa declaración de la Palabra de Dios para tu vida en esta hora? Hoy es el tiempo de que la luz de Cristo brille en ti y seas testigo del cambio que él ha hecho en ti.
“Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra”, Isaías 49:6. Esta es una profecía acerca del nacimiento del Niño Dios, Jesús, y se cumplió cuando Simeón, estando en el templo, lo tomó en sus brazos y dijo: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu Pueblo Israel”, Lucas 2:29-32. Dios te escoge para que seas luz en medio de este mundo lleno de oscuridad, te llama como tu siervo, para que levantes a los caídos y para que testifiques acerca de su luz, porque te ha escogido para eso; que seas luz en medio de la oscuridad.
Antes, en el mismo libro de Isaías, Dios nos dice lo siguiente: “Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casa de prisión a los que moran en tinieblas”, Isaías 42:6-7. Con este mensaje, Dios te hace el llamado en justicia, que es su justicia y promete sostenerte, guardarte y ponerte como un pacto al pueblo, te ha llamado por luz de las naciones, de los tuyos, que siempre están a tu lado, para que seas testigo de su luz y abras los ojos de los ciegos con el poderoso testimonio de las vivencias que has tenido y también para que saques de la cárcel a los presos y de la prisión a los que moran en tinieblas. ¡Bendito sea Dios para siempre! Es hermoso, es inspirador, cuando Dios pone las palabras en mi mente y en mi corazón para plasmarlas aquí y para que tú puedas leerlas y recibir de él su luz. Su palabra, que es la Biblia, me inspira, en la persona del Espíritu Santo, a llevar hasta ti este mensaje. Ojalá puedas decir como Simeón:
“Luz para revelación de los gentiles”; es decir, de tu familia, amigos o compañeros en cualquier área en que te desenvuelvas. Dios te llama ahora, para que seas luz en medio de las tinieblas. Testificando acerca de él.
“La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”, Juan 1:5-9. La luz y la vida forman parte del vocabulario de Juan, cuando describe la misión y la esencia del Verbo encarnado. El evangelio de Juan recoge varios testimonios sobre Cristo, mostrando que la fe en él está basada en la evidencia misma de Jesucristo el Señor. El testimonio de Juan el Bautista, así como otras evidencias, hace inexcusable el rechazo de Jesús por parte del mundo. La frase “venía a este mundo”, verso 9, se refiere a Cristo, no a todo hombre. Con su venida, él se ha convertido en la luz verdadera para aquellos que creen y le confiesan como su Salvador. Él también es esa luz que, en sentido general, alumbra la conciencia humana y hace de esa manera responsable a toda la humanidad ante Dios. Es la declaración que encontramos en los siguientes versos: “Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles de la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa”, Romanos 1:19-20.
“Las tinieblas no prevalecieron contra ella”, significa que las tinieblas de maldad nunca han triunfado ni triunfarán ni apagarán la luz de Dios. Jesucristo es el creador de la vida y su vida ofrece luz a la humanidad. En su luz, nos vemos tal como somos: pecadores en necesidad de un Salvador. Cuando seguimos a Jesús, la luz verdadera, evitamos andar como ciegos y caer en el abismo del pecado. Él ilumina la senda que tenemos delante, a fin de que sepamos cómo vivir. Él disipa la oscuridad del pecado de nuestras vidas. Nosotros, como Juan el Bautista, no somos la fuente de la luz de Dios, simplemente reflejamos esa luz. Jesucristo, que es la luz verdadera, nos ayuda a ver nuestro camino a Dios y nos muestra cómo transitar a lo largo de ese camino.
Cristo quiere reflejar su luz en ti, para que te conviertas en un Juan el Bautista, cuando dijo que no era él la luz, sino para que diese testimonio de esa luz, que es Cristo Jesús. ¿Quieres serlo ahora? Te invito a ser un verdadero testigo de la luz de Cristo en tu corazón.
Estas son las últimas palabras del señor Olaiya Benralph, publicado en la Revista El Aposento Alto del 8 de Diciembre, 2021, página 49.
Que aquella luz, de la cual dio testimonio Juan el Bautista, el hermano Olaiya y muchos más en el mundo, alumbre la vida de cada persona a la que llegan estas notas. ¡Cristo es la navidad, Cristo es la luz! Bendecidos sean, mis amados en Cristo Jesús.




