Esta semana el Parlamento Europeo ha ratificado el acuerdo de cooperación y comercio con el Reino Unido. Podía pensarse que se cierra así cuatro años de negociaciones. La venerable democracia es ya un antiguo Estado miembro, una categoría nueva, sin significado hasta ahora. El Gobierno de Boris Johnson ha logrado salir del laberinto y firmar un tratado de retirada y un pacto para regular las relaciones económicas con la Unión. Pero la ilusión de haber izado el puente no es más que eso, una metáfora sin mucho contenido real ante las exigencias de seguir gestionando una interdependencia muy profunda. Londres ha elegido un modelo de ruptura y de conexión minimalista con Bruselas que lleva a una inestabilidad crónica. Se podría… Ver Más

