Trump deja a Arabia Saudí ante el cerco de Irán y los hutíes: sin ayuda militar en el mar Rojo

Donald Trump ha decidido no abrir un nuevo frente militar en Oriente Próximo a pesar de la delicada posición de uno de sus principales aliados en la región, Arabia Saudí. El príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, pidió al presidente de EE UU que autorizara ataques contra los insurgentes hutíes de Yemen, que han avanzado hasta el estratégico estrecho de Bab el Mandeb. Trump rechazó la intervención y optó por mantener el apoyo estadounidense en el terreno de la inteligencia y la identificación de objetivos.

La decisión supone un duro revés para Riad porque el avance hutí coincide con el cierre temporal del oleoducto saudí Este-Oeste, una infraestructura de unos 1.200 kilómetros que permite transportar crudo desde los yacimientos del este del reino hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. El oleoducto puede mover hasta cinco millones de barriles diarios, aproximadamente el 5 % de la oferta mundial.

Arabia Saudí se encuentra así ante una situación inédita toda vez que su principal salida alternativa al estrecho de Ormuz, bloqueado por Irán a raíz de su guerra con Washington, está prácticamente inutilizada mientras los hutíes consolidan posiciones en la otra gran puerta marítima de la región, que conduce al canal de Suez, por el que pasa el 10 % del comercio marítimo del mundo, no solo energético. Bin Salmán llamó dos veces a Trump el jueves para pedir una intervención contra los hutíes, según funcionarios estadounidenses citados por Axios. La respuesta fue negativa. Washington considera prioritario concentrar sus recursos militares en la confrontación con Teherán y evitar que la guerra se extienda a Yemen, inmerso en un grave conflicto civil después de que los rebeldes depusieran al Gobierno apoyado por Riad, que la comunidad internacional considera legítimo.

El presidente estadounidense confirmó después esa línea. Desde Irlanda, Trump afirmó que no tiene previsto intervenir contra los rebeldes yemeníes y sostuvo que los hutíes le habían transmitido que no querían combatir contra EE UU. También señaló que la mayoría de los buques continúa utilizando Bab el Mandeb para acceder al mar Rojo, y presentó el conflicto como una disputa que Arabia Saudí deberá gestionar fundamentalmente con sus propios medios.

La Casa Blanca, sin embargo, no se ha desentendido de Riad. Washington mantiene apoyo de inteligencia y datos de objetivos, mientras el comandante del Mando Central (Centcom), el almirante Brad Cooper, viajó a Arabia Saudí para mantener reuniones de coordinación. Una de cal y otra de arena, toda vez que la Administración intenta compaginar el respaldo a sus aliados sin asumir directamente otra campaña militar a las puertas de las elecciones de medio mandato, el 3 de noviembre.

 

El golpe al oleoducto deja a Riad sin su vía de escape

El problema para Arabia Saudí es que el oleoducto Este-Oeste había adquirido una importancia extraordinaria desde el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán. La infraestructura permitía desviar una parte considerable de las exportaciones saudíes hacia el mar Rojo y reducir la dependencia de la ruta marítima del golfo Pérsico.

El viernes, varios ataques con drones provocaron daños e hirieron a personas, lo que llevó a Riad a suspender temporalmente el funcionamiento del oleoducto como medida de precaución. El ataque habría partido de territorio iraquí, según el Gobierno de Irak, que ha abierto una investigación, cerrado la frontera con Irán y ha destituido a responsables militares de la zona desde la que se lanzaron los drones.

Trump, por su parte, dijo el sábado que el régimen de los ayatolás era “probablemente” responsable del ataque. Esa afirmación contrasta con la posición de Bagdad, que ha confirmado que los ataques se originaron en territorio iraquí pero no ha atribuido oficialmente su autoría a Teherán. Algunas milicias iraquíes respaldadas por Irán, insertadas en su red de proxies del Eje de la Resistencia, han negado haber ejecutado el ataque.

Riad ha optado por no responder militarmente de inmediato. El Gobierno saudí ha decidido dar margen a Bagdad para investigar y adoptar medidas contra los responsables, una cautela que evita la apertura de otro frente a una crisis regional ya extremadamente amplia.

Bab el Mandeb, la segunda pinza sobre el petróleo

La otra pieza del problema está en Yemen. Los hutíes, respaldados por Irán, han avanzado por la costa occidental del país y han tomado la ciudad portuaria de Moca y la isla de Mayun (Perim), situada en el propio estrecho de Bab el Mandeb. El control de esa posición les proporciona una ventaja estratégica sobre una de las principales rutas marítimas entre el océano Índico, el mar Rojo y el canal de Suez.

Los rebeldes aseguran que su bloqueo está dirigido contra los intereses y buques saudíes y que el resto de embarcaciones puede continuar navegando. De momento, por tanto, no existe un cierre total de Bab el Mandeb. Pero la nueva posición militar hutí incrementa el riesgo para el tráfico marítimo y para las exportaciones de petróleo que Arabia Saudí intenta sacar por Yanbu.

La importancia de la vía es difícil de exagerar. Bab el Mandeb conecta el golfo de Adén con el mar Rojo y constituye una de las principales puertas de entrada al canal de Suez. Cualquier interrupción prolongada obliga a las navieras a retomar las clásicas rutas alrededor de África, pasando por el cabo de Buena Esperanza en Sudáfrica, con mayores distancias, costes de los fletes y tiempos de transporte.

Arabia Saudí mira hacia sus vecinos

La prudencia estadounidense está obligando a Riad a explorar otras vías. El Ministerio de Exteriores de Irán ha anunciado una reunión en Omán con los países del Golfo para abordar la seguridad regional y la navegación por Ormuz. La cita reúne a actores que durante décadas han considerado a EE UU su principal garante de seguridad, pero que ahora afrontan directamente las consecuencias económicas de la guerra.

El resultado es una doble amenaza sobre las rutas energéticas del Golfo, precisamente en dos de los mayores cuellos de botella en el mundo, claves para las economías de Asia y Europa. El impacto ya se refleja en los mercados. El petróleo ha vuelto a superar los 100 dólares por barril, mientras la interrupción de rutas y oleoductos alimenta el temor a nuevas tensiones sobre el suministro mundial. El Brent llegó a situarse en torno a los 108 dólares en medio de la escalada regional. @mundiario