La guerra entre Rusia y Ucrania alcanza su máxima tensión política y militar ante una de las fechas más simbólicas para el Kremlin: el 9 de mayo, Día de la Victoria. Lo que Moscú planteó como un gesto de distensión —una tregua unilateral para proteger sus celebraciones— ha derivado en un cruce de acusaciones y advertencias sobre posibles ataques durante el desfile en la plaza Roja.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirmó que Kiev responderá a Rusia “con la misma moneda” después de denunciar que las fuerzas rusas violaron masivamente el alto el fuego propuesto por Ucrania. La crisis expone nuevamente la enorme distancia entre ambas partes y revela cómo incluso las treguas temporales se han convertido en instrumentos de presión política y propaganda estratégica.
Según Kiev, Rusia lanzó durante la madrugada 108 drones de combate y tres misiles contra territorio ucraniano, apenas horas después de que Ucrania propusiera una pausa en los combates desde el 6 de mayo. Para el Gobierno ucraniano, estos ataques invalidan cualquier discurso del Kremlin sobre una supuesta voluntad de paz.
El ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, fue especialmente duro en su reacción: “Esto demuestra que Rusia rechaza la paz y sus falsos llamamientos a un alto el fuego el 9 de mayo no tienen nada que ver con la diplomacia. A [Vladímir] Putin sólo le importan los desfiles militares, no las vidas humanas”.
La tregua se ha convertido en un nuevo campo de batalla diplomático. Rusia anunció un alto el fuego limitado para los días 8 y 9 de mayo, coincidiendo con las celebraciones del Día de la Victoria. Sin embargo, Ucrania respondió con una contraoferta más amplia: una pausa que comenzaría el 6 de mayo para comprobar si realmente existía voluntad de detener los combates.
La propuesta ucraniana buscaba colocar al Kremlin bajo presión internacional. Kiev sostiene que una tregua real no puede limitarse a proteger un desfile militar mientras continúan los bombardeos sobre ciudades ucranianas.
Zelenski insistió en que Moscú recibió “una propuesta clara” sobre el alto el fuego y que Rusia “sabe cómo ponerse en contacto con Ucrania o sus socios para acordar los detalles”. Sin embargo, añadió: “Sin embargo, si a esa persona en Moscú, que no puede vivir sin guerra, sólo le interesa un desfile y nada más, eso es otra cosa”.
La respuesta rusa fue prácticamente inmediata. Moscú acusó a Ucrania de atacar Crimea ocupada, regiones fronterizas rusas y zonas próximas a Moscú mediante drones tras sus primeros ataques. El Ministerio de Defensa ruso aseguró haber derribado más de 50 drones ucranianos durante la noche.
La consecuencia es que ambas partes se acusan mutuamente de romper la tregua.
El Día de la Victoria se convierte en un objetivo sensible
El 9 de mayo siempre ha sido una fecha central para la narrativa política del Kremlin. Desde el inicio de la invasión de Ucrania en 2022, Vladímir Putin ha intentado vincular la ofensiva militar actual con la memoria histórica de la Segunda Guerra Mundial y la derrota del nazismo.
Pero este año el contexto es distinto. Moscú decidió reducir el tradicional desfile militar y eliminar gran parte del equipamiento pesado por temor a posibles ataques ucranianos. Las autoridades instaladas por Rusia en Crimea incluso cancelaron completamente las celebraciones por motivos de seguridad.
La preocupación del Kremlin no es casual. Ucrania ha demostrado durante los últimos meses una creciente capacidad para atacar objetivos militares e industriales en el interior de Rusia. Uno de los episodios más recientes fue el ataque contra un complejo militar-industrial en Cheboksary, a unos 1.000 kilómetros del frente.
Zelenski también difundió imágenes del lanzamiento de misiles de crucero ucranianos Flamingo, asegurando que alcanzaron objetivos situados a más de 1.500 kilómetros de distancia.
Ese mensaje tiene un evidente componente estratégico: Kiev quiere dejar claro que puede golpear infraestructuras rusas incluso durante una de las jornadas más simbólicas del calendario político de Moscú.
La “reciprocidad” como nueva doctrina militar ucraniana
La frase de Zelenski sobre responder “con la misma moneda” resume un cambio importante en la estrategia comunicativa de Ucrania. Kiev ya no intenta únicamente presentarse como actor defensivo, sino también como una fuerza capaz de imponer costes políticos y militares al Kremlin.
Diversos analistas ucranianos interpretan la propuesta rusa de tregua como una maniobra táctica destinada principalmente a proteger el desfile del 9 de mayo y enviar señales de moderación hacia Washington.
Moscú parece intentar proyectar una imagen de disposición negociadora ante sectores internacionales que presionan por una reducción del conflicto, especialmente en un contexto electoral estadounidense cada vez más polarizado.
Más allá de los discursos públicos, la realidad militar muestra que ninguno de los dos bandos parece dispuesto a reducir significativamente la intensidad de la guerra.
Ucrania denunció que Rusia cometió 1.820 violaciones de la tregua en apenas diez horas. Moscú, por su parte, insiste en que Kiev continúa lanzando ataques con drones y operaciones ofensivas limitadas.
La dinámica recuerda a otras treguas fallidas durante la guerra, incluidas las pausas anunciadas durante la Pascua ortodoxa, que según el Estado Mayor ucraniano fueron violadas más de 10.000 veces. @mundiario
