La crisis desatada por el viaje de Isabel Díaz Ayuso a México sigue dando coletazos que alcanzan las costas a ambos lados del Atlántico. Lo que inicialmente parecía una polémica pasajera ha derivado en un debate de fondo sobre memoria histórica, identidad nacional, relaciones entre España y América Latina y utilización política del pasado colonial en pleno siglo XXI.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aprovechó su comparecencia matutina diaria con la prensa para responder con ironía y procacidad a las declaraciones de Ayuso sobre la Conquista española. “Que venga más, que se pase más tiempo de vacaciones aquí. Somos un país extraordinario. Que conozca más de la cultura mexicana, que viva como viven los pueblos. Yo creo que aprendería mucho de la grandeza cultural de México”, retó la dirigente izquierdista de Morena.
La tensión se disparó después de que Ayuso defendiera en la Asamblea de Madrid su viaje al país latinoamericano, donde se defendió de los embates de los partidos de oposición asegurando que “México no existió hasta que llegaron los españoles”. La baronesa popular sostuvo además que antes de la llegada de Hernán Cortés existía “otra civilización”, unas palabras que fueron interpretadas por Morena como una minimización de las culturas prehispánicas.
Las declaraciones se produjeron además en un contexto especialmente sensible. Ayuso había cancelado parte de su agenda mexicana alegando problemas de seguridad y supuestas amenazas, mientras acusaba al Gobierno español de de abandonarla institucionalmente durante la crisis. “Mi Gobierno tendría que haber dicho: ‘esta señora es una representante del Estado, baje el tono’”, espetó Ayuso.
Morena galvaniza su relato nacionalista
La presidenta madrileña también vinculó a Sheinbaum con los llamados “narcoamigos” del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a quien acusó de haberla abandonado en “una situación de peligro extremo” y de haber dado instrucciones al Ejecutivo mexicano de “reventar” su visita por México. En represalia, la presidenta convirtió el episodio en un argumento político interno y utilizó la controversia para reivindicar la identidad histórica y cultural mexicana frente a la oposición conservadora del Partido Acción Nacional (PAN), cuyos gobernadores, diputados, alcaldes y concejales acompañaron a Ayuso durante su gira.
Lejos de intentar rebajar la tensión, la presidenta mexicana decidió explotar políticamente la controversia. Sheinbaum agradeció la visita de Ayuso, ya que “sirvió para abrir el debate” en la política doméstica, donde el relato nacionalista de Morena calza con la visión histórica mexicana. “Hay libertad de expresión y ya se debate. Ayudó mucho que viniera porque abrió el debate. Nos permitió hablar de Hernán Cortés, de lo que fue la Conquista y la invasión, de los pueblos”, dijo Sheinbaum.
La mandataria insistió en que la polémica permitió reivindicar “la dignidad del pueblo mexicano” y la riqueza cultural previa a la colonización. De hecho, el Gobierno mexicano lleva años impulsando una reinterpretación crítica de los lazos con España y ha reclamado mayor reconocimiento histórico a los pueblos indígenas. En ese contexto, las palabras de Ayuso actuaron casi como un catalizador perfecto para el discurso nacionalista y soberanista que impulsa el oficialismo de Morena.
Sheinbaum incluso ironizó sobre el hecho de que Ayuso permaneciera varios días fuera del foco público tras cancelar parte de su gira. “Tanto que odia México y al Gobierno de México, pero se pasó diez días de vacaciones”, afirmó con tono provocador durante su conferencia matutina.
🔴 “Que venga más, que conozca más de la cultura mexicana, aprendería mucho”, responde Claudia Sheinbaum a Isabel Díaz Ayuso tras sus polémicas declaraciones sobre México.
“Tanto que odia al gobierno mexicano y se pasa unos días de vacaciones aquí” pic.twitter.com/5QniDfKnzh
— El Universal (@El_Universal_Mx) May 14, 2026
Una batalla ideológica transatlántica
La controversia también ha tenido consecuencias en la política española. La oposición madrileña acusó a Ayuso de convertir el viaje institucional en una operación ideológica personal y cuestionó tanto el coste de la gira como su cancelación parcial. La oposición de izquierdas madrileña, especialmente desde Más Madrid y el PSOE, aprovecharon además el conflicto para distanciarse de las declaraciones de Ayuso y reivindicar los vínculos históricos entre México y los exiliados republicanos españoles tras la Guerra Civil.
La portavoz socialista en la Asamblea, Mar Espinar, calificó la visita de “vergonzosa”, mientras que Manuela Bergerot de Más Madrid abrazó explícitamente la legitimidad histórica y cultural mexicana frente a las afirmaciones de la presidenta madrileña. En realidad, tanto Ayuso como Sheinbaum han encontrado beneficios políticos en esta confrontación. La baronesa madrileña refuerza así su perfil de líder conservadora combativa frente a la izquierda latinoamericana y frente al propio Gobierno de Sánchez, consolidando un discurso muy centrado en la defensa a ultranza de la hispanidad y de una visión positiva del legado español en América.
La disputa demuestra hasta qué punto las cuestiones identitarias y de memoria histórica se han convertido en herramientas de confrontación política tanto en España como en América Latina. La conquista, lejos de quedar como un episodio del pasado, sigue funcionando como un símbolo político contemporáneo capaz de activar emociones, resentimientos y discursos nacionales.
En el fondo, el choque entre ambas dirigentes revela una realidad más profunda: cinco siglos después de la conquista, el relato sobre lo que significó aquel proceso sigue siendo uno de los grandes campos de batalla ideológica entre España y América Latina. @mundiario
