La polémica sobre el regreso de María Corina Machado ha escalado desde los despachos de la Casa Blanca hasta convertirse en uno de los episodios más delicados de la política estadounidense hacia Venezuela. Tras días de filtraciones, acusaciones cruzadas y versiones contradictorias, Donald Trump ha optado por tomar distancia de la controversia y negar cualquier responsabilidad directa en el bloqueo del viaje de la dirigente opositora.
A bordo del Air Force One, durante el vuelo de regreso desde la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Ankara, el presidente estadounidense rechazó haber dado instrucciones para impedir el regreso de Machado. “No, no, para nada”, respondió cuando fue preguntado por las informaciones que apuntaban a un veto desde Washington. Lejos de mantener las distancias, Trump volvió a elogiar públicamente a la dirigente venezolana: “ella es fantástica, es una persona maravillosa”.
El mandatario fue incluso más allá al asegurar que jamás ordenó a ningún miembro de su equipo impedir el viaje. “No le dije a nadie que no regresara”, afirmó antes de mostrar sorpresa sobre la situación de la líder opositora. “¿Regresó ella a Venezuela?”, preguntó a los periodistas presentes. Como ya había hecho en otras ocasiones, vinculó inmediatamente su respuesta al respaldo que Machado ha expresado hacia su candidatura al Premio Nobel de la Paz. “Creo que ella es una buena persona. Ella me dio el Nobel, ¿verdad? ¿Cómo puede caerme mal?”, dijo el presidente estadounidense.
Las palabras de Trump contrastan con el complejo escenario que se ha desarrollado durante las últimas semanas dentro de su propia Administración. Diversas informaciones procedentes de Washington, publicadas en varios medios pero los más reveladores en Axios, sostienen que responsables estadounidenses trabajaron activamente para evitar el regreso de Machado a Venezuela, convencidos de que su presencia sobre el terreno podía alterar el equilibrio político que EE UU trata de mantener con el entorno de Delcy Rodríguez tras la caída de Nicolás Maduro del poder.
El debate escaló después de que Machado decidiera regresar a su país desde que partiera en una barca hacia la isla neerlandesa de Curazao en las costas venezolanas, en una misión de escape para acudir a la ceremonia del Nobel de la Paz en una noche decembrina rumbo a Noruega. Según su entorno, el objetivo del viaje no era encabezar una ofensiva política, sino participar en las labores de apoyo humanitario tras los terremotos registrados el 24 de junio y acompañar a la población venezolana durante la emergencia.
Sin embargo, dentro de la Administración estadounidense se impuso otra lectura. Diversos altos cargos, siempre anónimos, consideraban que la entrada de la líder de la oposición y líder del partido Vente Venezuela (VV) podía provocar una crisis política que podría torpedear los contactos que Washington mantiene con el Gobierno interino e incluso generar un escenario de inestabilidad institucional.
Dos intentos fallidos para regresar
El plan de regreso terminó frustrándose en dos ocasiones. En un primer intento, Machado despegó en un avión chárter desde el estado de Virginia con destino a Curazao, desde donde estudiaba acceder posteriormente a territorio venezolano. El avión terminó regresando antes de aterrizar después de que las autoridades neerlandesas, con las competencias de Exteriores y Defensa de la isla caribeña, detectaran que dentro de la Administración estadounidense no existía una posición unificada sobre la operación.
Posteriormente, la líder liberal viajó a Panamá con la intención de embarcar en un vuelo comercial con destino a Caracas. Tampoco pudo completar el trayecto, y Machado rompió el silencio en un vídeo en el que acusó al régimen de cerrar el espacio aéreo y de amenazar a la aerolínea en la que viajaría. Durante esos días, esos funcionarios estadounidenses trasladaron a la prensa que no existía ningún compromiso para garantizar su seguridad durante el desplazamiento y alertaron del riesgo de que su presencia desencadenara incidentes difíciles de controlar.
El equipo de Machado ha rechazado que solicitara protección militar o policial de Estados Unidos y sostiene que las conversaciones mantenidas con Washington se limitaron a analizar la conveniencia política del viaje.
Filtraciones y acusaciones en la Casa Blanca
La controversia se agravó cuando comenzaron a aparecer filtraciones desde el propio Gobierno estadounidense que aludían a una supuesta fractura en la relación entre la Casa Blanca y la oposición mayoritaria. Según esas informaciones publicadas en Axios, altos cargos calificaron el intento de regreso de Machado como un acto de “grotesco oportunismo político”, al considerar que pretendía aprovechar la crisis humanitaria “tomarse una foto”.
Una de las fuentes citadas llegó a plantear un escenario que reflejaba el malestar existente en algunos sectores de la Administración. Si Machado aparecía protegida por militares estadounidenses, transmitiría la imagen de que era la verdadera autoridad política en Venezuela. “¿Y ahora qué, la instalamos?”, dijo una de esas fuentes.
‼️🇻🇪 | Trump desmintió categóricamente las versiones que aseguraban que había bloqueado el regreso de María Corina Machado a Venezuela:
“No, no, no. Yo no le dije que no regresara. Es una persona maravillosa.” pic.twitter.com/ZMZqeH1sMc
— Informe Orwell (@InformeOrwell) July 9, 2026
Las tensiones no quedaron ahí. Posteriormente trascendió que el episodio había abierto también discrepancias dentro del propio Departamento de Estado. Algunos responsables apuntaron al subsecretario Christopher Landau, número dos del jefe de la diplomacia estadounidense Marco Rubio, por haber trasladado a representantes diplomáticos neerlandeses y panameños señales favorables al viaje sin que existiera una decisión plenamente consensuada dentro de la Administración. Landau rechazó esas versiones a través de su entorno y el Departamento de Estado insistió en que toda la política hacia Venezuela seguía alineada con las directrices marcadas por Trump y por el secretario Rubio. @mundiario
