EN TU SEMANA.
Mensaje semanal del pastor Héctor Contreras.
Iglesia Metodista Libre, Inc La Senda.
PARA: EL GRAN SANTO DOMINGO . COM
Prensa Hispana ,e Hispana Multimedios agradece la presencia semanal del pastor Hector Contreras en nuestro periódico digital
El Gran Santo Domingo, sus articulos son de grandes aportes. El pastor Contreras es ejemplo de familia, espiritualidad y ministerio fiel.
Isaías 51:9, 41:10 y 13, Deuteronomio 32:4 y Salmo 27:5.
Sucedió hace mucho tiempo, por allá por el año 1968. Era una tarde calurosa del mes de agosto. Recién el Lic Rafael Danilo Grullón había convocado a varios jóvenes de nuestra Iglesia Metodista Libre con el propósito de formalizar lo que se convertiría en la Agrupación Coral Arpa Evangélica.
Aún recuerdo algunos nombres. De Nagua estaban Kirina Alcéquies, Fior D’aliza Pérez, Angélica, no recuerdo su apellido, los hnos Príamo y Olmedo Hilario. De Los Mina estaban la mayoría de los hnos Mieses, Noemí, Livingston, Gerson y Eliezer.
También Diógenes Hernández, Ana y Karen Brito, además Fausto y Dulcita Maldonado, de Luperón, José López King, Eldon García, (Koki), Carlos Martínez, Alberto Rubiera, Juan Carlos Martinez, de Juan de Morfa, Gustavo Rodríguez y yo, Héctor.
Hay algunos nombres que se me escapan. Todos estábamos disfrutando de un gran pasa día en la playa de aguas vivas de Haciendas María.
Era alrededor de las 2-2:30 de la tarde, creo que, por dirección de Dios me acerqué a la hna Ana, una mujer de Dios que amaba la obra y madre de siete hijos, (4 hembras y 3 varones), la cuál nos hizo compañía en esa actividad, así como otros líderes y ancianos de la iglesia.
Con la inmensa paciencia y parsimonia que las caracterizaban, esta tremenda mujer y madre abnegada, me dijo, muy apesadumbrada: hermano Héctor, ¿Ud ve aquella cabecita que se ve allá? Al fijarme detenidamente le respondo que sí.
Al instante me dice: Ese es fulano, mi hijo, (omito el nombre), le pregunto: ¿Sabe nadar? Y me responde, no, no sabe nadar. De inmediato, informo al grupo y me lanzo al agua en busca de lograr rescatar a nuestro hermano y compañero del coro.
Debo destacar que, al llegar a la playa, desconocida para todos, como buen conocedor de lo que es el mar y sus secretos, me introduje por un buen rato en aquellas olas bravías y, aún llevo en mi mente la lucha que libré para poder salir a las orillas de la playa.
En el ir y venir de las olas, se formaba un tremendo remolino junto a una gran roca/arrecife que me impedía avanzar. Al notar ésto, nadé hacia mi izquierda y fue entonces cuando logré salir.
El bañista solitario estaba a una distancia de la playa aproximadamente a unos 150 a 200 metros de distancia mar dentro. Al llegar junto a él, le hago la misma pregunta que a su madre: ¿Sabes nadar? No, fue su respuesta.
Aquel hombre, con más de seis pies de estatura, cuan tamaño, todo su cuerpo estaba sobre un tubo de goma, como debía estar en ese instante, asustado y tembloroso; fuera del agua solo tenía de sus hombros a la cabeza. Di inicio al rescate, nadando hacia la orilla de la playa, empujando a este hombre, las olas embravecidas, después de un buen tiempo, luchando con las olas y el peso que trataba de impulsar, al llegar cerca de la playa, nos encontramos con el remolino que antes narré.
Sobre la roca, una gran multitud de los componentes del coro y los hermanos que nos hicieron compañía, ya exhausto, trato de alejarnos de la roca donde se producía el remolino, pero era inútil, el cansancio y el temor me lo impedía. Mientras el grupo estaba en gran espextativa sobre la roca, unos gritaban, otros oraban y los demás hacían sugerencias desde las alturas diciéndome que hacer.
Mientras existía la algarabía, el temor en la mayoría por lo que podía pasar, de un momento a otro y sin saber de dónde surgió, llegó a la roca José López King con una penca de coco en sus manos, la lanza hacia nosotros, ya cansados por el esfuerzo realizado, el hombre del tubo de goma, se aferra a la penca, sin nunca entender lo que acontecido, en un abrir y cerrar de ojos, aquel muchachón, se encontraba con sus pies sobre la roca. ¿Cómo lo logró? Sólo Dios tiene la respuesta.
Veamos lo que dice el profeta Isaías: «Despiértate, despiértate, vístete de poder, oh brazo de Dios; despiértate como en el tiempo antiguo, en los siglos pasados, Isaías 51:9. Es el mismo brazo que guió.