NACIDO PARA SALVAR

Por : El Pastor  Héctor Contreras
Para El Gran Santo Domingo.com

El nacimiento de Jesús en Belén no fue un hecho decorativo de la historia ni un relato romántico para una temporada del año. Es, y sigue siendo,  u n acontecimiento que partió el tiempo, incomodó al poder y colocó a la humanidad frente a una pregunta que aún no pierde vigencia: ¿qué hacemos con este hombre?

Jesús no nació en un palacio ni entre aplausos. Llegó al mundo en la sencillez de un pesebre, en un contexto de pobreza, opresión y desigualdad. Desde el inicio, su historia contradijo la lógica del poder tradicional. Mientras los reyes buscaban tronos, Él eligió el servicio; mientras el mundo imponía fuerza, Él ofreció amor; mientras muchos esperaban dominio, Él propuso transformación interior.

Aceptar a Jesús no es un gesto pasivo ni una tradición heredada. Es una decisión desafiante. Implica revisar valores, conductas y prioridades. Significa confrontar el egoísmo, la indiferencia y la violencia normalizada en la sociedad. Creer en Jesús no es solo creer que nació en Belén, sino permitir que su mensaje nazca —y crezca— en la conciencia del creyente.

En una sociedad marcada por la corrupción, la desigualdad y la pérdida de referentes éticos, el mensaje de Jesús sigue siendo una opción poderosa de cambio. No  cómoda, pero sí profundamente transformadora. Su llamado a amar al prójimo, a perdonar, a actuar con justicia y a dignificar al más débil no pertenece al pasado; es una urgencia del presente.

Jesús nació para salvar, sí. Pero la salvación que propone no es evasión de la realidad, sino compromiso con ella. No es huida, sino acción. No es discurso vacío, sino coherencia entre lo que se cree y lo que se vive. Una fe que no impacta la conducta personal ni el tejido social es apenas un adorno religioso.

Hoy, más que nunca, aceptar a Jesús representa una decisión contracultural. Es optar por la verdad frente a la mentira, por la solidaridad frente al individualismo, por la esperanza frente al cinismo. No cambia solo al creyente; tiene el potencial de cambiar comunidades enteras.

Belén no fue el final del mensaje, fue el comienzo. La verdadera pregunta no es si Jesús nació para salvar, sino si estamos dispuestos a dejarnos transformar por lo que su nacimiento sigue reclamando de nosotros.

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