El Celta cerró el mercado sin la pieza que más necesitaba Giráldez

El Celta terminó el mercado satisfecho con su plantilla, pero no completamente satisfecho. Claudio Giráldez reconoció después del cierre que quedó pendiente una incorporación muy concreta: un mediocentro pasador. No un centrocampista más, sino un futbolista capaz de recibir en la base, romper líneas mediante el pase y acelerar una circulación que durante este comienzo de temporada ha sido demasiado previsible.

La ausencia resulta especialmente significativa porque coincide con uno de los principales defectos que ha mostrado el Celta en sus primeros partidos. El equipo sigue queriendo tener el balón y construir desde atrás, pero esa posesión no siempre termina generando ventajas. En Mestalla ya controló durante muchos minutos sin encontrar profundidad suficiente y el propio club reconoció que le costó convertir su dominio territorial en ocasiones.

Contra Osasuna apareció una imagen todavía más clara. El Celta terminó con un 51,7% de posesión y 561 pases, pero únicamente realizó cuatro remates, mientras que su rival alcanzó los trece. La expulsión de Marcos Alonso condicionó la segunda parte, pero el dato refleja igualmente una dificultad que ya había aparecido antes: acumular pases no garantiza instalarse cerca de la portería rival ni producir peligro.

El encuentro ante el Athletic volvió a señalar el mismo problema desde otra perspectiva. El Celta mejoró después del descanso, adelantó metros y consiguió instalarse durante más tiempo en campo contrario, pero apenas transformó esa superioridad territorial en ocasiones claras. Giráldez cambió cuatro futbolistas al descanso buscando una reacción y el equipo terminó jugando mucho más cerca del área vasca, aunque sin encontrar suficiente claridad en el último pase.

Ahí aparece el perfil que reclamaba el entrenador. Ilaix Moriba aporta conducción, potencia y llegada; Miguel Román tiene capacidad para organizar y Aleix Febas ofrece control, movilidad y precisión, pero Giráldez considera que ninguno cubre exactamente aquello que buscaba. Incluso al hablar de Hugo Burcio y Andrés Antañón fue muy concreto: pueden actuar por dentro, pero son jugadores más relacionados con la conducción y la llegada que con ese pase capaz de eliminar líneas.

El mercado sí solucionó otras necesidades. La llegada de Sebastián Cáceres respondió a la prioridad de incorporar un central derecho preparado para competir inmediatamente y Couhaib Driouech añadió desequilibrio exterior. El Celta también consiguió mantener a futbolistas que podían tener mercado. La plantilla tiene más alternativas, pero precisamente la posición que podía modificar la manera de atacar quedó sin una incorporación específica.

Ahora Giráldez tendrá que encontrar ese pase dentro de lo que ya tiene. El entrenador ha señalado a Miguel Román, Álvaro Núñez o Marcos Alonso como jugadores capaces de superar líneas desde zonas retrasadas, mientras Iago Aspas y Hugo Álvarez pueden recibir entre líneas y acelerar posteriormente la jugada. Es una solución colectiva para compensar una ausencia individual, pero exige que varios futbolistas asuman responsabilidades que un especialista podría concentrar en una sola posición.

Y eso también puede condicionar la estructura del equipo. Si los centrales o los mediocentros necesitan demasiados pases para superar la primera presión, los jugadores ofensivos reciben más tarde y con el rival ya organizado. El problema del Celta no es tener demasiada posesión, sino que esa posesión necesita avanzar con mayor intención. Mover el balón durante más tiempo no sirve si el rival puede desplazarse cómodamente y cerrar todas las líneas interiores.

El mercado deja así una contradicción interesante. El Celta ha construido una plantilla más profunda para competir en La Liga, Europa y Copa del Rey, pero ha terminado sin incorporar precisamente el perfil que su propio entrenador considera diferente al resto. Giráldez tendrá recursos para buscar soluciones, pero los primeros partidos ya han mostrado el riesgo: si el Celta no encuentra quién acelere el juego desde dentro, puede volver a tener mucho balón sin conseguir que ese dominio se traduzca en ocasiones. @mundiario