Braulio y Aguirre no bastan para devolver al Valencia a Europa

Parece que Peter Lim ha tomado dos decisiones con cierto sentido deportivo en el Valencia, algo que durante los últimos años no siempre ha resultado habitual. La llegada de Braulio Vázquez para dirigir el área deportiva y la elección de Javier Aguirre para el banquillo aportan experiencia, conocimiento de La Liga y una estructura reconocible a un club acostumbrado a cambiar de rumbo. El problema es que ni siquiera juntar a ambos convierte de repente al Valencia en un equipo preparado para regresar a Europa.

Porque el punto de partida resulta bastante más crudo. El Valencia es actualmente 19º de La Liga con cuatro puntos después de siete jornadas, ha ganado un solo partido, ha perdido cinco y presenta un balance de cuatro goles a favor y 13 en contra. El Deportivo Alavés, sexto y ocupando actualmente plaza europea, suma 11 puntos. Hablar de Europa es legítimo como aspiración a largo plazo; hacerlo como obligación inmediata resulta difícil de sostener con la realidad deportiva actual.

La llegada de Braulio, al menos, devuelve la dirección deportiva a alguien con experiencia contrastada. Ya trabajó en Mestalla entre 2010 y 2013 y posteriormente pasó nueve temporadas al frente del proyecto deportivo de Osasuna. Pero su verdadero examen probablemente no estará en demostrar si sabe fichar. Estará en comprobar cuánto margen le concede la propiedad para hacerlo. El propio Braulio reconoció durante su presentación que conoce perfectamente las dudas que existen alrededor de su autonomía, aunque aseguró que hasta ahora el club está cumpliendo todo lo acordado con él.

Los precedentes obligan a mantener cierta prudencia. Con Peter Lim ya estuvieron en la estructura profesionales como Rufete, Mateu Alemany o Pablo Longoria. El primero abandonó el club en 2015 después de perder peso en las decisiones deportivas; Longoria rescindió su contrato en 2019 después de la ruptura del proyecto que había construido junto a Alemany y Marcelino; y el propio Alemany explicó posteriormente que se había producido un cambio en la forma de gestionar el club y que estaba siendo apartado de competencias que anteriormente le correspondían.

Ahí reside una de las grandes incógnitas de esta nueva etapa. Fichar a Braulio tiene sentido. Dejarle fichar, vender, construir una plantilla y equivocarse alguna vez también deberá tenerlo. La dirección deportiva no puede funcionar únicamente mientras sus decisiones coincidan con las que llegan desde Singapur. El Valencia ya comprobó durante la etapa de Alemany, Longoria y Marcelino hasta dónde podía llegar una estructura profesional con autonomía: dos clasificaciones consecutivas para la Champions y una Copa del Rey precedieron a la ruptura de aquel modelo.

La figura de Aguirre

La contratación de Javier Aguirre también parece responder más a una operación de emergencia que a la elección de un entrenador destinado desde el primer día a perseguir puestos europeos. Braulio destacó su experiencia, su capacidad para gestionar vestuarios y su facilidad para desenvolverse en contextos de presión. Son precisamente las cualidades que necesita ahora un Valencia instalado en descenso, no necesariamente las de un equipo que esté pensando inmediatamente en la Champions.

Su contrato ayuda a entender esa provisionalidad. Oficialmente, Aguirre se comprometió hasta el final de esta temporada y el Valencia se reservó una opción para prolongar la vinculación un curso más. Se ha informado de que esa continuidad estaría relacionada con una clasificación europea, pero el club no ha hecho pública esa condición y Braulio evitó confirmar cuáles son exactamente las cláusulas. Es más, dejó abierta la posibilidad de mantener al mexicano aunque no se cumpla el objetivo contractual si su trabajo convence.

 

Enero será el primer examen

Donde Braulio tendrá que empezar a transformar realmente el equipo será en el mercado de invierno. Hay una necesidad que ya resulta indiscutible: un central. El director deportivo reconoció que el Valencia está utilizando a un centrocampista en esa posición y recordó las lesiones que afectan a la defensa. Pepelu tuvo que actuar atrás contra la Real Sociedad y futbolistas como Tárrega o Diakhaby han estado fuera. Reforzar el eje defensivo aparece, por tanto, como la prioridad más clara.

El resto dependerá de lo que Aguirre encuentre durante estas semanas. El Valencia intentó incorporar un delantero al final del mercado de verano y la operación de Marvin Ducksch terminó frustrándose, pero por ahora no existe confirmación suficiente para asegurar que Braulio vaya a buscar obligatoriamente un nueve y un pivote en enero. Primero habrá que comprobar qué consigue recuperar Aguirre de jugadores como Sadiq, Guido Rodríguez o los numerosos lesionados y después decidir dónde merece la pena gastar los limitados recursos disponibles.

Braulio lo resumió mejor que nadie en sus primeras declaraciones: “No soy mago y yo solo no voy a arreglar nada”. Tampoco Aguirre lo es. El Valencia ha incorporado dos profesionales con argumentos para mejorar lo que había, pero siete jornadas han dejado al equipo penúltimo, con cuatro puntos y dentro de la zona de descenso. Antes de hablar de volver a Europa quizá convenga construir nuevamente un equipo capaz de mirar hacia arriba sin miedo a lo que ocurre detrás. Y para eso hará falta algo más que dos buenos nombres: fichajes, estabilidad y, sobre todo, que Peter Lim permita trabajar a quienes acaba de contratar. @mundiario