Canadá y la UE sellan una “alianza para el futuro”, pero aplazan hasta 2027 cómo será su nueva relación

Canadá y la Unión Europea han decidido mirar juntos hacia un mundo más inestable sin cerrar todavía la fórmula política que regirá su relación. La cumbre celebrada este jueves y viernes en Montreal ha alumbrado la denominada “Alianza para el Futuro”, un ambicioso marco para reforzar los vínculos económicos, tecnológicos, estratégicos y de seguridad entre ambos socios, pero ha dejado para 2027 la definición de hasta dónde puede llegar esta nueva cercanía.

La cuestión del nombre ha quedado deliberadamente en segundo plano. La propuesta de convertir a Canadá en el primer “miembro asociado” de la UE, defendida por la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen en septiembre, no aparece en la declaración conjunta aprobada en Montreal. Algunos Estados miembros habían mostrado reservas ante una fórmula inédita que podía situar a Ottawa en una posición intermedia entre un socio privilegiado y un país plenamente integrado en el proyecto europeo.

El compromiso alcanzado consiste en trabajar durante los próximos meses para definir el concepto de una “asociación cada vez más estrecha” de Canadá con la Unión, pero por debajo de la plena pertenencia, con la intención de concretarlo en la cumbre UE-Canadá de 2027. La declaración evita así cerrar ahora una arquitectura institucional que todavía genera debate entre los Veintisiete, pero deja abierta una puerta lo suficientemente ancha.

El lenguaje utilizado en Montreal revela la dimensión estratégica del movimiento. Von der Leyen recurrió a una frase de Leonard Cohen, el cantautor nacido en la ciudad anfitriona, para describir el momento: “hay una grieta en todo, así es como entra la luz”. Sobre esa grieta pretende construirse una relación más estrecha entre Europa y Canadá.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, situó el objetivo en términos de “soberanía” y “resiliencia”. La idea es reducir vulnerabilidades compartidas y aumentar la capacidad de ambos socios para resistir las perturbaciones económicas, tecnológicas y geopolíticas. La declaración final estructura la nueva alianza en seis grandes ámbitos: comercio y regulación; tecnologías digitales e investigación; recursos críticos y energía; servicios financieros; seguridad y preparación; y movilidad y contactos entre ciudadanos.

Una alianza para un mundo más incierto

No hizo falta pronunciar los nombres de Estados Unidos o China para que el trasfondo quedara definido. La preocupación por las cadenas de suministro, las materias primas estratégicas, las tecnologías críticas y la utilización del comercio como instrumento de presión atraviesa buena parte de los acuerdos.

La cuestión rusa sí apareció de manera explícita. Bruselas y Ottawa reafirmaron su apoyo a Ucrania y su disposición a incrementar la presión sobre Moscú. También decidieron reforzar la cooperación en el Ártico, una región cuya importancia estratégica crece a medida que el retroceso del hielo abre nuevas rutas marítimas y aumenta la competencia militar y económica.

“A medida que el hielo retrocede, se abren nuevas rutas. La competencia se intensifica. Aquí la geografía une Europa y Canadá, y también nuestros intereses. El Ártico también forma parte de la Unión Europea. Tres de nuestros Estados miembros son países árticos, y más de medio millón de ciudadanos europeos viven en el Ártico. Así que, cuando vemos a Rusia reconstruir su presencia militar en el Ártico, aplicar estrategias híbridas contra sus vecinos y redibujar la seguridad del Ártico, eso afecta a la Unión Europea y a Canadá en su conjunto”, dijo la jefa del Ejecutivo comunitario.

Comercio, minerales e inteligencia artificial

La dimensión económica es uno de los pilares de la nueva asociación. La UE y Canadá han concluido las negociaciones sustantivas de un acuerdo de comercio digital que complementará al CETA, el tratado de libre comercio que cumple diez años. El intercambio de bienes y servicios entre ambos bloques alcanzó aproximadamente 130.000 millones de euros en 2025, más de un 80 % por encima de 2016. La alianza pretende ahora eliminar nuevas barreras regulatorias y ampliar la cooperación en sectores considerados estratégicos: materias primas críticas, energía, tecnologías limpias y digitales, medicamentos esenciales y actividades marítimas.

Los minerales ocupan un lugar especialmente relevante. El Banco Europeo de Inversiones y Canadá profundizarán su cooperación para facilitar inversiones en proyectos de extracción, procesamiento, refinado, fabricación y reciclaje de materias primas críticas. El objetivo es un trato de ganar-ganar para Canadá, que consiga diversificar sus mercados y reducir vulnerabilidades, mientras Europa busca disminuir su dependencia de cadenas de suministro excesivamente concentradas en otros países.

La tecnología supone el otro gran frente. Canadá participará en la Empresa Común Europea de Informática de Alto Rendimiento, lo que abre la puerta a una cooperación más estrecha en supercomputación, inteligencia artificial y tecnologías cuánticas. Bruselas y Ottawa también trabajarán en gobernanza y seguridad de la IA, ciberseguridad, circulación de datos y semiconductores.

Del Galileo europeo al Ártico canadiense

La cooperación se extiende incluso al espacio. La UE y Canadá negociarán un marco para facilitar el acceso canadiense a los servicios de Galileo, el sistema europeo de navegación por satélite, y explorarán la participación canadiense en IRIS², la futura infraestructura europea de comunicaciones seguras por satélite.

El movimiento tiene una lectura estratégica evidente. Para Ottawa, disponer de mayores alternativas tecnológicas puede reforzar la autonomía de sus comunicaciones, especialmente en el Ártico. Bruselas percibe como un socio con el que compartir capacidades y reducir dependencias externas en infraestructuras consideradas críticas.

La alianza también quiere tener una dimensión humana. La UE y Canadá iniciarán conversaciones para ampliar la participación canadiense en Erasmus+ y Horizonte Europa, además de negociar mecanismos de movilidad laboral, investigación, formación y reconocimiento de cualificaciones profesionales. El objetivo es que la nueva relación no se limite a Gobiernos y grandes empresas, sino que genere más vínculos entre estudiantes, investigadores, trabajadores y emprendedores. @mundiario