La Copa del Mundo ha vuelto a demostrar los motivos por los cuales es considerada la competición deportiva más pasional y emocionante del planeta. El fútbol es capaz de llevar los sentimientos de todo un país al límite en cuestión de segundos, alternando el disgusto y la alegría de forma constante. La épica de las eliminatorias directas quedó evidenciada la noche del domingo sobre el emblemático césped del Estadio Azteca.
La selección de Inglaterra consiguió sellar su clasificación para la ronda de cuartos de final tras imponerse por un ajustado marcador de dos goles a tres. El combinado británico sufrió en exceso para contener el ímpetu de un México combativo que peleó hasta la última gota de sudor ante su afición. Con este trabajado triunfo, los europeos aseguran su presencia en la siguiente fase eliminatoria que se disputará en Miami.
El desarrollo del encuentro demostró que el fútbol puede llegar a ser sumamente injusto y cruel con el equipo que propone el juego ofensivo. La selección mexicana controló de forma absoluta los primeros treinta y cinco minutos del choque, impidiendo que su rival superara la línea del mediocampo. Sin embargo, la pegada y la jerarquía individual terminaron decantando la balanza a favor del equipo de los tres leones.
La figura del centrocampista Jude Bellingham emergió con fuerza imperial para destrozar los planes tácticos diseñados por el entrenador Javier Aguirre. El futbolista del Real Madrid exhibió nuevamente esa capacidad indetectable para moverse entre líneas que asombró a toda Europa en su campaña de debut. En apenas dos minutos de desconexión azteca, el mediapunta sentenció el destino de la primera mitad del partido.
Bellingham aprovechó dos asistencias perfectas servidas por Bukayo Saka y Harry Kane tras notables desajustes en las marcas de la zaga norteamericana. El madridista empujó el esférico al fondo de las mallas a puerta vacía en ambas ocasiones, congelando el ánimo de las gradas. Instantes después, el propio jugador británico salvó un gol cantado bajo los palos de su portero Jordan Pickford.
El carácter mexicano reaviva la llama de la esperanza azteca
A pesar del duro mazazo anímico, la escuadra local sacó el orgullo y la raza para encerrar a los futbolistas ingleses antes del descanso. Un mal despeje defensivo de Jarell Quansah permitió que Julián Quiñones apareciera en el área para certificar su idilio con el gol en el minuto 42. El tanto reavivó por completo al Estadio Azteca y desató un vendaval de ocasiones claras protagonizadas por Raúl Jiménez.
El dominio absoluto del cuadro tricolor quedó reflejado en las estadísticas oficiales, registrando un meritorio sesenta y tres por ciento de posesión del balón. No obstante, el pleno entendimiento del tridente ofensivo inglés fue suficiente para contrarrestar el fútbol y el carácter de los norteamericanos. Tras el paso por los vestuarios, Inglaterra saltó al terreno de juego con una disposición táctica mucho más decidida.
El partido entró en una fase de auténtica locura cuando el colegiado principal decidió expulsar al defensor inglés Quansah tras revisar la acción en el VAR. La superioridad numérica espoleó a la afición local, pero el exceso de revoluciones provocó un despiste defensivo inexplicable pocos minutos después. El portero Rangel derribó de forma precipitada al veloz Anthony Gordon dentro del área de castigo mexicana.
El delantero Harry Kane no perdonó desde los once metros, ampliando la ventaja inglesa cuando todavía restaba media hora de juego por delante. Lejos de rendirse, México encontró la réplica de forma inmediata gracias a una pena máxima cometida por el propio Kane sobre Gutiérrez. Raúl Jiménez transformó el lanzamiento con maestría para apretar el marcador y desatar el asedio final sobre el arco de Pickford.
En los compases finales, al combinado de Javier Aguirre le faltó la pausa necesaria para sacar provecho de la superioridad que mantuvo durante más de treinta minutos. Inglaterra resistió metida en su propio campo y terminó sellando su boleto para medirse a la peligrosa Noruega el próximo sábado. México se despide de su Copa del Mundo con la cabeza alta, dejando una gran sensación de entrega colectiva. @mundiario
