Confianza plena

Por: Héctor E. Contreras.   

Hebreos 12:1-2.

“Me identifico con el pichoncito que permanece en su nido, frente a mi puerta. Sus tres hermanitos emprendieron vuelo ayer y se quedó solo. Los padres aleteaban por la mañana y por la noche, a veces trayendo comida, pero mayormente urgiendo al pequeño a abrir sus alas y volar, pero el pichoncito dudaba. Una y otra vez trepaba al borde del nido, mirando a su alrededor y hacia abajo; luego regresaba de nuevo al interior de su nido”, testimonio de la Sra. Jerry White, Florida, USA. Como el pequeño pichoncito de la historia, muchos nos hemos visto en la misma situación. El pajarito veía lo imposible. ¿Cuántas veces hemos vivido esa misma situación? Nos creemos incapaces de realizar lo que debería ser casi un deber. Porque si no nos decidimos a levantar vuelo, siempre estaríamos encerrados sin ninguna esperanza.

“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa”, Hebreos 10:35-36. Este pasaje anima a los creyentes a no abandonar la fe en tiempos difíciles, sino a demostrar mediante la paciencia que esa fe es verdadera. La fe significa depender de lo que Cristo ha hecho por nosotros en el pasado, pero también significa esperar lo que hará en nuestro favor en el presente y en el futuro. La fe es no perder nunca nuestra confianza en Dios, porque si nos atrevemos a dar el salto y no volver a la “cueva” del nido, como el pichoncito de la introducción, recibiremos un gran galardón de parte de nuestro Dios. Estar dentro de los propósitos de Dios nos conduce a obtener la promesa del Creador. ¿Cuál promesa? Es posible que se pregunten algunos lectores. Ésta: “Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos días, hasta el fin del mundo”, Mateo 28:20. ¿Qué más podemos pedir como creyentes en la fe de Jesucristo?

La promesa de Él para con su pueblo, debe servirnos de guía para mantener la confianza plena de que con Cristo todo es posible. Te invito a confiar y permanecer en la fe, sin temor alguno, porque Él está contigo.

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y de pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”, Hebreos 12:1-2. La vida implica trabajo arduo. Requiere poner a un lado todo lo que ponga en peligro nuestra relación con Dios. Correr con paciencia y hacer frente al pecado en el poder del Espíritu Santo. El trabajo arduo no es sólo para los creyentes en Jesucristo; incluye también a todo el mundo; porque a la verdad, todos somos criaturas de Dios. Para vivir con eficiencia esta vida, debemos fijar nuestra mirada en Jesús, porque Él es el autor y consumador de nuestra fe. Debemos correr para participar en la carrera de Cristo, no en la nuestra, y siempre fijando nuestra mirada con fe en Él.

Al decir que tenemos en derredor una gran nube de testigos, el autor nos recuerda que esta nube está compuesta de personas que se han mencionado en el capítulo 11 de esta misma carta. Su identidad es un estímulo para nosotros continuar nuestra lucha por alcanzar la plenitud en Cristo Jesús. No luchamos solos, ni somos los primeros en hacerlo con los problemas que afrontamos a diario. Otros también han participado de la carrera y han ganado, y su testimonio nos anima a continuar la carrera y al final ganarla también. ¡Qué legado tan inspirador el que tenemos! ¡Aleluya!

“No que lo haya alcanzado ya, ni que sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago; olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”, Filipenses 3:12-14. Pablo declara aquí que, su meta era conocer a Cristo, ser como Él, y ser todo lo que Cristo pensaba en cuanto a él. Esta meta absorbió todas sus energías. Esto es un ejemplo valioso para nosotros en este tiempo. Nunca debiéramos permitir, que nada aparte nuestros ojos de conocer a Cristo, que es la meta. Con la concentración de un atleta en entrenamiento, debemos poner a un lado todo lo que es perjudicial y olvidarnos aun de las cosas buenas que podrían distraernos e impedir que seamos creyentes efectivos. ¿Qué te retiene? El apóstol Pablo tenía razón para olvidar lo que estaba atrás: él cuidó la ropa de los que apedrearon a Esteban, el primer mártir cristiano, Hechos 7:57-58. En aquel entonces su nombre era Saulo. Todos hemos hecho cosas de las que nos avergonzamos y vivimos en la tensión de lo que hemos sido y de lo que queremos ser. Como nuestra esperanza está en Cristo, podemos olvidar la culpa pasada y proyectarnos a lo que Él nos ayudará a ser. No te estanques en tu pasado. Más bien, debes enfocarte en el conocimiento de Dios, concentrándote en tu relación con Él ahora. Debes entender que has sido perdonado y moverte en dirección a una vida de fe y obediencia. Es simplemente, proyectarte hacia una vida plena y de mayor significado gracias a tu esperanza en Cristo Jesús.

La devoción cristiana se centra en la búsqueda de la intimidad con Dios por medio de Cristo Jesús. Es “consagrarse a sí mismo”, al conocimiento de Jesucristo. Un indicio de madurez es el grado en que esta aspiración se convierte en el centro de la vida del creyente. En ningún otro lugar es retado el discípulo de Jesús a convertirse en un hombre “con su corazón puesto en Dios”. Es también aspirar alcanzar la meta que Dios te ha fijado. No repares en gastos en este empeño. No ahorres esfuerzos en tu deseo de alcanzar la meta de conocer a Cristo Jesús. ¡Bendito sea Dios por Jesucristo su Hijo!

“Me identifico con el pinchón por las tantas veces en que he sentido miedo de seguir adelante”, Sra. Jerry White, Revista El Aposento Alto, 25 de mayo/2023. Te invito a dejar el miedo y emprender el llamado recibido de parte de Dios para servirle a Él. Deja la comodidad que posees a un lado y abre tus alas a la libertad gloriosa que es en Cristo Jesús. ¿Miedo? Todos lo hemos vivido, pero llega el tiempo en que se hace necesario dar el primer paso y avanzar hacia adelante, sin temor, porque con nosotros va el Señor, nuestro Creador. Bendiciones, amados del Señor.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here