La política colombiana se dispone a vivir uno de los cambios más simbólicos de las últimas décadas. Abelardo de la Espriella asumirá la Presidencia el próximo viernes en una ceremonia que, por primera vez en la historia republicana, no tendrá lugar en Bogotá, sino en Cali. El gesto trasciende el mero protocolo, después de haber amagado con celebrar la toma de posesión en una base militar en Popayán para hacer un guiño a las Fuerzas Armadas, los nuevos planes constituyen la primera gran declaración política de un mandatario que pretende redefinir la relación entre el Estado y las regiones.
El abogado cordobés ha convertido esa decisión en el emblema de una estrategia que, según sostiene, pretende combatir el histórico centralismo colombiano y acercar las instituciones a los territorios que durante décadas han concentrado los mayores problemas del conflicto armado, narcotráfico y ausencia estatal. “Será el primer paso de una política de descentralización que llevará al Estado a las regiones”, afirmó el presidente electo al confirmar la celebración de la investidura en la capital del Valle del Cauca.
Inicialmente, De la Espriella había planteado celebrar la investidura en una guarnición militar de Popayán como homenaje a las Fuerzas Armadas. Finalmente descartó esa posibilidad después de que la oposición y sectores más institucionales de la derecha cargaran las tintas contra lo que consideran como una afrenta a la Constitución, que estipula que la sesión de investidura debe celebrarse en el Congreso colombiano o en su defecto ante la Corte Suprema, que el mensaje pudiera interpretarse como una subordinación del poder civil al militar.
El destino definitivo será la Arena USC de la Universidad Santiago de Cali, un moderno recinto con capacidad para más de 2.300 asistentes que acogerá a varios diputados y senadores, así como delegaciones internacionales como la española encabezada por el rey Felipe VI.
En representación de EE UU la prensa colombiana especula la presencia del secretario de Estado Marco Rubio, pero quien sí está confirmado es el senador Bernie Moreno. En contraste, De la Espriella ha decidido tomar la inédita decisión de no invitar a los expresidentes de origen liberal Ernesto Samper y Juan Manuel Santos, y quien fuera su amigo y adalid de la derecha colombiana, Álvaro Uribe, amaga con no acudir tampoco a la investidura a raíz de la dura pugna por quedarse con el liderazgo entre los conservadores.
Barranquilla no tendrá un nuevo palacio. Tendrá una sede permanente de Gobierno.
La verdad es clara: no se está construyendo una “Casa Blanca” en el Caribe. Se están adecuando instalaciones ya existentes dentro del Batallón Paraíso, con las condiciones de seguridad, logística y… pic.twitter.com/DtIpvK89Uo
— Abelardo De La Espriella (@ABDELAESPRIELLA) August 3, 2026
La seguridad vira hacia la derecha
La elección de Cali no responde únicamente al descarte de la vecina capital del departamento del Cauca. La ciudad, uno de los principales bastiones de la izquierda en el país, simboliza uno de los grandes desafíos que afrontará el nuevo Gobierno en su empresa por recuperar el control institucional en una zona especialmente castigada por la presencia de los grupos armados ilegales, economías del narcotráfico y problemas de seguridad.
Si durante el Gobierno saliente de de Gustavo Petro la apuesta estuvo marcada por los procesos de diálogo con diferentes grupos armados, la nueva Administración anticipa un giro profundo. Diversos analistas consideran que la celebración de la investidura en el suroccidente colombiano pretende enviar un mensaje moralizante a las Fuerzas Militares y de Policía, en aras de recuperar protagonismo en la lucha contra el narcotráfico y guerrilla del ELN y las disidencias de las FARC.
El nuevo presidente ha insistido durante toda la campaña en que el Estado debe recuperar el monopolio efectivo de la fuerza y garantizar la seguridad en las regiones más afectadas por la violencia. Ese cambio de enfoque constituye una de las principales diferencias con la política de “paz total” impulsada por Petro, que apostó por ampliar las negociaciones con múltiples actores armados.
Enfrentamiento con el uribismo
La transformación que impulsa De la Espriella no se limita al Gobierno. Apenas unas semanas después de imponerse en las urnas con más de 12.9 millones de votos, el Consejo Nacional Electoral (CNE) otorgó personalidad jurídica a Defensores de la Patria, la agrupación de electores con la que construyó su candidatura presidencial si bien consiguió también el aval del ultraderechista Movimiento Salvación Nacional (MSN), cuyos cuatro senadores y un diputado son sus únicos respaldos absolutos en el Parlamento.
La decisión convierte al nuevo presidente en líder de una fuerza política propia con capacidad para competir en futuras elecciones sin depender de alianzas con las formaciones conservadoras tradicionales. El reconocimiento institucional llega después de varios años de crecimiento de un movimiento que comenzó como una plataforma ciudadana durante la crisis venezolana de 2024 y terminó convirtiéndose en la estructura política que impulsó la candidatura presidencial.
La creación de Defensores de la Patria supone también la confirmación de un progresivo distanciamiento respecto al Centro Democrático y al expresidente Uribe. Durante la campaña ambos espacios compartieron buena parte del electorado de centroderecha, pero las diferencias fueron aumentando hasta hacerse visibles tras la victoria electoral.
Uribe llegó a revelar que De la Espriella le había asegurado que no impulsaría un partido político propio. Sin embargo, pocos días después de ganar las elecciones, el nuevo presidente inició formalmente los trámites para convertir su movimiento en una organización con personalidad jurídica. La nueva formación ya cuenta entre sus fundadores con varios dirigentes que ocuparán puestos clave en el Ejecutivo, lo que evidencia que el proyecto presidencial pretende tener continuidad más allá del actual mandato. @mundiario
